Los periodistas no somos especiales (2 de 3)

Quienes ejercen el periodismo sin una vaga noción de sus innatas limitaciones, nunca alcanzan a comprender la sutileza que significa trascender los límites de la prudencia, el buen decir y la crítica constructiva y veraz. Por supuesto, nada de esto se aprende ni se enseña en escuelas de periodismo. Pero es su comprensión lo que hace la diferencia entre un buen periodismo y uno irresponsable.

Si el clima de libertad y el nivel de desarrollo democrático alcanzado en los últimos años otorga el derecho a los periodistas a la crítica de las actuaciones de los hombres públicos, en idéntica forma éstos tienen igual derecho de sentirse molestos con los juicios de la prensa y manifestarse públicamente, sin tener que padecer el peligro, como ocurre a menudo, de represalias que muchas veces toman la forma de un boicot de sus actividades en las páginas de un diario o en espacios muy populares de la radio. Leer más de esta entrada

Los periodistas no somos especiales (1 de 3)

En una democracia los periodistas están sujetos a las leyes y no pueden pretender que las mismas no se les apliquen cuando las violan. Y está ampliamente comprobado que en los medios se exhibe muchas veces la intolerancia que la prensa tanto critica. Intolerancia que erosiona el clima de respeto a las opiniones ajenas que caracteriza el ejercicio democrático, sin importar de donde venga, sea de la esfera oficial, como de la oposición o de los credos religiosos.

Por eso, así como la prensa tiene absoluto derecho a formarse los juicios más severos sobre los líderes nacionales, en la misma medida éstos pueden forjarse los suyos con respecto a los medios y, en particular acerca de quiénes escribimos en ellos, sin excepción. Si la crítica, a veces amarga, dura y sistemática, contribuye a recordarles a ciertos dirigentes sus limitaciones y el alcance de la prensa en una sociedad democrática, de igual manera los periódicos y los periodistas deben aceptar que ella se le aplica en lo que a las deficiencias de los analistas y el medio se refiere. Leer más de esta entrada

La trampa que nos encierra

Los ciudadanos de este país han sido políticamente educados para ver como malo todo lo que hace un gobierno y bueno cuanto propone la oposición o absolutamente a la inversa, dependiendo del lugar en donde uno se encuentre. Esa es una trampa y salir de ella nos puede ayudar a curar las heridas de rivalidades partidarias sembradas por años, cada vez más difíciles de sanear.

Por décadas he escuchado y leído sobre el concepto de las prioridades del liderazgo político. Todos han señalado la educación, la salud y más recientemente la seguridad ciudadana y la preservación del medio ambiente, entre otras, como las principales, sobre las que es necesario actuar y hacerlo rápido. Pero como siempre ocurre entre nosotros, ponerse de acuerdo y aunar esfuerzos para encararlas ha sido imposible. A juzgar por la experiencia de nuestra larga transición democrática, los gobiernos han sido víctimas de esa inconsistencia y falta de visión que nos oscurece el porvenir. Lo fueron primero los del Reformista, luego los del PRD y ahora, por supuesto, los del PLD. Leer más de esta entrada

Una mañana de diciembre en Jerusalén

El sol parecía perezoso aquella mañana de diciembre. Tardaba en aparecer sobre los amarillentos y milenarios muros de Jerusalén y sus tenues rayos apenas calentaban el frío pavimento de la antigua Vía de Juliano, hoy avenida del rey David. Una brisa glacial hería las mejillas y retozaba sobre los revueltos cabellos de una joven pareja que cogida de la mano esperaba la llegada del autobús, a una cuadra del hotel King David. El sonido de los vehículos corriendo hacia el sur, donde se halla el centro comercial judío destruido a comienzos de la guerra de 1948, se entremezclaba con el cántico sereno de los pinos y los eucaliptos mecidos por el viento.

