Reflexiones electorales (2 de 2)

Si me decido a votar a nivel municipal y para el Congreso, me dolería de la manera que no nos permite la fragilidad de los derechos ciudadanos y la ley electoral, a menos que alguien me convenza de que vale la pena hacerlo. Como se ha rechazado sumariamente el pedido ciudadano de que se abra un recuadro para permitir el voto de rechazo a las candidaturas con las que los electores no comulguen, no me quedaría más remedio que hacer un ejercicio individual de un derecho conculcado en la práctica electoral. Para reivindicar el derecho que se me niega, tomaría la felpa, dibujaría un recuadro grande en alguna esquina de la boleta y le marcaría una cruz o simplemente escribiría sobre él las palabras “por ninguno”.

La diferencia entre este ejercicio de frustración electoral y la posibilidad de que se instituya esa modalidad del sufragio es que en el primer caso el voto se anula y en el segundo se contabilizaría. De esa forma quedaría establecida la verdadera fidelidad del electorado, la popularidad de los candidatos y la legitimidad real de los más votados, lo que buena parte de nuestros políticos no quisieran descubrir. Leer más de esta entrada

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Reflexiones electorales (1 de 2)

Un ejercicio bien complejo es el de tratar de descifrar las razones de algunas candidaturas. Como, por ejemplo, el qué pudo existir hace años en la mente de la dirigencia de un partido al reservar una diputación para premiar la conducta pública de un señor acusado de abuso sexual contra una menor y contra el cual sus colegas en la cámara nada hicieron para sancionar esa violación de la ley. Causa escalofrío pensar que esta agresión contra el buen sentido no llegó a materializarse sólo por el escándalo mediático que ella provocara.

Ni hablar de la espantosa selección de otro diputado reservado para la candidatura a la sindicatura de Santiago, con una deprimente hoja de incumplimiento en sus obligaciones legislativas, a cuyas sesiones no asistía pero sí cobra el salario, con la deplorable explicación del uso de ese dinero en un zoológico privado. Y qué podía pensarse de la nominación de otro legislador vinculado a un tráfico de personas a través de la frontera, delito por el cual cumplió condena en el 2005. Leer más de esta entrada

Los nuevos verdugos de la moral

Tienen sobrada razón quienes lamentan la pobreza del debate y bastaría con lo que usuarios de las redes creadas por partidos y candidatos dicen a diario de las opiniones y posturas de quienes han incluido en sus listas de objetados. Un listado negro, hijo de la peor intolerancia, de viejos adversarios y de quienes incluso gozaron alguna vez de sus afectos y hoy no concuerdan con sus discursos electorales.

Antaño se creía que esa extrema intolerancia provenía únicamente de la esfera oficial. Pero hoy la vemos con absoluto asombro, provenir de iglesias y litorales políticos, donde muchos hasta hace poco beneficiarios de la corrupción, que hoy denuncian con absoluto desprecio de sí mismo, se auto erigen profetas de la redención y de la moralidad pública. Cuán penoso es observar jóvenes líderes de potencial creciente, promesas del relevo generacional que tal vez muy pronto el país demandará, rendidos a la tentación de doblegar la constancia de quienes, en el multicolor escenario de las ideas, ven que no todo es oscuro en el gobierno y en la gente que lo integran, ni todo diáfano en la acera opuesta. Leer más de esta entrada

El oficio de columnista

Fuera Oscar Wilde o José María Vargas Vila quien dijera que es “más fácil esclavizar el alma de un hombre libre que liberar la de un esclavo”, poco importa para los fines de esta entrega, porque la obligación de redactar una columna diaria puede ser una forma benigna de esclavitud de la que no he podido liberarme por dos o tres semanas para irme de vacaciones.

El oficio de columnista no es tan difícil, pero tampoco fácil como parece, especialmente si se hace a diario, como he venido haciendo desde septiembre de 1978, porque se tocan muchos callos y se corre el riesgo de lastimar a gente a quien se quiere y admira. En los 41 años y cuatro meses como columnista he publicado alrededor de 14,000 artículos, la mayoría de ellos críticos del poder y de denuncias sobre malas actuaciones en el sector público y el único mérito que reclamo por el esfuerzo es el no haber incurrido en un desatino que motivara alguna demanda, como ocurre a menudo en nuestro ambiente político y social contra colegas de más talento. Leer más de esta entrada

De mis lectores favoritos

Hay gente fanática que no tolera ideas distintas a las suyas. Pero si los periodistas tenemos el derecho a ejercer la crítica, no podemos negarles a los demás ese derecho. En mi caso había un lector que decía llamarse Radhamés que me regalaba unos soberbios correos electrónicos a una dirección del diario que me hacían llegar desde allí para mi profundo deleite. El personaje era un apasionado de la revolución cubana y un enamorado de Chávez. Sus modales eran los de un auténtico y típico entusiasta de esos dos procesos. En el fondo el tipo no me desagradaba aunque sus mensajes críticos de mis columnas, especialmente cuando me refería a Castro y al coronel, tenían por lo general un tono amenazante.

