El valor de la tolerancia (2 de 3)

Recuerdo perfectamente las protestas y quejas que abrumaron en agosto de 1985 al entonces síndico del Distrito Nacional, José Francisco Peña Gómez, cuando, en ejercicio pleno de sus derechos, el político cuestionó la capacidad de articulistas y comentaristas que habían escrito y hablado en forma crítica sobre él y sus posibilidades electorales en aquella época dentro del PRD. Peña Gómez los llamó “disparatosos”.

La reacción a ese calificativo fue desproporcionada y no guardó el debido respeto a las opiniones de un líder sobre la prensa. Si el clima de libertad y el nivel de desarrollo democrático alcanzado en los últimos años otorga el derecho a los periodistas a la crítica de las actuaciones de los hombres públicos, en idéntica forma éstos tienen igual derecho de sentirse molestos con los juicios de la prensa y manifestarse públicamente, sin tener que padecer el peligro, como ocurre a menudo, de represalias que muchas veces toman la forma de un boicot de sus actividades en las páginas de un diario. Leer más de esta entrada

El valor de la tolerancia (1 de 3)

En distintos foros y en esta columna he sostenido que los periodistas no estamos totalmente exentos de la intolerancia que erosiona el clima de respeto a las opiniones ajenas que caracteriza el ejercicio democrático. Así como la prensa tiene absoluto derecho a formarse los juicios más severos sobre los líderes nacionales, en la misma medida éstos pueden forjarse los suyos con respecto a los medios y, en particular acerca de quiénes escribimos en ellos, sin excepción.

Si la crítica, a veces amarga, dura y sistemática, contribuye a recordarles a ciertos dirigentes sus limitaciones y el alcance de la prensa en una sociedad democrática, de igual manera los periódicos y los periodistas deben aceptar que ella se le aplica en lo que a las deficiencias de los analistas y el medio se refiere. La libertad de expresión garantiza el derecho de los ciudadanos a emitir sus ideas libre de toda coacción o presión. Leer más de esta entrada

Cómo surgen las dictaduras

La oposición tiene que ser más creativa para alcanzar el poder. Debería enfocarse en el análisis de los planteamientos oficiales y abandonar la costumbre de reducir las respuestas a simples e inocuas descalificaciones, especialmente cuando se trata de los discursos de rendición de cuentas como el leído este martes por el presidente Danilo Medina, ante la reunión conjunta de las cámaras legislativas. Por años me ha intrigado la reacción de los partidos y sus dirigentes sobre estos discursos y la curiosidad periodística me llevó a revisar los pronunciamientos externados por los grupos de oposición y sus principales dirigentes en pasadas comparecencias del jefe del Estado, tanto en gobiernos del PLD, como en las administraciones de Balaguer y las del PRD.

Para mi asombro comprobé que en la mayoría de los casos no había sido necesario escuchar a los presidentes. Muchas de las reacciones leídas en una revisión que he realizado de esos años muestran una enorme similitud en las observaciones a esos discursos. Insustanciales letanías que no aportan mucho. Si se les presta la debida atención a muchas de esas reacciones, parecen calcadas de un manual de oposición que nadie, hasta ahora, se ha empeñado en escribir. Leer más de esta entrada

Cómo surgen las dictaduras

A la dictadura se llega por varias vías, la más común con el uso de la fuerza. En América Latina los liderazgos mesiánicos se valen de un uso torcido de la Constitución para asaltar los poderes del Estado y perpetuarse en el gobierno, con la complacencia casi siempre de las élites intelectuales y económicas. Los ejemplos abundan.

En enero de 2011 esas élites aceptaron, siendo testigos presenciales, una de las más groseras intromisiones de un poder sobre otro, lo que puso en claro la deplorable desnudez institucional que vivíamos bajo un falso ropaje democrático. El entonces presidente Leonel Fernández convocó a legisladores, abogados y líderes empresariales a una reunión en su fundación, en la cual designó, sin reparo de los presentes, una comisión para asesorar al Congreso en el tema de la Corte Constitucional, a mi juicio, como escribí entonces, una deplorable muestra de aniquilación del principio de la separación de poderes. Leer más de esta entrada

La esencia del patriotismo

Ahora que se habla tanto de patriotismo y del peligro que representa para la nacionalidad dominicana la masiva inmigración ilegal desde el lado oeste de la isla, sería oportuno rescatar, comenzando en las escuelas, el valor de los símbolos patrios del olvido y observar rigurosamente su uso, específicamente cuando se trata de la bandera. Por años, he llamado la atención acerca de la extendida práctica de emplear en los cuadrantes azules de la insignia nacional, matices distintos que no corresponden al real de la bandera, en especial ese que los estadounidenses llaman “blue navy”, y no el azul ultramar establecido en la ley que regula su uso.

