El valor de las libertades

Como cualquier ciudadano, los periodistas debemos responder por nuestros excesos. Las leyes son muy claras. Y no se le puede objetar a nadie el derecho a la defensa de su honra personal. La condición de periodista no otorga ningún privilegio especial.

Pretenderlo sería irracional. Al igual que en toda actividad comercial, el trabajo en un medio periodístico se enmarca en la relación de empleador y empleado. Negar al primero el derecho de poner fin a esa relación cuando le resulte perjudicial, aun esté regida por un contrato, carece de fundamento.

Ninguna libertad tiene más valor que otra. Defender la de prensa en desmedro de otras libertades, socava las bases del sistema democrático.

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“La suerte está echada”

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

Frecuentemente, los políticos dominicanos se lanzan al Rubicón, pero ese paso imaginario por lo general no intenta cruzarlo sino navegar hasta su desembocadura. Y como este río no se bifurca al llegar al mar, no encuentran ni encontrarán probablemente el delta donde refugiarse, cuando las aguas les lleguen hasta el cuello.

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El exilio de la moderación

He insistido en la necesidad de una amnistía que permita el retorno al país de nuestro único exiliado político: la moderación. Mientras no logremos incorporarla al debate no encontraremos salida a los problemas que nos empantanan como sociedad y alejan así toda posibilidad de acuerdos serios sobre los problemas fundamentales que se esconden detrás del ruido de las discusiones.

Requerimos más que una ley o un decreto para hacer que regrese. El muro virtual erigido con nuestras grandes diferencias hace imposible entender cuánto urge tenerla de vuelta entre nosotros. Sentarse a la mesa para zanjar las diferencias no es un signo de debilidad y mucho menos de claudicación. Mientras no lo comprendamos así, estaremos a expensas de mediadores con sus propias agendas.

De ahí la dificultad en cada intento para alcanzar leyes y acuerdos que resuman el sentir de todos los actores políticos, sumiéndonos en el debate estéril e insustancial de la denuncia y la inutilidad de buscarlas a puertas cerradas, que solo demuestran el alto grado de infantilidad reinante. Por eso, escasean los acuerdos y abundan las componendas.

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Las enseñanzas de la “marcha verde”

A finales de enero del 2017 escribí que la “marcha verde” de protesta realiza días antes dejaba dos elementos dignos de valorarse. El primero se refiere a la actividad misma, con la cual se derribó la añeja creencia de que las demostraciones pacíficas no sirven para nada ni promueven cambios de actitudes. El segundo se relaciona con la actitud asumida por el gobierno de entonces, al reconocer el derecho a la protesta pacífica.

En resumen, cuando se aprende a vivir en democracia, el gobierno alcanza a entender la importancia de aceptar la crítica y los reclamos con la tolerancia debida, aun cuando provienen de adversarios reacios a reconocer sus aportes al bien común. De manera que esa marcha constituyó una demostración de civismo y respeto mutuo por ambas partes, por más que haya habido estridencia y voces desbocadas en fatal y estéril búsqueda de protagonismo.

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Las relaciones gobierno-prensa (2 de 2)

Un efectivo diálogo no consiste únicamente en el trato o en la aparición frecuente del Presidente o de sus principales colaboradores con el público o con la prensa. Esa percepción se basa en concepciones erradas de lo que es una buena comunicación con el público. De ahí, los pobres resultados que las distintas administraciones han obtenido en sus esfuerzos por mejorar sus mecanismos de comunicación y diálogo con el pueblo.

Debido a estas fallas en la comunicación, a los gobiernos les ha resultado difícil convencer al país de la necesidad de acciones dramáticas en situaciones de crisis. En épocas pasadas se vieron ante medidas de corte impositivo para resolver problemas urgentes de la economía, y necesarios acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Y temo que ocurriría lo mismo en los casos de nuevas reformas anunciadas por el Presidente de la República.

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Las relaciones gobierno-prensa (1 de 2)

La designación del periodista Homero Figueroa al frente de las comunicaciones del Gobierno, abre grandes oportunidades de crear vínculos para una buena comunicación oficial con los medios, basada en el respeto mutuo y el reconocimiento de la dignidad del ejercicio de un periodismo crítico en una sociedad democrática.

La creación de esos nexos ayudaría sin duda a superar los grandes vacíos de una comunicación oficial defectuosa, sustentada hasta ahora básicamente en la publicidad y la promoción de la figura presidencial.

Esa relación debe ser la de adversarios, como promoviera Germán Ornes, que evite el culto de la personalidad y mantenga la distancia correcta y la perniciosa tendencia a tutear, muy propia en cambio en el trato íntimo entre amigos y relacionados.

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El arte de la negociación

El mérito de monseñor Agripino Núñez Collado como mediador fue lograr que las partes no se retiraran al primer desacuerdo. La costumbre ha sido siempre sentarse en la mesa de negociación, no a la mesa, con la idea de obstaculizar un acuerdo. El clima ideal se da cuando se admite que nadie tiene toda la razón. Sólo así es posible arribar al lugar deseado. La sabiduría del prelado consistió en bajarlos a la mesa y colocarlos en ese punto de partida.

Cuando el propósito es evitar un arreglo, las exigencias se formulan para dejar al contrario sin opciones. En muchas ocasiones, a las demandas de carácter social al gobierno de turno, además del arreglo de las calles, el mejoramiento de las redes eléctricas, el suministro de agua potable y la recogida de basura, se añadían el retiro de las tropas de Estados Unidos en el exterior, la excarcelación de los palestinos de las cárceles de Israel o el fin del “bloqueo” a Cuba, exigencias ajenas a la voluntad del gobierno.

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El intransitable camino de un debate

El inacabable debate alrededor del tema del aborto ha sido infectado por los prejuicios morales y religiosos, dificultando una sana discusión que permita alcanzar un acuerdo sobre un tema que despierta tantas pasiones e incoherencias. Lo cierto es que la veda contra toda forma de interrupción del embarazo desprotege a la mujer del abuso y las violaciones. Este fenómeno social, cada día más alarmante, constituye uno de los factores de discriminación de género más denigrante en la sociedad dominicana.

Atrapados en los argumentos éticos y religiosos de un problema de innegable carácter médico-social, el Congreso y las organizaciones opuestas a la despenalización por causas más que justificadas, pierden de vista que el delito de violación e incesto quedan así marginados de la discusión. Tampoco toman en cuenta, las consecuencias psíquicas del drama humano de obligar a una mujer o a una menor a tener un hijo indeseado, que en los casos de embarazos médicamente mal tratados pueden llevar a la muerte de la madre e incluso de la criatura.

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