El abandono de los cementerios

Nada muestra el penoso abandono de los cementerios como el auge que ha tenido el negocio de los cementerios privados. El abandono en que se encuentran esos lugares públicos, es evidente señal del desprecio nacional por los asuntos más solemnes. Situación que en realidad no se limita a los llamados campos santos, sino a la mayoría de los monumentos, incluidos aquellos relacionados con hechos de relevancia histórica.

Ni la bandera nacional queda a salvo, como se observa en la negligencia que supone el uso de dos colores azules en sus cuadrantes, como es fácil observar en las oficinas públicas, sin excluir el propio Palacio Nacional, el Congreso y la propia Suprema Corte, que en una oportunidad emitió un valiosísimo folleto sobre la enseña patria y la manera en que esta debe ser respetuosamente tratada.

Recuerdo una escena tomada hace años cuando una patrulla policial le rendía honores a un sargento de ese cuerpo asesinado por delincuentes. Mostraba el instante en que se disparaba una salva, dentro de densos matorrales a la altura casi de las rodillas y en las que apenas podían notarse las lápidas del cementerio.

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Las pasiones secuestran el debate

Cada día en el país hay menos espacios para la moderación. Las pasiones y las posiciones extremas se han apoderado del debate, dejando sin posibilidad cualquier intento por bajar el tono de la discusión y establecer canales de comunicación lo suficientemente limpios como para que todos podamos escucharnos y encontrar senderos que conduzcan a un lugar sereno, seguro y apacible. De suerte que de antemano es un vano esfuerzo transitar por ese camino cerrado. A muchos les parecerá exagerada esta apreciación y se conformarán con la idea de que todo está en su puesto y que es asunto normal en una democracia la altisonancia en el enfrentamiento político.

Si hay algo para preocuparse es precisamente ese giro en la discusión, que todo lo convierte en riña, impidiendo que podamos encontrar en la diversidad de opinión el verdadero potencial de riqueza que tanto necesitamos explotar. Lo positivo de la situación es que la acidez de la brega partidaria le está permitiendo al país descubrir el lado de la personalidad del liderazgo político nacional que se ha tratado siempre de mantener oculto. Pero por esa ruta, será imposible hallar los puntos de coincidencia necesarios para poner a funcionar la república. Y quedaremos sumidos en la ignorancia y el pasado, perdiendo las grandes oportunidades que los desafíos de la dinámica internacional ponen en manos nuestras.

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Las cruciales elecciones del 2024

El liderazgo mesiánico ha sido, a través de la historia, el enemigo mortal de la racionalidad y la vida democrática, porque su legado material cuesta años de lenta reconstrucción. El mesianismo en el ámbito de la política destruye la moral de la sociedad y corroe la fe de los pueblos en las instituciones democráticas, sumiéndolos en la esclavitud espiritual que implica la dependencia material de un estado benefactor.

Existen infinidad de documentos y experiencias que lo confirman. No está lejano entre nosotros, por ejemplo, el recuerdo de un presidente en ejercicio entregando con sus manos cajas con su imagen de redentor impresa en ellas, conteniendo magras raciones de alimentos para un par de días en ocasión de la Navidad o de la festividad de las madres, cegado por los aplausos y el ruido desgarrador de una multitud golpeándose ante sus ojos para obtenerlas. Nuestro pasado está lleno de líderes que se creían y de algunos que se creen todavía imprescindibles, depositarios de una misión redentora y de una presidencia que reclaman como si fueran de su propiedad absoluta.

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Los bonos del Día de las Madres

El Congreso carece de potestad para gastar su presupuesto en dudosas obras sociales que solo alcanzan a beneficiar a sus miembros. La Constitución es muy clara en cuanto a las funciones que les conciernen a ese poder del Estado. Su única competencia es crear las leyes que organicen la vida institucional del país. Y la Carta Magna, que sus miembros aprobaron, condena la práctica de legislar en provecho propio, un concepto de observación obligada. Su violación, la práctica de auto aprobarse bonos por cualquier pretexto no es solamente insano sino sujeto a acciones legales.

Año tras año, la opinión pública es sacudida por informes de distribución de altas sumas a los congresistas como bonos del Día de las Madres, que este año se celebrará el domingo 29. Hay años que esa gracia le ha costado al país decenas de millones de pesos. La pírrica defensa de que se trata de una práctica vieja no es válida en sentido alguno, como tampoco lo es el que haya sido resultado de una decisión mayoritaria de sus miembros.

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Qué sigue tras ganar la Presidencia

Campaña tras campaña, los aspirantes a la presidencia ignoran lo que les espera si llegaran a conseguirla. Tendrían que lidiar con desafíos para los que no están probablemente preparados, incluso aquellos que ya ejercieron el cargo. Hasta la actual administración no existían normas de control para el manejo de los recursos públicos, por lo menos en la cantidad y con el rigor de los establecidos en el presente mandato. Los gobernantes anteriores jamás imaginaron lo que sería tratar con las redes. Ya no existen los contratos de grado a grado y quienes evaden la restricción se exponen a verse ante la justicia. Esa es una realidad, a despecho de que la justicia no funcione y los controles se pasen por alto.

La sociedad civil ha reducido el papel de los partidos, más enfrascados en las luchas grupales que atendiendo sus obligaciones de contribuir a hacer funcionar los poderes y lograr que el Congreso apruebe las leyes esenciales. Eso dificultará los arreglos de conveniencia. Todavía quedan pendientes de aprobación proyectos de leyes importantes, después de los casos , casi patéticos, de las relacionadas con la de los partidos políticos y la electoral, la primera de ella después de casi 15 años de dilación, para después admitir que no es la que necesitamos.

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La frase mágica del desorden

Me excusan si el título no corresponde al significado del dicho, “Atento a mí”, que describe uno de los comportamientos más típicos del irrespeto a las leyes y las normas civilizadas que explican muchos de los vicios que se observan en el diario vivir, tanto en la esfera pública como en la privada. Se alcanza a entender a través de esa expresión la inobservancia de las obligaciones que muchos han asumido al ocupar cargos públicos, por elección o designación del Ejecutivo, cuando llegan tarde e incurren en otras violaciones a sus deberes en el cargo “atento” a él. Y no actúan tampoco con la transparencia y honradez requeridas por la misma razón.

Los ciudadanos comunes se pasan la luz roja “atento a mí” y no toman en cuenta la señal de una vía, no sólo cuando no ven a un policía, sino porque se creen con el derecho de hacerlo, algo que por supuesto les niegan a los demás.

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Miremos el futuro, no el pasado

A despecho de las desavenencias partidistas, tenemos la necesidad de proponernos metas como nación y lograr un programa de acción que defina lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince, veinte y cincuenta años. Obviamente, tan grande esfuerzo no corresponde a una sola administración, ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista o de cualquiera otra naturaleza.

Si permitimos que nuestras diferencias nos sigan distanciando en la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio, enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

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Verdi, Rigoletto y Víctor Hugo

Pocas composiciones despiertan el entusiasmo de los aficionados a la ópera como Rigoletto, el drama de venganza, amor filial, pasión y engaño en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Para muchos verdianos el momento más emocionante se da en el acto final en el que el Duque de Mantua interpreta la famosa aria para tenor La donna é mobile a la que sigue el no menos famoso cuarteto Bella figlia dell amore.

Los entendidos consideran esta ópera, estrenada en 1851, como una excepcional e inigualable obra maestra, y al compositor como genuino exponente del tránsito entre el bel canto de Rossini, Donizetti y Bellini, y la corriente verista y Puccini.

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