En ese afán llegué a escribirles hace unos años a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, al observar que allí se izaban banderas con distintas tonalidades del azul, unas del lado de las otras, como también podía verse el mismo día en el palacio del Ayuntamiento y en la sede del Poder Judicial. Ninguna de las cartas, que entregué personalmente en la sede del Congreso, recibió respuesta. He escrito también una decena de artículos sobre el caso y ni el Instituto Duartiano, ni la Academia de la Historia, de la que soy miembro, se han interesado en el tema. Leer más de esta entrada

Chávez, visto por él mismo

Los admiradores del presidente Chávez deberían conocerle mejor antes de atribuirle los atributos del héroe militar que nunca fue. En uno de sus textos biográficos editados en Venezuela, Chávez revela la forma poco ortodoxa en que inició su carrera militar.
Objetado por sus bajas calificaciones académicas, las puertas de la milicia se le abrieron sólo por sus habilidades como pelotero.

A él y a un grupo que tenían una y dos “materias raspadas”, se les dijo que “el único chance que teníamos para ser aceptados provisionalmente era que fuéramos buenos deportistas”, dice en el libro “Habla el comandante”, de Agustín Blanco Muñoz, basado en entrevistas realizadas entre 1995 y 1998. Primero se le probó como lanzador, pero él venía de “pitchar” tres días antes y sentía dolor de brazo. Agrega que “estaba descontrolado, daba piconazos, no llegaba a home y entonces me sacaron. Eso me desilusionó. Me dijeron que no servía. Les expliqué que me dolía el brazo. Y me respondieron: si te duele el brazo menos sirves”. Leer más de esta entrada

La laboriosa comunidad española

Un amigo asturiano me llamó hace tiempo compungido sobre un caso de fraude, para decirme que el hecho de que algunos inversionistas españoles puedan salirse con la suya, no significa que todos los demás sean de la misma calaña y que no sería apropiado que por ellos juzguemos los aportes de esa comunidad a la sociedad dominicana.

Le concedí la razón. Las olas de inmigrantes de la península Ibérica establecidas en el país a todo lo largo del siglo pasado han dejado una impronta de inmenso valor entre nosotros. Revolucionaron las artes, el periodismo, la literatura y trajeron consigo una mística del trabajo y del ahorro que los dominicanos no conocían y la mayoría despreciamos aún. Las riquezas acumuladas por la mayoría de las familias españolas han sido el fruto de mucho sacrificio y trabajo personero. Todavía al cabo de decenas de años de dedicación y esfuerzos, laboran como si fuera el primer día. Como si de los resultados de cada jornada dependiera el éxito de sus negocios. Leer más de esta entrada

¡Leonel o que entre el mar!

Los leonelistas  hacen toda clase de piruetas verbales para intentar minimizar los efectos de recientes excesos del expresidente Leonel Fernández, en su propósito de imponer, contra toda lógica democrática, su candidatura a las elecciones del 2020, que de ganarla y volver a la Presidencia, no sería más que otra forma de reelección diferida, algo con lo que no está de acuerdo mientras de él no se trate. Pero si algo revela o deja al descubierto este esfuerzo de sus seguidores, es la absoluta falta de control de las emociones del exmandatario, como ya se hizo evidente en aquél famoso discurso tras su derrota interna en la reunión del Comité Político en Juan Dolio y en una serie  posterior de artículos semanales en el Listín Diario, dignos de una antología del desconsuelo.

El exvicepresidente Rafael Alburquerque, el más sobresaliente de sus seguidores, ha advertido que el PLD perdería las elecciones si no hay unidad y no se hace un buen gobierno. Para el mejor entendedor esto  tiene solo una lectura, que para el  leonelismo esa unidad no existe ni se está haciendo un buen gobierno. Unidad que en esos predios del oficialismo solo sería posible, como ya han dicho públicamente muchos de sus dirigentes, si el señor Fernández,  ya tres veces presidente de la República, vuelve a ser el candidato. Leer más de esta entrada