El último de sus mensajes demostraba la genialidad del tipo. Su habilidad para asociar cualquier tema que uno abordara con los objetos de su fascinación. Se quejaba que el término evacuar, que critiqué en una columna, es de uso correcto en el léxico jurídico, por lo que debo suponer que el tío, como dicen los españoles, es o era también abogado. Y en uno de sus más caritativos comentarios agregaba lo siguiente (le cito): “Tan correcto como cuando se dice que usted (se refiere a mi) evacua sus fétidos artículos contra la limpia hoja política e histórica de las revoluciones cubana y venezolana y sus líderes”, y seguía con otros primores que no me atrevo a reproducir en beneficio suyo. Leer más de esta entrada

Por encima de las diferencias

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

Muchos de mis amigos, con los que mejor me siento, disienten por lo general de mis criterios y no tengo una visión más aburrida de una velada que aquella en las que todos piensen del mismo modo. Pero la terquedad con que en nuestro país se impone la irracionalidad en la discusión de los temas básicos y se convierten en irreconciliables los desacuerdos más insignificantes, me dice que el liderazgo nacional, en todos los estamentos de la sociedad dominicana, se divierte echando gasolina al fuego sólo para ver qué ocurre.

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¡Perdónalos Señor!

A Lenin se atribuye haber dicho que el comerciante “vende la soga con la cual después se le ahorcaría”. La frase es a propósito de declaraciones publicadas en la prensa de comerciantes quejándose de las ventas en el periodo navideño. Cuando leí el lamento exclamé: ¡Perdónalos señor!”, porque las calles de la ciudad estaban imposibles con el aumento sin precedentes del tránsito e interminables tapones de gente saliendo y entrando a los centros comerciales.

“¡Perdónales Señor!”, volví a decirme, porque en las tiendas abarrotadas de gente disputándose mercancías apenas se podía caminar y las largas filas ante las cajas duraban fastidiosas horas, desde muy temprano en la mañana hasta tarde en la noche, los siete días de la semana, especialmente en los supermercados y otros negocios de alimentos y bebidas, e incluso de baratijas y de regalos. “¡Perdónalos Señor!”, porque nunca se habían vendido tantos vehículos de motor en las ferias financiadas por los bancos en los últimos tres meses y no había que joder tanto, excúsenme por favor el término, para conseguir reservación de mesa en un buen restaurante o de un salón de hotel para una fiesta navideña, fuera de semana laboral o fin de semana. Leer más de esta entrada

Para comenzar el año

No hay ni habrá gobiernos enteramente buenos como tampoco totalmente malos. Por tal razón las acciones gubernamentales deberían ser juzgadas por su valor, por lo que representan en sí mismas para el bien común. Es un error desestimar, por ejemplo, políticas educativas o en el ámbito de la salud que tiendan a solucionar problemas ancestrales en ambas áreas sólo porque no me agrada el gobierno o simplemente porque el éxito de la administración pudiera afectar las posibilidades del partido en que milito. El éxito de una administración sienta las bases del éxito del gobierno que lo reemplace. Aunque hablo de una situación ideal, se supone que esa es precisamente la meta que perseguimos.

Ha llamado la atención en las redes mi endoso a la campaña educativa de la Presidencia y del Ministerio de Obras Públicas para prevenir los accidentes de tránsito y reducir así las muertes por esa causa. Las estadísticas nos indican que las muertes en carreteras y calles de nuestras ciudades por el manejo imprudente superan las de por enfermedades cardiovasculares y otras causas. Mi esposa y yo pudimos haber muertos en febrero del 2014 en un accidente aparatoso cuando fuimos embestidos por detrás por un vehículo conducido a una velocidad espantosa. Muchos otros no han tenido la misma suerte. Leer más de esta entrada