Desde mi habitación veía los verdes senderos del Monte de los Olivos. Y, más allá, las viejas y sagradas murallas de la vieja ciudad. Frente a las vetustas murallas del muro occidental, o Muro de las Lamentaciones, judíos de luengas barbas madrugaban para decir sus antiguas oraciones oscilando rítmicamente el pecho hacia delante, en señal de reverencia. Leer más de esta entrada

Cuando sobran los controles

En Latinoamérica sobran los controles, algunos fomentados por empresarios para preservar sus privilegios. El sistema de libre empresa apenas existe. Las deficiencias que se le atribuyen son el fruto de medidas gubernamentales que lo hacen inoperante. El gigantismo estatal estrangula el modelo, en beneficio algunas veces de pequeñas y privilegiadas elites empresariales que obstaculizan. En casi todo el continente, estos grupos han tenido mucho éxito en propiciar alianzas con la burocracia gubernamental, en franca conspiración contra los verdaderos intereses de sus naciones.

Si las oportunidades no son las mismas para todos los agentes económicos no podemos hablar de libertad económica. El inmenso poder discrecional de los funcionarios públicos, México, Brasil y Venezuela son casos icónicos ejemplos, ha dejado a esos países penosos legados de corrupción e ineficiencia, con un altísimo costo moral, social y económico, que se repiten como modelos en las demás naciones. Leer más de esta entrada

De patriotas y revolucionarios

Los controles oficiales concebidos teóricamente para garantizar suministros adecuados de productos básicos a la población, terminan erosionando los canales de comercialización y abastecimiento. No se trata de negar la importancia del papel del Gobierno en la vida de una nación.

El problema estriba que al trascender su presencia por encima de lo que dictan sus obligaciones constitucionales, los gobiernos descuidan sus tareas fundamentales y tenemos el caso patético de Venezuela. Y esto normalmente ocurre en detrimento de las propias responsabilidades adicionales que tratan de asumir. En definitiva  ni una cosa ni la otra.

Lo ideal serían gobiernos menos interventores, lo que sólo sería posible si llegaran a aceptar su carácter esencialmente normativo. Renunciando a la pretensión de controlar todo el cuerpo social y económico del país, los gobiernos podrían adquirir una mayor capacidad y eficiencia para  cumplir con sus funciones reales. Podrían dotar así al pueblo de los servicios que no han sido capaces de brindar en las áreas tan sensibles e importantes como la educación, la salud, el transporte, la agricultura, entre otras. Leer más de esta entrada

El excesivo papel del Estado

Si bien la falta de regulación originó el desorden financiero causante de las más recientes crisis globales, el exceso de ella puede provocar más daño a la economía. La desproporcionada intervención del Estado suele producir distorsiones capaces de paralizar el ritmo de crecimiento y obstaculizar las inversiones y el ingreso de capitales tan necesarios para impulsar el desarrollo, fomentar el empleo y combatir las consecuencias de la mala calidad del gasto público.

Existen muchas reservas sobre la tendencia, a conferirle al Estado un papel de mayor preponderancia en la vida económica de las naciones. La razón descansa en las penosas experiencias de ensayos pasados y presentes. Por acción de los gobiernos, en América Latina en muchos países el Estado dominicano ha crecido de forma brutal, al punto que interviene o husmea en la vida de cada ciudadano, de manera directa e indirecta, haciéndole la vida una carga muy difícil de sobrellevar. No existe en la mayoría de ellos, de hecho, una actividad social o económica de impacto que no esté de alguna forma ligada, atada, comprometida o asociada con el Estado, o paralizada por él. Leer más de esta entrada

La prensa no está libre de crítica

La prensa crítica ha jugado su papel en el desarrollo democrático del país. Esa es una realidad innegable, que no le puede ser regateada y que resiste cualquier análisis e interpretación histórica, por más prejuicios de que vaya revestida. Sin embargo, hay una debilidad estructural en ella estrechamente vinculada a su propio crecimiento y desarrollo.

El país despertó muy rápido a la democracia y de un largo período de tiranía y oscurantismo saltó a un régimen de libertades públicas y ejercicio democrático sin un paréntesis previo. De la nada surgieron decenas de medios que se llenaron de personas sin destrezas ni concepto de la responsabilidad que ese oficio conlleva. La necesidad creó profesionales y la especialidad dio paso a la improvisación. De ahí que muy buenos reporteros, con fama en la sociedad, escribieran haber sin “h”, acentuaran la palabra “dijeron” y pensaran con faltas de ortografía, las que afortunadamente no se ven en los programas de entrevistas y comentarios. Leer más de esta entrada