Un serio problema global

El exceso de población, sin duda uno de los más graves problemas actuales, adquiere singular dramatismo en los países en desarrollo. Sus limitadas capacidades de producción y la falta de tecnología dificultan la alimentación adecuada de millones de seres humanos, que subsisten en condiciones extremas de pobreza e indigencia. Las desigualdades sociales se muestran más patéticas y las necesidades más perentorias. Y paradójicamente los problemas demográficos y de escasez de alimentos no figuran en las listas de prioridades del llamado Tercer Mundo, lo que en el caso de muchos países del continente es una cruda y patética realidad.

En las áreas más densamente pobladas este desequilibrio reviste características alarmantes, por lo que están a expensas de una explosión social a menos que se adopten medidas correctivas serias y efectivas. No puede pasarse por alto un hecho: a las tasas actuales de crecimiento demográfico, la población mundial crecerá hasta más de siete mil millones de personas al final de la presente década. Ante cifras tan dramáticas, se requiere de una visión y de una solución conjunta. Leer más de esta entrada

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Bosch y el golpe que lo derrocó

El derrocamiento de Juan Bosch es uno de los episodios más trágicos de nuestra vida republicana. Al hecho siguió una etapa de inestabilidad política, económica y social que provocó casi dos años después un contra golpe militar que degeneró en una revuelta popular y una masiva intervención militar norteamericana. El legado fue una guerra civil con un saldo de cinco mil muertos y una sociedad ahogada en rivalidades políticas ya prácticamente superadas.

Las causas del derrocamiento de Bosch han sido objeto de muchas interpretaciones. El golpe se produjo entre la noche del 24 y la madrugada del 25 de septiembre de 1963, en medio de infructuosas gestiones para convencerlo de echar hacia atrás un decreto de destitución de un influyente militar, el coronel Elías Wessin, que sirvió luego de pretexto para la acción.

Su suerte estaba echada. Pero esa no era la noche fijada para el cuartelazo. Bosch en su obstinación precipitó los acontecimientos que pusieron término a su régimen, apenas siete meses después de haberse juramentado.

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Reflexiones electorales (2 de 2)

Si me decido a votar a nivel municipal y para el Congreso, me dolería de la manera que no nos permite la fragilidad de los derechos ciudadanos y la ley electoral, a menos que alguien me convenza de que vale la pena hacerlo. Como se ha rechazado sumariamente el pedido ciudadano de que se abra un recuadro para permitir el voto de rechazo a las candidaturas con las que los electores no comulguen, no me quedaría más remedio que hacer un ejercicio individual de un derecho conculcado en la práctica electoral. Para reivindicar el derecho que se me niega, tomaría la felpa, dibujaría un recuadro grande en alguna esquina de la boleta y le marcaría una cruz o simplemente escribiría sobre él las palabras “por ninguno”.

La diferencia entre este ejercicio de frustración electoral y la posibilidad de que se instituya esa modalidad del sufragio es que en el primer caso el voto se anula y en el segundo se contabilizaría. De esa forma quedaría establecida la verdadera fidelidad del electorado, la popularidad de los candidatos y la legitimidad real de los más votados, lo que buena parte de nuestros políticos no quisieran descubrir. Leer más de esta entrada

Reflexiones electorales (1 de 2)

Un ejercicio bien complejo es el de tratar de descifrar las razones de algunas candidaturas. Como, por ejemplo, el qué pudo existir hace años en la mente de la dirigencia de un partido al reservar una diputación para premiar la conducta pública de un señor acusado de abuso sexual contra una menor y contra el cual sus colegas en la cámara nada hicieron para sancionar esa violación de la ley. Causa escalofrío pensar que esta agresión contra el buen sentido no llegó a materializarse sólo por el escándalo mediático que ella provocara.

