Un diálogo para sordos

Ante la acogida en el extranjero de algunas de mis obras, periodistas de Puerto Rico, Miami y Nueva York me han preguntado si la democracia, como la conocemos, podrá sobrevivir a las prácticas que se describen en muchas de ellas y que siguen siendo modelos del quehacer político. Con profundo desaliento les he respondido que ante la imposibilidad de que la actual generación del liderazgo nacional se corrija a sí misma o se eche a un lado, dado el control que ella tiene sobre el aparato estatal, el ambiente seguirá deteriorándose a menos que una nueva generación de relevo empuje lo suficiente para promover las transformaciones hacia una real práctica democrática.

La ausencia de un relevo generacional podría dar paso a un nuevo modelo de paternalismo que cautivará a las masas, como ya hemos visto en otros países, y reducirá el marco en que se mueven los valores esenciales de una democracia, como las libertades ciudadanas, la prensa crítica y la libre empresa.

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Graves efectos de inmigración ilegal

A propósito de los diferentes planteamientos que se escuchan sobre el tema migratorio, la tentativa de reducir el problema haitiano a una simple cuestión de derechos humanos o de discriminación racial, obvia uno de sus aspectos fundamentales. Me refiero al fortísimo impacto económico y social que el flujo creciente e incontrolable de esa inmigración ilegal causa al país, especialmente en estos tiempos de virus y de campaña política.

Y es que por mucho que se trate de ignorar existe real e incuestionablemente desde una óptica nacional lo que podría considerarse como un problema, cuya solución debe ser enfocada sin prejuicios ni acusaciones de xenofobia. No se trata de un problema de carácter esencialmente racial ni mucho menos fruto de un resentimiento histórico, como en algunas esferas políticas y académicas se pretende.

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De portavoces y “portavozas”

En España, el uso del llamado lenguaje de género le ha dado un vuelco a la política. La diputada Irene Montero Gil, del grupo radical Podemos, encendió hace seis años la mecha. En un acto público informó en febrero del 2018 acerca de una actividad de su grupo parlamentario con “portavoces y portavozas”. Como toda la comunidad política y los medios españoles entienden que el dislate fue intencional y no fruto de su ignorancia, la señora Montero se convirtió en el centro de una discusión que envuelve a especialistas sobre el buen y correcto uso del idioma español.

El tema no solo involucra a las feministas españolas. Por temor a calificativos como el de “machista”, el peor que hoy puede atribuirse a un político o a cualquier figura de prestigio a a nivel mundial, en nuestro país, por ejemplo, ya es usual que en todo discurso o pronunciamiento público se hable de “dominicanos y dominicanas”. Ya hemos leído sobre “hablantes y hablantas” y una acreditada universidad española, la de Navarra, editó en el 2016 un calendario dándole nombres femeninos a los meses del año (enera, febrera, marza, abrila, maya, junia, julia, agosta, septiembre, octubra, noviembra y diciembra), y no se trata de una broma.

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El paraíso en el que vivimos

Vivimos en el paraíso, se dice en los ambientes oficiales para resaltar la opinión del Gobierno sobre la situación del país. La percepción no es del todo incorrecta. Si nos atenemos a la versión bíblica del paraíso terrenal donde Dios envío a Adán, el primer ser de la creación concebido a su imagen y semejanza, y a su compañera Eva, la visión oficial se acerca mucho a la realidad que confrontamos.

En aquel paraíso, por ejemplo, no había electricidad ni acueductos. La forma en que aquí funcionan las redes eléctricas, las escuelas y hospitales equivaldría a su no existencia, tal como era en aquel predio en que la humanidad dio sus primeros pasos. El parecido sería mayor si se observa que muchos dominicanos tienen dificultades para conseguir techo, como sucedía con aquella pareja bíblica inolvidable, forzada por mandato divino a vivir en la intemperie. En el paraíso los alimentos escaseaban, al punto que Adán no pudo resistir la tentación y a falta de opciones, en un momento de obvia desesperación, mordió la manzana envenenada, lo que a menudo sucede con infinidad de compatriotas cuya dieta no reúne condiciones aceptables de calorías y proteínas.

