Caracoles, cincuenta años después (2 de 2)

Claudio Caamaño Grullón me aseguró que en 1969 fue a verle en Puerto Rico su primo Luis, enviado por Fausto, el padre de Francis, para convencerle de que viajara a Santo Domingo con la idea que luego se trasladara a Cuba para convencer a su hijo de que retornara al país y desistiera de su propósito de entregarse a la actividad guerrillera. Fausto, general retirado, le arregló a Claudio una entrevista con el secretario general del PRD, José Francisco Peña Gómez, la cual tuvo lugar en un apartamento de la calle 19 de Marzo con Salomé Ureña, en la zona colonial, lugar donde operaron en 1965 las fuerzas constitucionalistas.

Peña Gómez le pidió que propusiera a Caamaño la candidatura presidencial, porque se sabía ya que Bosch abandonaría el partido. Para esa época se había descartado, según Caamaño Grullón, la fórmula Bosch-Caamaño, pactada en una reunión en España.

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Caracoles, cincuenta años después (1 de 2)

Apropósito de la discusión de si Caamaño Deñó se rindió y fue ejecutado o murió en combate, vale la pena preguntarse a qué realmente vino. Lo cierto es que los cubanos trataron de convencerlo que desistiera de su intento de establecer un foco guerrillero, porque no existían condiciones para lograrlo, según su primo y compañero de la expedición de Caracoles, Claudio Caamaño Grullón.

En dos entrevistas realizadas en mi oficina, una de las cuales tuvo lugar el lunes 15 de marzo del 2010, Caamaño Grullón me dijo que los cubanos entendían que una expedición que se haría con 32 personas, de las cuales sólo quedaron nueve, no llegaría muy lejos.

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Para seguir en lo mismo

Muchas de las organizaciones creadas alrededor de actividades esenciales como la educación y la salud, se creen sin la obligación de contribuir a los esfuerzos para mejorar la calidad de esos servicios. Y no creo que puedan mostrarle al país muestras de su empeño para impulsarlos. Todo lo que hemos presenciado es una persistente tarea de parte de algunas de esas entidades para evitar cambios, a fin de que las cosas se mantengan igual. El desorden permanente es lo que les permite seguir haciendo lo que hasta ahora han estado haciendo.

Llegará un día, espero no muy lejano, en que la sociedad cuestionará su pasividad ante esos hechos y exigirá lo que hace tiempo debimos haber reclamado. ¿Piensan los directivos de la Asociación de Profesores (ADP) que el desorden y la mala calidad de la enseñanza pública que hemos venido arrastrando les son totalmente ajenos? ¿Creen acaso que en el esfuerzo dirigido a mejorar el nivel de la escuela pública e igualarla con la de la privada no les corresponde responsabilidad alguna? Porque todo lo que vemos de ese sindicato parece dirigido a obstaculizar el empeño, con una negativa evidente de boicotear o abstenerse de colaborar con el ministerio en esa tarea. Lo mismo ocurre en el área de la salud pública. Lamentablemente, los hechos demuestran que los gremios de profesores y de la salud, no han prestado la debida colaboración a los planes para elevar el nivel de los servicios hospitalarios y la calidad de la enseñanza pública.

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Al margen de la rivalidad nacional (4 de 4)

Cuando la distribución de la propiedad es un obstáculo “al normal rendimiento de la economía”, lo cual no es originado siempre por la extensión del patrimonio privado, en interés del bien común, el Estado “puede intervenir para regular su uso, o también, si no se puede proveer justamente de otro modo, decretar la expropiación mediante “la conveniente indemnización”.

La sentencia no es hija de un discurso populista ni proviene de un líder comunista. Formó parte del mensaje radial de Pío XII, uno de los papas más conservadores de la historia, de septiembre de 1944, que citáramos en nuestra entrega de ayer. En Octagesima Advenies, años después, Paulo VI llegaba a conclusiones más radicales en materia económica. El Evangelio, escribió, “al enseñarnos la caridad nos inculca el respeto privilegiado a los pobres y su situación particular en la sociedad: los más favorecidos deberán renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás”.

