El factor confianza en la economía

El país ha vivido un largo periodo de estabilidad macroeconómica que ha fortalecido la confianza en el clima de negocios en todos los órdenes. Justo es reconocerlo y no se trata del mérito de un solo gobierno. Alentados por una estabilidad cambiaria que apenas se ha movido dentro de un estrecho rango, la mayoría de las empresas se han endeudado en moneda extranjera. Propuestas de cambios bruscos en la política económica, en la campaña electoral en marcha, pueden erosionar esa atmósfera de confianza. El resultado sería una situación de inestabilidad, pérdidas cuantiosas, mayor desempleo y la ruina de muchos negocios, con derivaciones fáciles de prever.

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La justa relación gobierno prensa (4 de 4)

El dominio del arte de la comunicación es esencial al éxito de toda estrategia de mercadeo político, no importa los objetivos que esta se forje. En realidad, la comunicación es un arte que todos practicamos en una medida u otra. Cualquiera que sea su acción, la gente está tratando continuamente de comunicarse con el resto para transmitir sus ideas, recibir información y adquirir conocimientos. Los diferentes instrumentos para hacer válida una buena comunicación se convierten, pues, en objetos esenciales de la vida de las personas, si bien la mayoría de ellas sólo requiere, por la magnitud de sus necesidades y la naturaleza de sus obligaciones, de una parte limitada de esos instrumentos.

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La justa relación prensa gobierno (3 de 4)

No propongo un régimen de libertad absoluta que conduzca al libertinaje. Una prensa dirigida responsablemente actúa responsablemente. Es al público a quien corresponde juzgar al Gobierno y al Congreso como a la prensa. Los poderes del Estado tendrán el crédito que sus actuaciones merezcan y de esta misma forma será con los medios. Un periódico sensacionalista, mentiroso, inclinado a dañar honras, se forjará una mala reputación y terminará siendo rechazado por los lectores.

Como sucede con los gobiernos, las actuaciones de la prensa están sujetas a un plebiscito permanente. No es un gobierno el que debe tener la decisión de qué puede publicar un periódico o qué debe leer el público. La censura es odiosa y contradice el espíritu y la esencia de un sistema político basado en la pluralidad y la defensa de la libertad humana.

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La justa relación prensa gobierno (2 de 4)

Soy de una escuela convencida de que la única relación aceptable entre la prensa y los poderes públicos es la forjada en un trato amistoso pero de adversarios, de amigos distantes y celosos si se quiere, en función de la necesidad de preservar la independencia de la prensa como institución.

Muchos de los problemas que entorpecen esa relación se basan en la intolerancia ante la crítica.

Olvidamos que parte de la razón de ser de la prensa es criticar. Una prensa que no responda a esa realidad, que no asuma su papel frente a las distintas formas de autoridad, pierde su esencia y el sentido de su existencia.

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La justa relación prensa gobierno (1 de 4)

Cuando los gobiernos pasan por momentos difíciles en materia de imagen, vuelve a cobrar interés lo que se entiende deben ser los marcos de una buena relación entre las distintas esferas públicas y los medios de comunicación.

Me han preguntado sobre la potestad que se atribuyen los gobiernos, y muchas veces los congresos, para decidir sobre el contenido ético de las actuaciones de la prensa. Esa pregunta sustancia el mayor de los debates alrededor del papel de la prensa. La fijación de los límites de su responsabilidad no corresponde al gobierno ni al Congreso sino a la propia prensa. La experiencia enseña que todo intento oficial de fijar los límites de esa responsabilidad, al través de medidas administrativas o la aprobación de leyes, conduce inevitablemente a la restricción y a la censura.

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El temor de figuras públicas a la prensa

El temor de las figuras públicas, políticos, funcionarios y líderes sociales, de enfrentar a los medios de comunicación cuando son objeto de acusaciones infundadas, terminará dañando a la prensa, aunque mi generación no alcance a comprobarlo.

Con el Internet y la facilidad que ofrece a todo el que quiera expresarse en las redes nadie escapa a la violación del derecho a la intimidad o de verse acusado sin pruebas, porque las personalidades públicas tienden a refugiarse en la comodidad que supone evitar las confrontaciones que alteran la tranquilidad y, muchas veces, hasta la estabilidad familiar. Pero ese temor, de cierto modo justificado, alienta la mediocridad, fomenta el desorden social y daña la reputación de la prensa, cuando la práctica invade los medios.

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El abuso de la propaganda electoral

Una de las prácticas más desconsideradas en los procesos electorales del país es la de atiborrar la geografía nacional con vallas, letreros y afiches promocionales de los candidatos, que afean las ciudades y las carreteras y crean contaminación visual, y en muchos casos un peligro para los conductores, cuando esa promoción oculta señales de tránsito. Una vez concluida la campaña en mayo próximo, cabría esperar que los partidos cumplan con la obligación de limpiar las áreas que han embadurnado con su publicidad, para facilitar, por lo menos, el necesario tránsito hacia la normalidad. Pero lo dudo.

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La mentira como arma de campaña

¿Cuántas encuestas se requieren para que un candidato pueda proyectar una consistente imagen de vencedor? ¿Cuál de ellas le dice su real posicionamiento en el aprecio público? ¿Por qué si tantas encuestadoras coinciden en inclinar la balanza a favor de uno, no cesa la campaña de propaganda distorsionadora, que pone de relieve y fuera de contexto expresiones del otro, muchas de ellas ciertamente desacertadas en las circunstancias de una campaña ríspida, en la que el valor del dinero supera el de las propuestas?

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