Un célebre concierto para piano

Los amantes de la música tendrán la privilegiada oportunidad de escuchar el miércoles 26, en el Teatro Nacional, una de las piezas más difíciles del legado clásico romántico europeo: el Concierto No. 3, para piano y orquesta en re menor, opus 30, de Serguei Rachmaninov, el célebre compositor y pianista ruso fallecido en 1943, a la edad de 70 años.

Esta soberbia composición fue completada en 1909 y estrenada ese mismo año en la ciudad de Nueva York, con notable éxito. Consta de tres movimientos, un primer allegro en re menor, un intermezzo- adagio en  fa menor-re menor y un final “alla breve”, rápido y vigoroso, en re-menor re mayor, al que se entra sin pausa desde el segundo movimiento y en los que se vuelve a los temas de los dos primeros imprimiéndole al concierto una unidad temática impresionante.

A pesar de su belleza este concierto no figura en los repertorios de los grandes pianistas debido a sus grandes exigencias técnicas.  Los biógrafos de Rachmaninov, dicen incluso que el famoso pianista, JózefHofmann, a quien el compositor le dedicó el concierto, nunca lo interpretó en público. Leer más de esta entrada

Por el buen uso de los impuestos

Pagar impuestos donde buena parte de esos recursos financian políticas clientelistas que anquilosan las oportunidades colectivas y para sostener una burocracia gorda y prostituida que enmohece las instituciones, llora ante los ojos de Dios. Y tener que anticiparle a un Estado propiciador de esas prácticas impuestos sobre ingresos no percibidos bajo la presunción de que en el año los ingresos serán iguales o mayores que en el anterior, es todavía más aterrador, porque la finalidad es permitirle valerse de las finanzas públicas para mantener un paternalismo de Estado improductivo que lleva inexorablemente a la situación de desastre en que nos encontramos.

De todas maneras pagar impuestos es una necesidad a la que todos estamos obligados, legal y moralmente. Entre nosotros  se hace cuesta arriba aceptar esa ley universal  por una cruda realidad: mientras los ciudadanos incurren en sacrificios para estar al día con esa obligación, en muchas instituciones estatales los funcionarios se otorgan aumentos no autorizados e ignoran las reglas básicas del buen comportamiento, en perjuicio de una sana administración de los bienes públicos. Leer más de esta entrada

El temor a “los puritanos”

Muy pocos tenores, desde su estreno en el Teatro Italiano de París  en enero de 1835, han incorporado a su repertorio “I puritano” (Los puritanos), la célebre ópera de VincenzoBellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano”, tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot. Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un Te Deum.

En el amplio espectro de la lírica actual, son escasos los tenores que se arriesgan a interpretar a Arturo por la agudísima tesitura vocal que Bellini le imprimió a su personaje y que dos magníficos tenores españoles, el catalán Josep Bros, y el valenciano José Sampere, lo han asumido con mucho éxito en los últimos años.

Bros ha dicho que el calificativo de “inhumano” que Kraus le dio al personaje, después de haberlo interpretado en numerosas ocasiones, no es exagerado si se toma en cuenta la partitura para tenor, “infernal” a su juicio, por lo difícil y agotador que resulta un primer acto en el que canta, un segundo en el que no hace nada y un final en el que el tenor no para prácticamente de cantar durante unos 45 minuto, por lo que termina casi siempre destrozado por el sobre esfuerzo.

Sin embargo, como el resto de la producción de Bellini, Los puritanos es una ópera sublime capaz de conducir al público más exigente a un éxtasis si los intérpretes cumplen su rol. (esta columna se publica en el periódico elCaribe)

Sana relación de adversarios

La más sana relación entre el gobierno y la prensa es la de adversario. Es la lección que aprendimos cuando Germán Ornes dirigía el Caribe y que debería ser la divisa principal del periodismo ante el incansable empeño de la administración Fernández, finalizada el 16 de agosto, de controlar a los medios al través de una fanática adhesión y la compra de conciencia.

Nunca antes, en el periodo posterior a la tiranía de Trujillo, se vio el infeliz espectáculo de periodistas difamando a otros periodistas por no compartir las políticas oficiales.

