Kenia en Haití, ¿un búmeran para RD?

La próxima presencia de fuerzas militares africanas en territorio haitiano, auspiciada por las Naciones Unidas con la misión de pacificarlo, representará un gran reto para el nuestro y quién sabe si hasta una amenaza o un peligro para la integridad territorial del país.

El envío de esas fuerzas, a ser lideradas por Kenia, será el resultado de un insistente reclamo del presidente Luis Abinader. Kenia es un país de África Oriental con costas en el Océano Índico. Abarca más de 580 mil kilómetros cuadrados, 10 veces el tamaño de nuestra nación con una población superior cuatro veces a la nuestra. Su capital es Nairobi. África es una de las zonas más inestables del mundo y muchos de los países que la conforman están regidos por dictaduras militares caracterizadas por largas guerras tribales.

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Era domingo, estaba hambriento y llovía

Lo conocí una tarde en la redacción, donde se presentó empapado por el fuerte aguacero. En la madriguera donde vivía, la pobreza había dejado en él su marca indeleble. A causa del barro y la dureza del pavimento, sus pies, siempre descalzos, se habían hipertrofiado al punto que ya no resistía zapato alguno. De todas formas, la vez que los tuvo los perdió la tarde que los dejó a orillas del charco para bañarse porque el agua nunca brotaba por el viejo grifo que su padre, la última vez que estuvo en casa, golpeó salvajemente con una piedra.

Para sobrevivir aprendió a hurtar. Comenzó llevándose una naranja de un puesto de frutas en el mercado que estaba a pocas cuadras del barracón donde él, su madre y sus dos hermanitos compartían ilusiones y estrechez huérfanos de esperanzas. Con el tiempo desarrolló inverosímiles habilidades. Trepando paredes descubrió un frutal donde sació su hambre más de una vez, a cambio de una costilla y una deformidad en su antebrazo izquierdo.

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El tema migratorio, un problema crucial

Organizaciones y ONG foráneas y locales han acusado al Estado dominicano de practicar políticas de discriminación contra nacionales haitianos, basándose principalmente en la supuesta lentitud con que se cumple una ley para regularizar la permanencia de ciudadanos de ese país que se encuentran en situación irregular y de ilegalidad en el territorio de la República. Pero ninguna de ellas resalta el hecho de que el problema que ha trabado el proceso radica en que la mayoría de esas personas carece de un documento de identidad auténtico que diga a quienes se estarían documentando.

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¿Qué significa ser dominicano?

En medio del tan a veces áspero debate de los temas nacionales, me he preguntado qué significa ser dominicano y qué valores, humanos y morales, implica serlo. ¿Se es porque se aman los colores de la bandera, que las instituciones públicas y privadas irrespetan usando indistintamente dos colores azules en ella? ¿O porque se vibra al entonar las notas de nuestro épico canto nacional? ¿Qué puede alentar un profundo sentimiento de arraigo en la tierra en que se nace? ¿La tradición? ¿Cuál es la nuestra? ¿Los recuerdos de infancia, la universidad, la familia?

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El sentido real de la libre empresa (2 de 2)

Un costoso error de concepción estriba en considerar la libre empresa sólo como el derecho a hacer negocios y no como todo un conjunto estructural para estimular el desarrollo de la libre iniciativa individual y garantizar el derecho de los consumidores.

La especulación le hace un daño enorme a la libre empresa. Principalmente, porque se ha intentado, y se sigue inexplicablemente asociándola al sistema mismo, como algo natural y congénito a él, y porque, además, se han querido desacreditar las débiles campañas contra esa aberración con la pretensión de señalarlas como ataques al sistema mismo y no como una acción legítima de defensa social contra los especuladores.

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El sentido real de la libre empresa (1 de 2)

Una de las grandes discusiones aún pendientes en el país se refiere al papel de la iniciativa privada en el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Lo cierto es que este debate ni siquiera ha comenzado. Y su importancia estriba en un hecho incuestionable. Todo el esfuerzo alrededor de este rol trascendental se ha limitado a los derechos empresariales, lo que no siempre comporta un mejoramiento del clima democrático.

Como en casi toda la América Latina, en nuestro país las fallas del sistema de libre empresa no se derivan exclusivamente de la injerencia estatal, por mucho que ésta haya entorpecido en el transcurso de los años su desarrollo y crecimiento. Los defectos de nuestro muy peculiar régimen de libre mercado se deben también, y en gran medida, al propio sector privado. Responden a los predominios de grupos, a los oligopolios y castas empresariales que han explotado hasta la saciedad el paternalismo estatal, invocando para su provecho la intervención del Gobierno en la economía, a sabiendas de que muchas veces los privilegios trabajan en contra del propio sistema y de las oportunidades de los demás.

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Bastaría un poco de coraje

Las interminables quejas sobre la actitud de las autoridades frente a los casos de corrupción casi siempre pasan por alto un detalle fundamental que les otorga una dimensión desconsoladora: la complicidad de grupos privados en esa práctica viciosa y destructiva. Con frecuencia se pretende justificar la evasión bajo el alegato de que los impuestos se los robarán en el Gobierno. Lo curioso es que la evasión, especialmente la de algunas modalidades impositivas como el ITBIS por ejemplo, equivale a robarse primero lo que se dice se robarán después los funcionarios públicos.

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En recuerdo de un caso emblemático

En el país se acepta la idea de que laborar para un medio de comunicación otorga el falso derecho de poder expresarse o publicar cuanto se desee, sin tomar en cuenta la veracidad de lo que se diga o publique, sin importar a quién se ofende o humille. La despedida hace un tiempo de un comentarista de televisión por desacuerdos con la política editorial de la empresa, se debatió como un atentado a sus derechos y una violación a la libertad de expresión del afectado. Ese concepto del periodismo limita el derecho de propiedad y el clima de libertad en que debe desenvolverse la prensa, porque un medio no está obligado a aceptar posiciones y comentarios contra la honra de terceros o que riñan con sus principios o su política informativa y editorial.

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