Cuando de tenores se trata

La BBC de Londres reunió a expertos para escoger los 20 mejores tenores de todos los tiempos, lo que desató una controversia por las redes sociales. La elección colocó a Plácido Domingo en el primer lugar. Si bien Domingo reúne todas las condiciones para merecer la distinción, en mi profana creencia no es justo embarcarse en una tarea de esa naturaleza por la sencilla razón de que muchos de los más grandes nunca fueron escuchados por el jurado, como Hipólito Lázaro, Giacomo Lauri Volpi, Miguel Fleta, Enrico Caruso y Giovanni Martinelli.

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La virgen de la Merced

Según historiadores, la virgen de las Mercedes, o de la Merced, protectora de los cautivos y encarcelados, ayudó a los españoles en marzo de 1495 a derrotar a los indígenas que ocupaban esta parte de la isla, cuando las fuerzas de Cristóbal Colón estaban a punto de ser derrotadas. En agradecimiento a tan salvadora intervención, el Descubridor construyó un santuario en su honor en el mismo cerro donde hicieron correr a los aborígenes. Unos 120 años después, en septiembre de 1615, ocurrió un terrible terremoto de grado IX en la escala Mercalli, con réplicas que se extendieron por 40 días, causando enorme destrucción en la ciudad de Santo Domingo, declarándose a la virgen Patrona de la Española. Tras declararse la Independencia en 1844, se la declaró Patrona de la República Dominicana.

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Hablemos de neutralidad

Constantemente, las redes y otros medios, se llenan de toda clase de epítetos incriminando a terceros por no asumir la defensa de lineamientos oficiales, o de otros litorales políticos, bajo la premisa de que la indiferencia o rechazo a ciertas directrices es muestra de obstinada oposición a toda modalidad o señal de cambio político.

Los emplazamientos tendentes a forzar a terceros dentro de lo que esas voces llaman “imparcialidad parcial”, conducen irremisiblemente a la siguiente reflexión: ¿es correcto permanecer neutral, en la situación que hemos atravesado durante décadas? Y recordé la descripción que hace Dante de un lugar de lamentaciones a las puertas del Infierno, reservado para aquellos que no creen en Dios ni se rebelan contra él. Justo el lugar al que deben ir los que permanecen neutrales en momentos o situaciones de crisis.

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De “dominicanos y dominicanas”

En España, el uso del llamado lenguaje de género le ha dado un vuelco a la política. La diputada Irene Montero Gil, del grupo radical Podemos, encendió la mecha. En un acto público hace ya tres años informó acerca de una actividad de su grupo parlamentario con “portavoces y portavozas”. Como toda la comunidad política y los medios españoles entendieron que el dislate fue intencional y no fruto de su ignorancia, la señora Montero fue el centro de una discusión que envuelve todavía a especialistas sobre el buen y correcto uso del idioma español.

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De cumbres y agendas presidenciales

Las agendas presidenciales no son siempre propiedad del mandatario de turno, porque la dignidad que representan trasciende casi siempre su voluntad personal. Se reconoce, sin embargo, que las obligaciones protocolares de quien ejerce tan elevadas funciones, no son una camisa de fuerza a la que deba sentirse obligado en contra de su voluntad, a menos que estén en juego valores fundamentales de la República, como la seguridad nacional y la protección de su Constitución y sus leyes.

La reflexión viene a propósito de la ausencia del presidente Abinader de la cumbre de jefes de Estado del CELAC, celebrada en estos días en México, en la que se revisaron muchos de los acuerdos que le dan vida a ese organismo del que el país es miembro fundador. Si bien se trata de un foro cuyas decisiones no son necesariamente de obligada aplicación, sirve para afianzar las relaciones personales de los mandatarios, un factor de mucha importancia en los propósitos de preservar una buena vecindad hemisférica.

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El valor de las libertades

Como cualquier ciudadano, los periodistas debemos responder por nuestros excesos. Las leyes son muy claras. Y no se le puede objetar a nadie el derecho a la defensa de su honra personal. La condición de periodista no otorga ningún privilegio especial.

Pretenderlo sería irracional. Al igual que en toda actividad comercial, el trabajo en un medio periodístico se enmarca en la relación de empleador y empleado. Negar al primero el derecho de poner fin a esa relación cuando le resulte perjudicial, aun esté regida por un contrato, carece de fundamento.

Ninguna libertad tiene más valor que otra. Defender la de prensa en desmedro de otras libertades, socava las bases del sistema democrático.

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“La suerte está echada”

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

Frecuentemente, los políticos dominicanos se lanzan al Rubicón, pero ese paso imaginario por lo general no intenta cruzarlo sino navegar hasta su desembocadura. Y como este río no se bifurca al llegar al mar, no encuentran ni encontrarán probablemente el delta donde refugiarse, cuando las aguas les lleguen hasta el cuello.

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El exilio de la moderación

He insistido en la necesidad de una amnistía que permita el retorno al país de nuestro único exiliado político: la moderación. Mientras no logremos incorporarla al debate no encontraremos salida a los problemas que nos empantanan como sociedad y alejan así toda posibilidad de acuerdos serios sobre los problemas fundamentales que se esconden detrás del ruido de las discusiones.

Requerimos más que una ley o un decreto para hacer que regrese. El muro virtual erigido con nuestras grandes diferencias hace imposible entender cuánto urge tenerla de vuelta entre nosotros. Sentarse a la mesa para zanjar las diferencias no es un signo de debilidad y mucho menos de claudicación. Mientras no lo comprendamos así, estaremos a expensas de mediadores con sus propias agendas.

De ahí la dificultad en cada intento para alcanzar leyes y acuerdos que resuman el sentir de todos los actores políticos, sumiéndonos en el debate estéril e insustancial de la denuncia y la inutilidad de buscarlas a puertas cerradas, que solo demuestran el alto grado de infantilidad reinante. Por eso, escasean los acuerdos y abundan las componendas.

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