La debilidad frente al poder estatal

Nuestra primera prioridad en materia institucional debería estar orientada al fortalecimiento de la posición de los ciudadanos frente al poder estatal. Tenemos otras muchas prioridades, es cierto, pero la experiencia política de las últimas décadas indica que nos hemos empantanado en el esfuerzo por consolidar las instituciones y con ello la democracia, cuya práctica entre nosotros sigue siendo débil y excluyente. Así, con el correr del tiempo, hemos destruido la capacidad de los ciudadanos para controlar de manera eficaz al Estado y a sus organismos represivos.

Lo que no acaba de entender el liderazgo político, tal vez porque no le conviene hacerlo, es que nuestra primera y más importante prioridad en el ámbito institucional se reduce a la necesidad de crear una opinión pública con suficiente peso para controlar un poder estatal que cada vez se proyecta más dominador con efectos embrutecedores de la conciencia cívica de los dominicanos.

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El día que “muera” la minería

En una entrevista radial un profesor universitario casi gritó: ¡Muera la minería! La expresión me golpeó con la fuerza de un huracán y me pregunté qué pasaría si el creciente fundamentalismo ambiental se impusiera y los gobiernos decidieran acabar con la explotación de los recursos naturales para enfrentar los efectos del deterioro del medio ambiente y el calentamiento global del planeta. No es difícil imaginarlo. Sin petróleo, gas natural, zinc, oro, plata, aluminio, cobre, ferroníquel, mercurio y los demás minerales, al cabo de muy poco tiempo, tendríamos que cerrar los puertos y aeropuertos, porque no habrían barcos ni aviones; las industrias, los hospitales, los restaurantes y la construcción de edificios, escuelas y carreteras, ya no serían posibles.

No tendríamos cómo preservar los alimentos, las neveras no funcionarían por falta de electricidad, y no habría forma de llegar temprano al trabajo, si llegaran a quedar empresas, porque el transporte no existiría ¿de qué están hechos los buses y automóviles sino de recursos extraídos del subsuelo?

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Un correo conmovedor

La seguridad social en este país no protege a quien más lo necesita, por lo que urge una reforma sustancial a la ley que la creó a fin de humanizarla y darle el sentido social que realmente no posee. Mi entrega de hoy se refiere a un caso dramático que un lector me relata con palabras que evidencian desesperación y que reproduzco a seguidas:

“Permítame ocupar parte de su tiempo para relatarle un acontecimiento insólito, de los tantos que se suceden a diario en este país, tristemente olvidado de Dios. Mi madre, que recién acaba de cumplir los 75 años de edad (Gracias Dios por ello), y que llevaba unos doce o trece años pagando regularmente un servicio de salud en una de las tantas prestadoras de este servicio, recibió una carta de esa empresa comunicándole que por razones de edad no se le renovaría su contrato. Ante esta eventualidad, mi madre se quedó de buenas a primeras sin un servicio básico y esencial en este nuestro país, como lo es un seguro de salud”.

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Democracia y dictadura: dos polos opuestos

Las dictaduras y los gobiernos autoritarios son más fáciles de sostener que una democracia auténtica. Sólo necesitan valerse de la fuerza y de la intimidación para mantenerse y luego el miedo los hace una costumbre. Esa ha sido la historia siempre. La hemos vivido una y otra vez en esta nación, en la que sus fundadores, los que se entregaron a la causa de la redención del pueblo dominicano, terminaron en el cadalso o murieron en medio de una pobreza atroz en el exilio, olvidados de aquellos que habían contraído con ellos una deuda de gratitud impagable.

La democracia, en cambio, requiere de una construcción basada en la tolerancia y la paciencia. No se edifica de un tirón como las dictaduras. Es una cultura. Los gobernantes democráticos están obligados por las constituciones y las leyes y están moral y legalmente forzados a respetarlas y hacerlas cumplir, por encima de sus simpatías y compromisos personales o de logias.

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Un muro fronterizo de oportunidades

La falta de oportunidades en la zona fronteriza ha provocado una migración de sus pobladores hacia el centro y la parte oriental del territorio nacional de una intensidad no similar a la inmigración haitiana hacia esta parte de la isla, pero sí tan perjudicial como ésta a los esfuerzos por defender nuestra integridad territorial. El abandono por décadas de esas provincias es, probablemente, la causa de la debilidad que ha permitido una inmigración ilegal frente a la cual no ha habido resistencia real alguna.

Por eso he venido sosteniendo que el muro más sólido que podríamos construir para detener el éxodo masivo haitiano hacia suelo dominicano, sería una muralla de oportunidades, que estimule el regreso de los que se han movido de allí a causa de la falta de empleo y de futuro. No sugiero que una verja a lo largo de la frontera no sea necesaria para contener la avalancha ilegal haitiana. Pero sí es evidente que un muro físico, como el que se propone, no sería suficiente.

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¿Qué más quieren?

Un vehículo de lujo todo terreno ( yipeta, como aquí se le conoce) cuesta en las casas concesionarias entre 75 y 150 mil dólares, pagando todos los impuestos.

Exonerado, privilegio exclusivo de senadores y diputados, se obtiene por aproximadamente la mitad de esa suma. En las ferias de autos que auspician los bancos principales se adquieren a plazo pagando mensualidades y con un pago inicial de entre un 15 y un 20 % del valor del vehículo. ¿Para qué entonces necesitan nuestros honorables legisladores una exoneración abierta si la generosidad del gobierno les garantiza la posibilidad de importar, libre de impuestos, un vehículo sin límites, con lo que podrían adquirir el más lujoso de los modelos más caros del mundo?

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La Iglesia de Francisco

La ingente actividad protocolar del papa Francisco y sus críticas a la riqueza de la Iglesia que lidera, ha vuelto a centrar la atención de los católicos en el compromiso que ella reclama en la lucha contra la pobreza y la discriminación a nivel mundial.

El tema ha sido objeto de debates acalorados dentro y fuera de la Iglesia. En su libro “El Pontífice: un asesino para tres papas”, Gordon Thomas y Max Gordon-Witts relatan que tras la muerte de Pablo VI, a comienzos de agosto de 1978, mientras esperaban por la elección del nuevo custodio de las llaves de San Pedro, las turbamultas reunidas en las plazas de Roma y el Vaticano, mostraban letreros con una rogativa: “¡Escoged un Papa católico!”

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Un octavo pecado capital

Tomás de Aquino definió los pecados capitales como aquellos vicios “a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”. De acuerdo con la literatura católica son siete: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Se le llaman capitales no tanto en razón de su gravedad, sino porque cualquiera de ellos puede originar otros males o pecados condenados por la moral cristiana. Cuentan que una vez se dio a elegir a un príncipe de la Iglesia entre los siete y escogió el segundo, la gula, caracterizada por la glotonería, el excesivo consumo de comida y alcohol, creyendo que era el menor. Así tentando al demonio asociado, Belcebú, se emborrachó y cometió los otros seis.

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