¡No, no tengo ganador…, fanáticos!

Un ya lejano sábado en la mañana presencié lo que parecía una impresionante y escalofriante carrera de autobuses en el tramo comprendido entre la estación del peaje y el elevado de Boca Chica. Los dos gigantescos vehículos de compañías privadas que controlan la ruta, atestados de pasajeros, lucían empeñados en una competencia cerrada por llegar primero. Debían correr a no menos de 130 kilómetros por hora, una estimación basada en la velocidad en que se movía el mío que no pudo darles alcance. Me imaginé el semblante de los pasajeros; pétreos los rostros, secos y temblorosos los labios; manos sudorosas de piadosas señoras haciendo la señal de la cruz, implorando con la mudez del miedo al Altísimo por sus vidas.

La aparente competencia se intensificó al pasar frente a la universidad tecnológica, cruzando ambos de un carril al otro en un festival de frenesí. Me resistí a dar crédito a lo que vieron mis ojos cuando los dos vehículos subieron al primero de los elevados. El delantero se puso en medio de los carriles con la aparente deliberada intención de evitar que el otro le pasara. Las partes superiores de los autobuses oscilaban, como si fueran a inclinarse de un lado a otro de la pista. Leer más de esta entrada

El mito de la seguridad social

La seguridad social en este país no protege a quién más lo necesita, por lo que urge una reforma sustancial a la ley que la creó a fin de humanizarla y darle el sentido social que realmente no posee. Mi entrega de hoy se refiere a un caso dramático que un lector me relató hace ya un tiempo con palabras que evidenciaban desesperación y que reproduzco a seguidas:

“Permítame ocupar parte de su tiempo para relatarle un acontecimiento insólito, de los tantos que se suceden a diario en este país, tristemente olvidado de Dios. Mi madre que recién acaba de cumplir los 75 años de edad (Gracias Dios por ello), y que llevaba unos doce o trece años pagando regularmente un servicio de salud en una de las tantas prestadoras de este servicio, recibió una carta de esa empresa comunicándole que por razones de edad no se le renovaría su contrato. Ante esta eventualidad, mi madre se quedó de buenas a primeras sin un servicio básico y esencial en este nuestro país, como lo es un seguro de salud”. Leer más de esta entrada

Nostalgias de adolescencia

Al pensar en los que fueron mis años de infancia y adolescencia, en esta etapa de la vida siento que una de mis mayores pasiones ha sido siempre la música. Recreo aquellos lejanos tiempos de escasez, cuando el miedo a la tiranía normaba la vida familiar, en aquella pequeña y modesta casa de la calle Fabio Fiallo, entonces Benefactor, en las que tendido sin camisa en el piso para amortiguar el calor, solía quedar maravillado escuchando a los grandes compositores clásicos. Fue tal vez el concierto número uno para violín de Paganini o Introducción y Rondó Caprichoso de Saint Saënz interpretados por el francés Zino Francescatti, en el programa que transmitía todas las tarde HIZ, lo que produjo esos primeros escalofríos, que se sienten en la espalda, y de cuyo recuerdo nunca me he podido liberar.

No tengo claro si fue él u otros grandes violinistas como Yehudi Menuhin, Isaac Stern, Jascha Heifetz y Giddon Kremer, todos judíos, cuyas interpretaciones solían oírse a diario por esa emisora, puedan ser los responsables de esa primera frustración personal de no poder valerme de ese instrumento milagroso. En aquellos tiempos se requería de muchos recursos para estudiar música y aunque el conservatorio me quedaba al otro lado del Parque Hostos, entonces Ramfis, intentarlo era fastidioso. Se pasaba uno horas enteras en el libro de solfeo, marcando el compás y cantando las notas, sin salirse durante meses de la clave de Sol, sin llegar a las demás, y sin tener contacto con el instrumento.

Cuando por fin pusieron uno en mis manos, era una viola, y el sonido al pasar el arco me resultó desgarrador, porque no poseía alma, el diminuto pedazo de madera interior que le da vida y sentido al instrumento. Y todos comprendemos en algún momento de la vida que en el alma está el sentimiento y sin ella no puede haber buena música. Ese día me olvidé del conservatorio.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Las viejas salas de redacción

Las redacciones de los periódicos no son siempre escuelas de aburrimiento. A excepción de los bajos salarios, allí se pasan buenos momentos. En el periodismo manual en que me desarrollé, en que se escribía en máquinas mecánicas y se usaban bolígrafos para corregir los originales, se gozaba un mundo. En el centro de la herradura que fungía como mesa de redacción, en mi condición de jefe de corrección de estilo y subjefe de redacción de El Caribe, por mis manos pasaron cuantas cosas las alas de la imaginación de los corresponsales de pueblo eran capaces de crear.