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El fraude de encuestas extemporáneas

No creo que haya muchos dominicanos que tomen en serio las encuestas que algunos líderes políticos usan para inducir el voto de los indecisos y los incautos, alterar la percepción sobre las inclinaciones y afectos del público y aprovechar la ingenuidad de los lectores para hacer buenos negocios o posicionarse de sopetón en áreas que demandan años de servicios. Más o menos con esta introducción un profesional de la conducta humana de ganado prestigio en la sociedad, especialista también en investigación de mercado, me mostró la forma de manipular los sentimientos de un conglomerado, con encuestas basadas en preguntas que inducen respuestas en uno o dos sentidos.

Para llegar a esta conclusión preparó un cuestionario de tres preguntas y encuestó a 100 personas del segmento C, es decir residentes en barrios de bajos ingresos. En la primera se preguntaba quién era el mejor jugador del baloncesto de la NBA, Calvin Klein o Hugo Boss. Sesenta dijeron que Klein, 22 Boss, 11 no sabían y siete que ninguno. La segunda preguntaba cuál de las orquestas extranjeras de salsa prefería, si a Los Salseros del Más Allá o la Tropical Band. El resultado fue el siguiente: los del Más Allá 35, la otra 47. Los restantes se inclinaron por cualquiera otra que fuera dominicana.

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La imagen cruda de nuestra pobreza

En el traspatio de una destartalada vivienda de la parte alta de Santo Domingo, que apenas se sostiene, veinte familias se las arreglan para subsistir en aquel ambiente miserable sin posibilidad alguna. Una famélica mujer hace su décimo recorrido del día cargando una vieja lata con agua desde una llave pública varias cuadras más arriba, donde una extraña procesión espera su turno en calma.

De un extremo a otro de la geografía nacional estas escenas se repiten constantemente, día y noche.

Son reflejos de uno de los más graves problemas de la pobreza nacional: la aglomeración de seres sin recursos en nuestras ciudades, indefensas ante el reto terrible de la superpoblación y la carencia de recursos y oportunidades que afecta y humilla a una dramática mayoría de la población dominicana.

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¿Qué sociedad realmente queremos?

Cada día me pregunto: ¿Qué clase de sociedad queremos realmente los dominicanos y cuánto estaríamos dispuestos a dar o sacrificar para alcanzarla? ¿Una uniforme alrededor de una verdad oficial o aquella en donde los ciudadanos puedan manifestarse libremente sobre cualquier tema sin temor a represalias de ninguna naturaleza? ¿Están realmente las libertades ciudadanas libres de un retroceso? ¿Hasta qué punto los niveles crecientes de desigualdad social y la corrupción que domina la escena política pueden aniquilar nuestros avances aún débiles en materia de respeto a los derechos humanos?

Con este párrafo inicial explicaba en el 2012 la esencia y el propósito de la publicación de mi libro “La herencia trágica del populismo” y el tiempo transcurrido no le resta vigencia alguna.

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La actividad empresarial

Son pocas las actividades o instituciones a los que no se les dedique un día del año. Así, en adición a la celebración del Año Nuevo, la Navidad, Acción de Gracias (¿?), se añaden el de los enamorados, el jueves de Corpus, la crucifixión de Cristo, la Constitución, los maestros, los agrónomos, las madres, los padres, los ciegos, los sordomudos, los santos difuntos, los periodistas (¡vaya usted a ver!), la virgen de la Altagracia, la de la Merced, el del árbol, el medio ambiente, los emprendedores y un listado más extenso que llenaría el breve espacio reservado a esta columna.

Pero si hay una actividad que merezca seriamente de un reconocimiento de la nación es, sin duda, la empresarial, la que muchas veces ponemos en alto riesgo con medidas y exigencias laborales que hacen de la más productiva de todas las gestiones en el ámbito económico una iniciativa de valientes verdaderos. Si hoy, a despecho de las adversidades que la república ha encarado, ocupamos un lugar de liderazgo indiscutible en el Caribe y Centroamérica, es el resultado del empeño de generaciones de hombres y mujeres que han aceptado el desafío de crear negocios que generan bienes y riqueza, aseguran un alto nivel de abastecimiento y nos permiten marchar parejo con los cambios que ocurren y transforman el mundo.

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