La grandeza del perdón
11 septiembre, 2019 Deja un comentario
Los lectores de esta columna recuerdan que fui un crítico persistente y duro de José Francisco Peña Gómez, y durante años muchos de ellos me lo echaron en cara y no dudo que aun algunos todavía me lo tengan en cuenta. Sin embargo, al final de su vida nuestras relaciones cambiaron.
Debió ocurrir cuando vi de cerca una faceta de su personalidad que ya conocían sus seguidores. Nunca lo creí el líder que el país necesitaba para ocupar la presidencia, pero el Peña que llegué a tratar era un hombre afable, de buen corazón, incapaz de sentarse a planificar el daño a un tercero. Su problema era la falta de control emocional que tantas veces exhibía, generando intensas pasiones y temores en los círculos de poder. Allí residía la causa de que medio país le temiera tan fuerte como el resto de la nación lo siguiera y amara.
El muro que nos distanciaba se derrumbó por efecto de una situación ajena a ambos. Unas declaraciones suyas desataron montones de críticas en su contra de sectores de la prensa hasta entonces muy cercanas al PRD. Leer más de esta entrada




