Debemos ser objetivos

Por Jesús Arias Parra

Independientemente de la simpatía personal o política que sintamos o no hacia el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, debemos ser objetivos.

No es cierto que el Partido Republicano, por el que Trump llegó a la Presidencia en 2017, haya sufrido «una derrota humillante» en los comicios de medio término celebrados la semana pasada para elegir alcaldes, gobernadores, senadores y diputados.

La prensa estadunidense, y los medios dominicanos lo repiten, destaca la «humillante derrota» de Trump y los republicanos, frente al Partido Demócrata, que postuló al actual presidente estadounidense, Joe Biden.

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La peor reelección es la diferida

La reelección no está prohibida. Lo que la Constitución no permite es que un presidente en ejercicio pueda postularse para un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, la fórmula establecida en la reforma del 2010 es perversa, pues permite la reelección diferida sin límites. La Carta Magna anterior establecía un máximo de dos mandatos con un vete tranquilo a casa. Era lo que hubiera pasado con el expresidente Leonel Fernández, cuya vida presidencial moría con la entrega del mando en agosto del 2012.

El acuerdo de las “Corbatas azules” que dio paso a la reelección diferida, que le negó a su sucesor la oportunidad que él ya había tenido, prolongó su carrera y trabó la de su sucesor, con un legado de corrupción y déficit fiscal que le hizo difícil transitar en un terreno lleno de dificultades, en lugar de un sendero enteramente propio. El modelo impuesto por dicha reforma siembra y abona ambiciones sin límites, lo cual puede castrar toda posibilidad de relevo político en perjuicio de la dinámica social.

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Es bueno que me pasara

Un lector se molestó por mi respuesta a una pregunta suya. Me pidió opinión sobre quién ha sido el mejor compositor clásico de la historia y el más grande beisbolista dominicano. Acerca de lo primero le dije que ni Daniel Barenboim se aventuraría a responderle y como neófito en la materia yo apenas podía mencionar mis favoritos. “Beethoven, por supuesto”, respondió por mí. Bueno, déjeme con Tchaikovsky, Mozart y Puccini, según cómo me sienta ese día, le acoté. “No querrá usted decir que son mejores”. “Le hablé de mis preferencias”, me defendí. ¿Y dónde deja usted la Novena”. ¿Qué tiene que ver la Novena? ¡La de Beethoven!, me cortó con un grito de desesperación.

Bueno, amigo, no entremos en esa discusión. Le hablé de mis favoritas, le respondí un poco a la defensiva. ¿Cuáles, por ejemplo? parecía un interrogatorio. Si le interesa tanto me quedo con La Patética, la sexta sinfonía de Tchaikovsky, no la sonata no. 8 de Beethoven. Su reacción parecía indicar que me creía medio loco. Usted es aficionado a la ópera, según tengo entendido ¿qué me dice? Ya le dije que Puccini, pero para cerrar esto mi favorita no es ninguna de las suyas, sino Cavallería Rusticana, a lo que agregué que el cuarteto final de Rigoletto, de Verdi, me deja sin aliento.

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De pobreza y crecimiento económico

El crecimiento sostenido de la economía durante tres décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expandido. Y la única vía para lograrlo es el gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social, tanto en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad en base a los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia o transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales.

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¡CÉSAR VIENE PRONTO!

Por Jesús Arias Parra

Este lunes se hizo público un acuerdo entre César Emilio Peralta (El Abusador), y las autoridades estadounidenses, mediante el cual el connotado capo dominicano garantiza su pronto retorno a nuestro país

Que se anunciara la suscripción de ese acuerdo significa que, aunque aquí no se dio a conocer por sus condiciones vocales, César «cantó» y cantó bien; o, por lo menos, su interpretación y su voz gustaron a los fiscales de Puerto Rico.

César solo se declaró culpable del segundo, de tres cargos en su contra, aunque por los tres cargos enfrenta una condena de entre 20 y 25 años de prisión.

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Las claves de una buena vecindad

La buena vecindad determinará el curso presente y futuro de las relaciones bilaterales con Haití y probablemente la calidez de nuestros nexos con organismos hemisféricos. Pero ese estadio de relación óptima entre dos naciones no depende solo de la actitud de una de ellas.

El gobierno haitiano ha mantenido una actitud muy hostil hacia la República Dominicana y esto no ayuda a sus nacionales, miles de los cuales han sido favorecidos con el Plan Nacional de Regularización de Extranjeros en situación de ilegalidad. Sus acusaciones han encontrado eco en organismos internacionales, muy activos en sus críticas al país, que nos atribuyen intenciones xenofóbicas, como la presunción de promover deportaciones masivas indiscriminadas. Lo cierto es que el Gobierno incluso ha dilatado las repatriaciones, y flexibilizó sus planes en interés de evitar un conflicto que Haití no parece tan interesado en evitar.

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¿De qué cosa nos hablan?

A despecho de su sabor amargo, hay un elemento fascinante en la política dominicana: el incansable e inagotable sentido del humor de sus autores. El más resaltante, por su permanente presencia en el escenario, es de tinte negro, y el color que se le atribuye al más pesado de los chistes, no tiene vinculación alguna con la negritud de la piel.

El humor de la política vernácula se crece cuando a los grupos más atrasados, algunos provenientes de la extrema derecha, se les da por llamarse “progresistas”. El mote, ¿acaso se le puede tildar de otra manera?, alcanza el Everest, cuando plantea soluciones a los problemas nacionales sobre pancartas xenofóbicas, unas veces, y radicales de izquierda, otras tantas, e intenta sustentarse con base en cuestionables protestas éticas y morales, desprovistas de solidaridad humana y con una descarnada pretensión de superioridad racial, sin eco ya y desde hace tiempo, en la comunidad internacional, e incluso hasta en las más retrógradas de las confesiones.

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Lectura de fin de semana

La edad no siempre es un obstáculo para demostrar el talento y la creatividad. Así quedó de manifiesto cuando Plácido Domingo, haciendo gala de su extraordinaria capacidad vocal, interpretó en el 2013 el personaje central de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, en el Royal Opera House de Londres, uno de los teatros más importantes y legendarios. Esta composición, en cuatro actos, basada en el Antiguo.

Testamento, es una de las más representativas del repertorio verdiano, si bien no figura entre las más conocidas del compositor. En el país se la identifica principalmente por el lamento coral de los esclavos judíos a orillas del Éufrates, en la escena segunda del tercer acto conocido como La Profecía, en el que añoran su tierra natal (Va pensiero, sulli ali dorate).

Lo singular de la actuación en esta oportunidad de este incomparable cantante lírico, el más versátil de entre sus contemporáneos, es que el rol de Nabucodonosor, rey de Babilonia, le corresponde a un barítono y Domingo en toda su larga y exitosa carrera ha sido más conocido como el gran tenor que en realidad es, a pesar de que en sus inicios en México, donde perfeccionó sus estudios de canto, piano y dirección orquestal, su registro grave correspondía al de un barítono.

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