La monotonía de un discurso vacío

He dicho por años que cuando desde el ámbito oficial se acusa al sector privado de pretender quedarse con todo el sector eléctrico a precio de “vaca muerta”, lo que ya hizo el Gobierno, se incurre en un penoso error de valoración. En efecto, una vaca muerta, vendida en libras, vale mucho más que el mismo animal comprado vivo.

Los funcionarios eléctricos son típicos ejemplos de la cada vez más fuerte tendencia oficial a pelearse con todo el mundo, lo que en gran medida explica los pronunciados descensos de su popularidad a un nivel desde el cual se espera comience a brotar el petróleo.

El Gobierno no puede aspirar a solucionar la crisis de energía eléctrica sólo por sí mismo. Y en riña permanente con las empresas privadas vinculadas al negocio, como tantas veces se ha visto, la tarea le podría resultar más ingrata todavía. Todo el complejo y costoso andamiaje de publicidad que la corporación eléctrica ha sostenido para crear la ilusión de avance en la solución del problema, choca con la realidad brutal de los apagones, el déficit del sector y las enormes deudas contraídas con los generadores, a despecho de las enormes sumas entregadas a la corporación, sin resultado alguno.

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El camino del descrédito

Algunas encuestas muestran altos niveles de decepción con los partidos y su dirigencia. Y reflejen o no la realidad, la percepción sobre un creciente descrédito de la clase política es preocupante. Las expresiones de rechazo que se observan en el diario quehacer nacional, robustecen esa impresión. Pero no estará lejano el día en que ocurra igual con la clase empresarial, si no se democratizan las organizaciones que la representan.

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El legítimo derecho al lucro

Nada limita la expansión de la actividad empresarial, como la tesis de que un régimen de libre empresa funciona en la medida en que se muestra tolerante contra el abuso y el afán desmedido de lucro. Y, naturalmente, deja de funcionar, o no existe, desde el momento en que se ponen en movimiento normas o mecanismos para proteger a la comunidad de acciones vandálicas contrarias a la ley y a la más elemental ética comercial o profesional.

Uno de los grandes triunfos propagandísticos de quienes combaten la libertad de empresa es el haber creado estereotipos que actúan en la mente humana en contra de su existencia misma. Objetivo principal de esa propaganda ha sido, por ejemplo, desacreditar el derecho al lucro y a la propiedad como causas fundamentales del atraso, del subdesarrollo y del sufrimiento de las mayorías.

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El más grande éxito de la retórica política

De cuantos éxitos puedan atribuirse a la clase política, ninguno tan cuestionable como el haber logrado inculcarle a la gente la idea de que el país vive permanentemente enfrentado al choque de intereses contrapuestos. De un lado, el interés nacional, representado por el Estado y quienes ejercen el poder, y el particular, que emana de la actividad privada.

En el falso criterio de valoración sobre el que esa tesis se sustenta, el primero es el legítimo y el segundo es el espurio, del que surgen todas las iniquidades que hacen de la nuestra una nación socialmente injusta debido a las enormes desigualdades existentes.

La teoría de la desigualdad basada en la existencia de los intereses particulares ha servido para encubrir la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una clase política incapaz de plantear soluciones de fondo a los graves problemas nacionales y preservar de este modo los grandes y crecientes privilegios que el secuestro de la vida política por los partidos le ha permitido a sus dirigentes.

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Cambios globales imponen cambios locales

Las realidades de un mundo cambiante y los conflictos bélicos que amenazan la paz mundial y generan descalabros de economías una vez pujantes, exigen, sin mayores dilaciones, cambios drásticos en la agenda del Gobierno. No puede éste permanecer ajeno a cuanto ocurre en el mundo. Está moralmente obligado a asumir nuevas conductas frente a las realidades que enfrentamos.

Las visiones de corto plazo tienen que ser sepultadas y dar paso a tareas de largo alcance, que permitan consolidar los sectores más dinámicos de la economía, conquistar los mercados abiertos con la firma de tratados de libre comercio con los grandes centros de consumo e impactar positivamente así las expectativas de la población.

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El éxito de la mentira en la política

No hay nada más aborrecible en la política que la mentira. Pero en nuestro país el uso de ese recurso ha llevado a la cúspide a muchos de nuestros líderes políticos y gobernantes. En los países más democráticos, Estados Unidos, por ejemplo, la mentira es un delito. Como todos sabemos, en República Dominicana es una eficaz arma política llevada a la categoría de arte por los líderes más exitosos.

Las carreras más brillantes en el campo de la política nacional han sido catapultadas por enormes cofres de mentiras repetidas una y otra vez, por años, incansablemente, sin consecuencia alguna. El uso repetido de ese instrumento de ascensión en la política, como en otras actividades de la vida nacional, se ha convertido en una práctica común. Se trata ya de una costumbre a la que se está obligado a apelar para garantizarse el éxito.

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Moderación ¿por qué nos abandonaste?

La moderación es una conducta extraña en el marco de la discusión de los grandes temas nacionales. Las pasiones y las posiciones extremas la ahogan. Y eso deja sin posibilidad cualquier intento por bajar el tono y establecer canales de comunicación lo suficientemente limpios como para que todos podamos escucharnos y encontrar senderos hacia un lugar sereno, seguro y apacible. De suerte que de antemano es un vano esfuerzo transitar por ese camino cerrado. A muchos les parecerá exagerada esta apreciación y se conformarán con la idea de que todo está en su puesto y que es asunto normal en una democracia la altisonancia en el enfrentamiento político.

Si hay algo para preocuparse es precisamente ese giro en la discusión, que todo lo convierte en riña, e impide que podamos encontrar en la diversidad de opinión el verdadero potencial de riqueza que tanto necesitamos explotar. Lo positivo de la situación es que la acidez de la brega partidaria le está permitiendo al país descubrir el lado de la personalidad del liderazgo político nacional que se ha tratado siempre de mantener oculto. Pero por esa ruta será imposible hallar los puntos de coincidencia necesarios para poner a funcionar la república. Y quedaremos sumidos en la ignorancia y en el pasado, perdiendo las grandes oportunidades que los desafíos de la dinámica internacional ponen en nuestras manos.

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Reflexión sobre nuestras fechas religiosas

Siempre me he preguntado sobre la rigidez de las festividades religiosas en el calendario. Y no encuentro explicación al hecho de que puedan moverse fechas que conmemoran efemérides patrióticas y no suceda igual con algunas relacionadas con la fe, como son los casos del 21 de enero, reservada a la veneración de la Virgen de la Altagracia y el 24 de septiembre a la de las Mercedes, o de la Merced.

Eso de mover las fechas es una práctica común en muchas naciones para evitar que un aniversario relacionado con una gesta importante no interrumpa el ritmo laboral, aplazándolo o moviéndolo para el lunes siguiente. Hay cuatro fechas de enorme significado histórico patriótico, sagradas para los dominicanos, como son la Independencia, que celebramos el 27 de febrero; la Restauración, el 16 de agosto; la primera Constitución, el 6 de noviembre y, por supuesto, la del natalicio del prócer Juan Pablo Duarte, el 26 de enero. Las dos primeras son inamovibles, por lo que significan, y debido a que en la primera los presidentes deben rendir cuenta de sus actos a la nación y en la segunda se abre la segunda legislatura del año y cada cuatro años se juramenta un Presidente de la República.

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