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Al margen de la rivalidad nacional (3 de 4)

Uno de los teóricos más sobresalientes de la Doctrina Social de la Iglesia, C. Van Gestel, escribió que en ciertos momentos y bajo determinadas circunstancias, el bien común puede exigir una restricción del derecho de propiedad privada. Desde ese punto de vista oficial de la Iglesia, la nacionalización de una u otra industria “puede recomendarse en ciertos casos”.

Gestel también considera que el Estado puede abrogarse el derecho de imponer un estatuto jurídico especial a ciertas empresas o sustraer ciertos productos del mercado libre “reservándolos para los armamentos”, aunque su intervención deberá más bien atender a la extensión que a la restricción del derecho de propiedad privada, “de suerte que el régimen de bienes corresponda más directamente al destino universal de los bienes terrenos”.

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Al margen de la rivalidad nacional (2 de 4)

Al analizar el papel del Estado en la economía, Juan XXIII escribió que uno de sus deberes es intervenir a tiempo a fin de contribuir a producir bienes en abundancia. Además, dijo, constituye una obligación del Estado “vigilar que los contratos de trabajo se regulen con justicia y equidad” y que en los ambientes laborales “no sufra mengua ni el cuerpo ni el espíritu, la dignidad de las personas humanas”.

Está claro, sin embargo, que el rechazo de la acumulación de riquezas por particulares planteada en infinidad de documentos oficiales de la Iglesia, se aplica igualmente al Estado o al Gobierno. En efecto, la norma de fijación del ámbito de esa intervención gubernamental es el principio de la subsidiariedad, que ya había enunciado Pío XI en Cuadragesimo Anno y que ha servido de guía a los papas sucesivos. En esencia, este principio de subsidiariedad reconoce únicamente el derecho del Gobierno a hacerse cargo de iniciativas necesarias para proteger la justicia, en todos los órdenes que excedan en todo caso la capacidad de los individuos o grupos privados. En palabras de Pío XI, el Gobierno finalmente “debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social pero no destruirlos o absorberlos”.

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Al margen de la rivalidad nacional (1 de 4)

El papa Juan XXIII dijo que “en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la prioridad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas fundamentales”. Sin embargo, este respaldo a la propiedad, fundamentado ya en la encíclica Rerum Novarum (1891), no admite por la Iglesia el derecho a una acumulación ilimitada de riqueza. De hecho la ética moral de la doctrina social de la Iglesia trata de situar a éste en un punto intermedio entre el individualismo extremo, manifestado en la teoría de mercado libre, y los enfoques colectivistas, expresados en los modelos de sociedad comunista.

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La pasión por cargos públicos

Los dominicanos, perdonen la generalización, darían cualquier cosa por un cargo público; su salud y tranquilidad hogareña incluidas. Conozco un empresario que padeció semanas de un fuerte dolor de cabeza porque no había recibido diez años atrás, como otros de sus colegas, una invitación para una cena navideña en el Palacio Nacional a un costo de medio millón de pesos, para la cual ya se había dotado de catalejos para poder ver la mesa presidencial por si se repetía la experiencia anterior cuando fue colocado en un lejano pasillo desde donde no se alcanzaba ver al presidente.

Balaguer solía designar en posiciones técnicas a personas sin el debido conocimiento de los asuntos relacionados con el cargo y casi siempre se las aceptaban. Lo que importa es estar arriba, aunque implique un sacrificio. Nos gusta sabernos importantes, con chofer y guardaespaldas, a sabiendas muchas veces de que son los lleva y trae. El desempeño de un alto cargo público implica la posibilidad, casi segura, de quedar expuestos a vejámenes y alusiones insidiosas cuando algo no funciona, ya del Águila desde la altura donde vuela y no le alcanzan las maldiciones a sus decisiones, o de aquellos que en las redes dejan verter sus miserias interiores.

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