Recuerdo aquel reporte policial que hablaba de un crimen salvaje en la que un hombre había asestado a otro quince puñaladas y que según la Policía “afortunadamente sólo tres eran mortales”.

En una boda en un pueblo del Cibao, la alegría propia del festejo terminó con un pleito a sillazos en la que “las mesas y las sillas volaban raudas como mariposas en el cielo azul de la sala”. Luego supe que el buen señor que hacía de corresponsal había terminado como poeta. Leer más de esta entrada

El peso de la leyenda negra

Hay toda una leyenda negra sobre la industria azucarera estatal asociada al uso de mano de obra haitiana en el corte y tiro de la caña. Por años, se la ha asociado al incremento de la inmigración ilegal, bajo el supuesto de que es necesaria para la supervivencia de la industria, creyéndosela principal beneficiaria de ese éxodo humano. La verdad es que ni siquiera lo fue en la década de los setenta del siglo pasado, cuando el Estado era primer productor y exportador de azúcar, y la industria generaba la tercera parte de los ingresos de divisas. Incluso ya entonces la mayoría de la inmigración haitiana se asentaba en otras faenas agrícolas, como la siembra y recolección de arroz y el cuidado de otros cultivos intensivos.

Es cierto que la industria estatal creció en base al empleo de esa mano de obra barata. Pero curiosamente ahí estuvo en parte su propio derrumbe, porque no aprovechó los periodos cíclicos de buenos precios ni su ventajoso acceso al mercado preferencial de Estados Unidos para renovarse y mecanizar las tareas agrícolas, como hicieron con éxito y a tiempo los productores privados. Leer más de esta entrada

Del periodismo del más allá

Una de las herencias trágicas del autoritarismo propio de nuestra historia, y que aún se expresa en amplias esferas de la vida social, es la de aceptar cuanto se nos diga sin cuestionamiento alguno y propalarlo. Ni en el aula es común formular preguntas y esa modalidad de aprendizaje se ha exportado a ciertas formas de periodismo.
En julio del 2016, por ejemplo, recibió un tratamiento mediático especial la “revelación” hecha por el vocero de una muy activa ONG relacionada con el cambio climático, de que la visita esos días del canciller de Brasil al presidente Danilo Medina tuvo como propósito prevenirle acerca de una investigación del Ministerio Público de la nación suramericana en la que la figura presidencial se vería asociada a una trama vinculada a una empresa brasileña acusada allí de tráfico de influencias, sobornos y sobrevaluación.

La fantástica “revelación” fue hecha en una entrevista radial, reseñada en diarios digitales y tradicionales, lo que confirma la vieja práctica llevada de contrabando al periodismo, sin que nadie ose indagar lo fundamental, que en ese caso sería obviamente la procedencia de la información. Leer más de esta entrada

Los retos del presidente Abinader: Cárcel para Danilo Medina

*Por Jesús Arias Parra

Las  autoridades que asumirán la dirección del Estado el próximo 16 de agosto deberán, inmediatamente, adoptar medidas encaminadas a frenar la propagación del COVID-19, mantener la estabilidad macroeconómica, evitando un aumento de la tasa del dólar y de la inflación, incentivar la producción y generación de empleos, asistiendo directamente a las Mipymes, a fin de recuperar la confianza de los sectores productivos y del consumidor.

El nuevo gobierno debería, además, diligenciar el otorgamiento de recursos en organismos crediticios internacionales, así como renegociar una extensión o procurar una moratoria en el pago de la deuda externa para reactivar la economía impulsando el turismo y otros sectores económicos, y eliminar el déficit fiscal. Leer más de esta entrada

A propósito de clientelismo

Para que se tenga una idea de nuestra práctica política clientelar sería suficiente señalar el ejemplo de Francia. El país galo es la segunda economía de la comunidad europea, después de Alemania, es miembro del llamado Grupo de los Siete, que reúne a las naciones más desarrolladas del mundo, y posee su propio arsenal nuclear. Lo habitan más de 66 millones de personas, y su extensión territorial es de 674,843 kilómetros cuadrados, seis veces la población dominicana y catorce veces la superficie nacional.

En ese país, cuna de ilustres pensadores y artistas, el tope del gasto en campaña era pocos años atrás, según cifras disponibles, 22 millones de euros, unos 25 millones de dólares, equivalentes a unos 1,087 millones de pesos dominicanos, mucho menos de lo que los 32 senadores de esta economía caribeña se engullen en menos de cuatro años en barrilitos y bonos con motivo de la navidad, los Reyes, el día de las Madres y otras celebraciones en las que la voracidad de nuestros honorables legisladores hacen cada año su agosto, sin contar, por supuesto, los añadidos que a esa fiesta permanente del desorden, la falta de transparencia y el irrespeto a la legalidad representan, en probablemente mayor proporción los 190 y tantos diputados de la hipertrofiada Cámara Baja. Leer más de esta entrada