Ni hablar de la espantosa selección de otro diputado reservado para la candidatura a la sindicatura de Santiago, con una deprimente hoja de incumplimiento en sus obligaciones legislativas, a cuyas sesiones no asistía pero sí cobra el salario, con la deplorable explicación del uso de ese dinero en un zoológico privado. Y qué podía pensarse de la nominación de otro legislador vinculado a un tráfico de personas a través de la frontera, delito por el cual cumplió condena en el 2005. Leer más de esta entrada

Los nuevos verdugos de la moral

Tienen sobrada razón quienes lamentan la pobreza del debate y bastaría con lo que usuarios de las redes creadas por partidos y candidatos dicen a diario de las opiniones y posturas de quienes han incluido en sus listas de objetados. Un listado negro, hijo de la peor intolerancia, de viejos adversarios y de quienes incluso gozaron alguna vez de sus afectos y hoy no concuerdan con sus discursos electorales.

Antaño se creía que esa extrema intolerancia provenía únicamente de la esfera oficial. Pero hoy la vemos con absoluto asombro, provenir de iglesias y litorales políticos, donde muchos hasta hace poco beneficiarios de la corrupción, que hoy denuncian con absoluto desprecio de sí mismo, se auto erigen profetas de la redención y de la moralidad pública. Cuán penoso es observar jóvenes líderes de potencial creciente, promesas del relevo generacional que tal vez muy pronto el país demandará, rendidos a la tentación de doblegar la constancia de quienes, en el multicolor escenario de las ideas, ven que no todo es oscuro en el gobierno y en la gente que lo integran, ni todo diáfano en la acera opuesta. Leer más de esta entrada

El oficio de columnista

Fuera Oscar Wilde o José María Vargas Vila quien dijera que es “más fácil esclavizar el alma de un hombre libre que liberar la de un esclavo”, poco importa para los fines de esta entrega, porque la obligación de redactar una columna diaria puede ser una forma benigna de esclavitud de la que no he podido liberarme por dos o tres semanas para irme de vacaciones.

El oficio de columnista no es tan difícil, pero tampoco fácil como parece, especialmente si se hace a diario, como he venido haciendo desde septiembre de 1978, porque se tocan muchos callos y se corre el riesgo de lastimar a gente a quien se quiere y admira. En los 41 años y cuatro meses como columnista he publicado alrededor de 14,000 artículos, la mayoría de ellos críticos del poder y de denuncias sobre malas actuaciones en el sector público y el único mérito que reclamo por el esfuerzo es el no haber incurrido en un desatino que motivara alguna demanda, como ocurre a menudo en nuestro ambiente político y social contra colegas de más talento. Leer más de esta entrada

De mis lectores favoritos

Hay gente fanática que no tolera ideas distintas a las suyas. Pero si los periodistas tenemos el derecho a ejercer la crítica, no podemos negarles a los demás ese derecho. En mi caso había un lector que decía llamarse Radhamés que me regalaba unos soberbios correos electrónicos a una dirección del diario que me hacían llegar desde allí para mi profundo deleite. El personaje era un apasionado de la revolución cubana y un enamorado de Chávez. Sus modales eran los de un auténtico y típico entusiasta de esos dos procesos. En el fondo el tipo no me desagradaba aunque sus mensajes críticos de mis columnas, especialmente cuando me refería a Castro y al coronel, tenían por lo general un tono amenazante.

El último de sus mensajes demostraba la genialidad del tipo. Su habilidad para asociar cualquier tema que uno abordara con los objetos de su fascinación. Se quejaba que el término evacuar, que critiqué en una columna, es de uso correcto en el léxico jurídico, por lo que debo suponer que el tío, como dicen los españoles, es o era también abogado. Y en uno de sus más caritativos comentarios agregaba lo siguiente (le cito): “Tan correcto como cuando se dice que usted (se refiere a mi) evacua sus fétidos artículos contra la limpia hoja política e histórica de las revoluciones cubana y venezolana y sus líderes”, y seguía con otros primores que no me atrevo a reproducir en beneficio suyo. Leer más de esta entrada

Por encima de las diferencias

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

Muchos de mis amigos, con los que mejor me siento, disienten por lo general de mis criterios y no tengo una visión más aburrida de una velada que aquella en las que todos piensen del mismo modo. Pero la terquedad con que en nuestro país se impone la irracionalidad en la discusión de los temas básicos y se convierten en irreconciliables los desacuerdos más insignificantes, me dice que el liderazgo nacional, en todos los estamentos de la sociedad dominicana, se divierte echando gasolina al fuego sólo para ver qué ocurre.

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