Cámpora y continuismo peronista

Las elecciones del 2019 devolvieron en Argentina el poder al kirchnerismo peronista, a pesar del triste legado del Partido Justicialista del dictador Juan Domingo Perón. Y plantearon, además, la posibilidad, ya prácticamente imposible,de con que el presidente Alberto Fernández, se repitiera el fenómeno Cámpora, para entregarle nuevamente la presidencia a Cristina Fernández, electa vicepresidenta después de dos mandatos presidenciales mientras se defendía de un extenso expediente de corrupción.

Héctor José Cámpora fue un destacado odontólogo y fiel peronista que el dictador designó desde su exilio en España como su delegado, ante la prohibición que le impedía regresar a Argentina. Cámpora había sido presidente de los diputados y vicepresidente de la convención que aprobó la Constitución de 1949, que otorgó plenos poderes a Perón. Con el golpe de militar de 1955 que derrocó a su jefe fue encarcelado, pero logró fugarse a Chile.

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“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales y en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español, de “Romeo y Julieta”, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuletos. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto y ambos se confiesan su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia, lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias, lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos.

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El peor modelo de comunicación exitoso

Por las redes, en periódicos escritos y digitales y frecuentemente en programas de radio y televisión se lee y escucha a cualquiera llamar ladrón o corrupto a políticos, empresarios e incluso a periodistas, sin prueba alguna. La práctica se hace más extensiva cada día y parece encaminada a convertirse en un modelo exitoso de periodismo; el que la descomposición social que sufre el país necesita, dirían sus defensores.

Es cierto que hay mucha corrupción pero esta no es cosa nueva en la historia nacional. Como también es verdad que la protección legal que la cuida es parte del quehacer político y empresarial desde la misma fundación de la república. Es importante para la salud de la nación que la sociedad se empodere y presione a favor de acciones severas contra ese terrible flagelo. Lo que no es cierto es que todos los funcionarios, políticos y empresarios sean ladrones y corruptos. Y no establecer la diferencia cuando se aborda el tema de la corrupción es una terrible injusticia contra todos aquellos que ejercen con dignidad una función pública o un negocio legítimo.

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La condición que no requiere aprendizaje

Hay una pregunta que a cierta edad, cuando los años comienzan a hacer sus efectos, que todos de alguna forma nos hacemos, sin que podamos encontrar respuesta: ¿Por qué se quiere tanto a los nietos?

¿Será porque llegan cuando se siente próxima la inexorable fase de la existencia en que todo empieza a alejarse de nuestro lado? ¿Cuando algunos no sienten el calor del beso de sus hijos cuando los ven? ¿O será que la soledad del nido vacío entristece y nos hace creer que algo nos falló? ¿Acaso se deba a ese extraño sentimiento que muchos descubren al anochecer cuando ya no escuchan el sonido de más pasos en el hogar? ¿O será que los hijos de tus hijos hacen experimentar la enorme sensación de verse prolongado en la cara de un bebé, cuando grita porque tiene hambre o sonríe al calor de un abrazo o de una caricia tierna?

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El sentido real de la democracia

Aunque cueste admitirlo, la generalidad de los dominicanos no tiene idea del alcance real de una democracia y cómo esta funciona. Incluso gran parte del liderazgo político y probablemente muchos de los responsables de aprobar las leyes que la posibilitan, caen dentro del marco de esa realidad. El caso es que un sistema democrático no se crea mediante un decreto o por la voluntad de los gobernantes. Se pueden aprobar cuantas leyes y constituciones la garanticen y no será suficiente si no existe una vocación ciudadana que la haga operativa.

La democracia es el fruto de una tradición de respeto a las leyes, por gobernantes y gobernados, y de un reconocimiento de los derechos ciudadanos formado y fortalecido con la práctica de muchos años. Con el tiempo se forma la tradición de tolerancia que permite que funcione en todas las esferas de la vida nacional. Eso significa un amplio sentido del estado de derecho y las libertades públicas. No bastan los códigos si no hay jueces y fiscales que garanticen su aplicación y solo entonces habría una buena y justa administración de justicia.

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La causa que nos impide avanzar

En la tradición política dominicana, nada que haga un gobierno encuentra apoyo en la oposición. Esa característica peculiar de nuestro accionar político se da incluso en los temas en que teóricamente hay coincidencia de pareceres. La sufre ahora el gobierno de Abinader y sucedía igual cuando Abinader era candidato de oposición.

Se ha escuchado decir a todo aquél que hace vida política partidaria que la educación es la clave del futuro, la magia liberadora de la esclavitud proveniente de la ignorancia y el analfabetismo. Lo mismo ocurre con la salud pública, el medio ambiente, el transporte, los servicios públicos y cuantas cosas influyen en la vida diaria de este país. Bastaría una simple revisión de las propuestas electorales, las actuales y las del pasado, para comprobar cuán similares son y han sido las de unos y las de los otros, sin que en la práctica se haya dado un concierto de voluntades para hacerlas realidad y sentar así las bases del bienestar real al que todos, por igual, tenemos derecho sin importar afiliaciones y creencias.

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Hablemos del tránsito

El éxito de las políticas gubernamentales no depende sólo de quien las pone en práctica, sino de quienes están obligados a cumplirlas. Nuestra tradición indica la resistencia de los ciudadanos a valorar las acciones y programas que muchas veces se conciben para mejorar su calidad de vida estableciendo niveles de organización indispensables al buen funcionamiento de una ciudad o del país.

Pongamos, por ejemplo, el tránsito. Todos sabemos que se trata de uno de los más serios problemas que hoy, y desde hace décadas enfrentamos y no precisamente por falta de voluntad de las autoridades. Los dominicanos dejamos ver el primitivismo que todo ser humano lleva dentro cuando estamos al frente de un volante. Si se hiciera obligatorio un examen riguroso a todos aquellos que ya tenemos licencia de conducir, incluido el de naturaleza sicológica requerido para una licencia de arma de fuego, probablemente una buena parte la perdería. Y no porque desconozcan la forma de conducir e incluso las señales de tránsito, sino por la conducta que exhiben cuando conducen, volando semáforos, estacionándose en sitios prohibidos, copando las intersecciones y subiéndose a las aceras.

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Cuando todo parece perdido

En la madrugada del 25 de septiembre de 1963, horas después del golpe de Estado, el entonces secretario de Finanzas, Jacobo Majluta, visitó al depuesto presidente Juan Bosch quien se encontraba detenido en su despacho del Palacio Nacional. Majluta, de 27 años, nunca olvidaría la reacción de Bosch, según me confesara en las varias entrevistas que sostuve con él durante la investigación para mi libro sobre el golpe.

Al cambiarse de prisa, Majluta se había puesto chaqueta, pero no llevaba corbata. Bosch le dijo al apretarle la diestra:

“¿Por qué no tienes corbata?” “Porque ya estamos tumbados”. “Cuando un hombre cae debe tener su mejor traje puesto”, le dijo Bosch, que vestía un traje oscuro, de muy buen corte, con el que había asistido la noche anterior a la recepción en honor al vicealmirante Ferrall (de Estados Unidos, de visita en el país).

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