Reflexión de fin de semana

El éxito de las políticas gubernamentales no depende sólo de quien las pone en práctica, sino de quienes están obligados a cumplirlas. Nuestra tradición indica la resistencia de los ciudadanos a valorar las acciones y programas que muchas veces se conciben para mejorar su calidad de vida estableciendo niveles de organización indispensables al buen funcionamiento de una ciudad o del país.

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El peor de los discursos

Nunca le vi gracia a la insistencia oficialista de que el país estaba quebrado, al inicio de esta administración. Si bien ese discurso fue muy útil en los días febriles de campaña, dudo que lo fuera y lo sea en el Gobierno. Y como siempre sucede, lo que ayer usó a su favor, ahora se emplea en su contra.

Dada la prolongada crisis sanitaria aparentemente superada, es casi seguro que muchos dominicanos sientan todavía los efectos de una quiebra. Pero ningún país atrae el interés de los capitales e inversionistas extranjeros, e incluso de los nacionales, con esa clase de discurso. Nadie es tan tonto para arriesgar lo que tiene en una economía destruida. Esa era mi queja al comienzo de esta administración y hoy es la oposición la que alega que el país está como el Gobierno decía que lo había encontrado.

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El diario de las guerrillas del 1963

Cuando el historiador y catedrático universitario Emilio Cordero Michel fue apresado a finales de noviembre de 1963, poco antes de que el líder del Catorce de Junio, Manolo Tavárez Justo, fuera muerto por tropas del ejército, llevaba consigo el diario del frente principal de las guerrillas,que operaba en Las Manaclas.

En ese diario, Cordero Michel, quien fungía como comisario político del frente, relataba las diferencias que existían entre Tavárez Justo y él y otros comandantes del alzamiento, por el método escogido para la sublevación y la forma en que se desenvolvía la lucha. Cordero Michel creía que la rebelión tendría más éxito en zonas urbanas y no en las cordilleras, donde no existían posibilidades de triunfo y supervivencia.

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A pesar de la incertidumbre

Los años electores han sido a lo largo de nuestra vida democrática periodos de incertidumbre. Y los han sido también los pre electorales. Las perspectivas palidecen y la gente se deja atrapar por las sombras de sus propios temores. La razón radica en las ilusiones que se forjan en cada proceso, por la enorme influencia estatal en la vida ciudadana.

La visión miope del equipaje que trae consigo el año electoral no deja ver con claridad, sin embargo, su verdadero valor. El hecho de que los dominicanos podamos ejercer el voto cada cierto tiempo para decidir quién gobernará a la nación y quienes irán al Congreso y a los gobiernos municipales no tiene precio. Independientemente de los resultados y de los vicios propios de nuestras deficiencias democráticas los años electorales constituyen un importante paso adelante, a despecho de las prácticas viciosas y clientelares características del quehacer político nacional.

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El abandono de los cementerios

Los cementerios públicos del país, tal vez con muy pocas excepciones, se encuentran en total abandono, inequívoca y evidente señal del absoluto e irritante desprecio de las autoridades municipales por los asuntos más solemnes. Eso explica el auge que en la última década han tenido los cementerios privados.

La situación no se limita a los llamados campos santos, sino a la mayoría de los monumentos, incluidos aquellos relacionados con hechos de relevancia histórica. Ni la bandera nacional queda a salvo, como se observa en la negligencia que supone el uso de dos colores azules en sus cuadrantes, como es fácil observar en las oficinas públicas, sin excluir el propio Palacio Nacional, el Congreso y la Suprema Corte, que en una oportunidad emitió un valiosísimo folleto sobre la enseña patria y la manera en que esta debe ser respetuosamente tratada.

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Una capital cada vez más difícil

La capital dominicana es inhóspita y agresiva, por lo que no ofrece a sus residentes muchos lugares seguros de esparcimiento. Los sitios públicos de entretenimiento y diversión son escasos e inseguros.

Son muy pocos los espacios donde las familias puedan disfrutar de una tarde de ocio los fines de semana o ir a acampar para un picnic, tenderse en la hierba, en un área verde, la mayor parte de las cuales han sido cerradas con verjas para limitar el acceso de personas, algo insólito y aberrante.

Los problemas comunes de una ciudad grande como Santo Domingo se resuelven entre nosotros con la más absoluta falta de originalidad, cerrando el paso, trátese de gente como de vehículos.

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Insistiendo sobre un tema fundamental

Por décadas se ha discutido, sin llegar a conclusiones, sobre el ambiente en que debe operar un sistema eficaz de libre comercio. En mi particular opinión, los problemas de la libre empresa no se derivan exclusivamente de la injerencia estatal, por mucho que ésta haya entorpecido en el transcurso de los años su desarrollo y crecimiento.

Los defectos de nuestro muy peculiar régimen de libre mercado se deben también, y en gran medida, al propio sector privado. Responden a los predominios de grupos, a los oligopolios y castas empresariales que han explotado hasta la saciedad el paternalismo estatal, invocando para su provecho la intervención del Gobierno en la economía, a sabiendas de que los privilegios trabajan en contra del sistema y de las oportunidades de los demás.

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El poder discrecional de la burocracia

Desde el triunfo de la revolución bolchevique , la experiencia demuestra que las economías centralizadas o cualquiera de sus hijastros generan estrechez y pobreza; constriñen el desarrollo y degeneran en el planeamiento de la vida ciudadana. Ha ocurrido también en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Nicaragua y otros países.

También es cierto que una economía de mercado sin restricciones impide la justicia social. De manera que requerimos de un modelo intermedio para garantizar el principio de la distribución del poder y propiciar oportunidades más equitativas dentro de un sistema de libre concurrencia.

La pronunciada presencia del Gobierno en la actividad económica genera una peligrosa asociación de funcionarios y empresarios corruptos con los resultados que todos aquí conocemos.

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