Nadie, a excepción de un fanático, se presta gratuitamente a esa tarea humillante. En modo alguno incluyo en esa lista a aquellos que por convicción asumen su derecho a defender a un líder o a un gobierno, que  hoy son muchos y a quienes valoro, porque lo hacen con dignidad y con respeto a las ideas ajenas y entre los cuales hay periodistas de mucha categoría. Leer más de esta entrada

¡Cuestionemos la autoridad!

Con frecuencia me preguntan la razón por la cual me resisto a elogiar las acciones de los funcionarios y asumo siempre posturas críticas contra el poder político. Mi respuesta la extraigo de Ralph Waldo Emerson, quien enseñó la trascendencia de cuestionar la autoridad y las leyes para mejorar la sociedad.

Uno de los signos más ominosos del acontecer nacional es la tendencia a atribuir virtudes al cumplimiento del deber. Así los funcionarios honestos, aquellos que no se aprovechan de sus funciones para enriquecerse ilícitamente, son personas virtuosas, cuando en realidad lo que hacen es cumplir con la obligación para la cual fueron designados o elegidos.

Ahora bien, una cosa es el elogio a una persona y otra reconocer las buenas medidas de un gobierno. Reconocer y apoyar las políticas que puedan beneficiar al país, no implica un compromiso. Leer más de esta entrada

Cuando de oportunidades se trata

En ajedrez como en la vida, no existe nada peor que perder una oportunidad.

La historia nuestra como país es la de una larga estela de oportunidades perdidas. Nos sucede siempre. En estos días he escuchado insistentemente en diversos círculos a personas muy bien intencionadas lamentándose, tal vez extemporáneamente, de la posibilidad que estemos muy cerca de otra experiencia similar.

Pensar en ello pone los pelos de punta, por cuanto es difícil calcular cuál podría ser el efecto de otra oportunidad perdida.

Escuchando estas letanías, recordé las circunstancias en que dejé pasar una tremenda oportunidad siendo apenas un muchacho. En mi vida han sido con toda seguridad muchas las oportunidades que he dejado escapar y que han pasado por mi puerta sin que me percatara. Pero aquella vivió por muchos años en mi memoria, martillándome con insistencia. No fue aquella la clase de oportunidad que puede cambiar el curso de una vida. Sin embargo, era la clásica oportunidad de mostrarse a uno mismo, de medir la capacidad  que uno posee para enfrentar los retos y alcanzar las metas que en determinado momento uno mismo se traza. Leer más de esta entrada

Respetemos los colores de la bandera

Aprendamos a conocernos. Nos independizamos de Haití, no de la Metrópoli. Tenemos tres, no un padre de la patria. Nuestro himno nacional es un canto épico, no de amor ni de exhortación al trabajo, y si nos fijamos bien en el alto de los pendones ondean lo que parecen dos banderas.

De acuerdo con  los documentos y testimonios conocidos sobre el tema, el rojo de la enseña nacional es bermellón y el azul el de ultramar. No debería haber pues lugar a confusiones sobre algo tan solemne como es el color de la bandera, el mayor de los símbolos de la patria.

Sin embargo, hasta en las más importantes oficinas públicas, a veces en los mismos cuarteles militares y policiales y en determinados momentos en la propia sede del Congreso Nacional y en el  Palacio Nacional, se observa el uso de otra tonalidad azul, mucho más oscuro, en los cuadrantes del emblema.

Esta informalidad se cumple también, con insólita frecuencia, en actos públicos en donde asisten los más altos dignatarios de la nación, en muchas oportunidades hasta el presidente de la República. Leer más de esta entrada

Un poco de música no viene mal

A diferencia de las obras literarias, las composiciones clásicas suelen numerarse conforme son escritas, aunque no siempre los autores lo hacían y muchas famosas obras, incluyendo las de algunos de los más grandes maestros, se numeraron después de muertos.

Por lo regular, la numeración dada a una composición se hace de forma cronológica. La palabra utilizada para esa catalogación es opus, práctica  conocida desde el siglo XVII, según se ha comprobado a través de numerosos estudios.

En el caso particular de las obras enumeradas después del fallecimiento del autor, la numeración se hacía de la manera siguiente op.posth, para dar a entender que se trata de una obra publicada póstumamente, como han sido los casos de algunos compositores clásicos y barrocos.

Sin embargo, ha habido muchas excepciones. Leer más de esta entrada