El otro dos por ciento

El sector privado tiene ante sí un reto trascendente. No me refiero tan sólo a los grupos de empresarios, unidos por una comunidad de intereses provenientes de negocios o empresas cuyo fin sea el lucro, legítimo en una sociedad de libre comercio.

Una de las grandes distorsiones del papel de la iniciativa privada en el desarrollo y manejo de la economía proviene, precisamente, de la propaganda negativa que restringe su definición a ámbitos tan estrechos y exclusivistas. Por el contrario, es un concepto mucho más amplio y generoso, que abarca todas las actividades individuales o de grupos producto de la libre decisión del ser humano, desde el vendedor ambulante que expende frutos del campo, hasta el próspero empresario que tiene en su nómina a más de 500 trabajadores, pasando por el artista que plasma en lienzos el fruto de su inspiración y vive de ello. Leer más de esta entrada

La parábola del “trigo y la cizaña”

Tras los más recientes acontecimientos en el ámbito electoral y político con vista a las lejanas elecciones del 2020, y es muy especialmente en el marco de la estructura del Poder Judicial, la situación a lo interno del partido en el poder podría parecerse a la enseñanza de la parábola bíblica de “El trigo y la cizaña” (Mateo 13: 24-52), en la que un hombre sembró buena semilla en su campo y mientras dormía vino su enemigo y puso cizaña entre el trigo y se fue.

Con el tiempo, brotó y creció la buena hierba y con su fruto también surgió el producto de la cizaña entre las hileras del trigo.

“Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste la buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?” A lo cual el buen hombre respondió que “un enemigo” lo había hecho. Los siervos le dijeron si quería que se arrancara la mala semilla, para limpiar el trigal. “No”, les respondió,” no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo”. Leer más de esta entrada

La amenaza de un obsesivo mesianismo

El liderazgo mesiánico ha sido, a través de la historia, el enemigo mortal de la racionalidad y la vida democrática, porque su legado material cuesta años de lenta reconstrucción. El mesianismo en el ámbito de la política destruye la moral de la sociedad y corroe la fe de los pueblos en las instituciones democráticas, sumiéndolos en la esclavitud espiritual que implica la dependencia material de un estado benefactor.

Existen infinidad de documentos y experiencias que lo confirman. No está lejano entre nosotros, por ejemplo, el recuerdo de un presidente en ejercicio entregando con sus manos cajas con su imagen de redentor impresa en ellas, conteniendo magras raciones de alimentos para un par de días en ocasión de la Navidad o de la festividad de las madres, cegado por los aplausos y el ruido desgarrador de una multitud golpeándose ante sus ojos para obtenerlas. Leer más de esta entrada

Cubriendo trifulcas en saco y corbata

Bajo determinadas circunstancias, un buen saco y una corbata pueden ser el mejor aliado de un reportero en épocas de convulsión. Lo comprobé personalmente en los años setenta, mientras cubría siendo muy joven para la agencia internacional de noticias de la que era corresponsal a tiempo completo, una huelga violenta de protesta contra el gobierno de Balaguer en San Francisco de Macorís.

Usualmente iba trajeado a la pequeña oficina donde operaba la agencia en la calle Mercedes, a pocas yardas del parque Independencia, frente a una funeraria, porque en mis diarios recorridos visitaba el Palacio Nacional y cuando lo requería el Congreso. Mi urgente traslado ese día al centro de la trifulca no me permitió detenerme en casa para cambiarme de ropas para estar más a tono con lo que sucedía. Allí, en medio de una refriega, me encontré de pronto en el dintel de la puerta de entrada de una residencia en un barrio donde tenía lugar una verdadera batalla campal. Leer más de esta entrada

Ejemplos del mejor periodismo

Mi compañero de aulas en la universidad, Miguel Ángel Prestol, es hoy un prestigioso abogado, pero bien pudo ser mejor periodista de lo que también es sin duda alguna. Y al contar esto no quiero parecer nostálgico. Muy jóvenes ambos, recorríamos en un viejo jeep de la planta de radio y televisión estatal las oficinas públicas para llevar las novedades del día a los oyentes. Prestol elogiaba mi habilidad para redactar buenos leads, pero él llegó a escribir uno de los mejores que he leído. Fue en ocasión de un encuentro de cancilleres americanos en Río tras la revuelta civil de 1965.

Urbáez, el director de prensa, le encargó resumir todos los despachos internacionales sobre la cita en una sola noticia para el informativo de la tarde. Prestol tenía examen en la universidad ese día y la prisa le dominaba. No obstante, se sentó a su máquina y rápidamente, en pocos minutos, terminó de teclear pasándome la cuartilla para que le diera un vistazo. No necesité leerlo dos veces para grabarlo para siempre en la memoria. Leer más de esta entrada

El recurso de la mentira

En los países más democráticos, Estados Unidos por ejemplo, la mentira es un delito. En el nuestro es una eficaz arma política llevada a la categoría de arte por los líderes más exitosos. Las carreras más brillantes en el campo de la política nacional han sido catapultadas por enormes cofres de mentiras repetidas una y otra vez, por años incansablemente, sin consecuencia alguna.

El uso repetido de ese instrumento de ascensión en la política, como en otras actividades de la vida nacional, se ha convertido en una práctica común. Se trata ya de una costumbre a la que se está obligado a apelar para garantizarse el éxito. La mentira es parte de la cultura nacional. Mentimos en el hogar, en la escuela, en el trabajo. Hablamos de mentiras piadosas, como creo haber escuchado alguna vez en letras de una canción. El liderazgo nacional nos miente el lunes, a sabiendas de que el martes puede desdecirse sin que nadie le reproche ni se le pida cuentas. Las promesas electorales son baúles de mentiras. Mientras más grandes y pesados son, mayores las posibilidades. Leer más de esta entrada

Por una conciencia histórica

La democracia requiere de hombres y mujeres capaces de juzgar y decidir con independencia. Bien entendida y conocida a fondo, no propicia ni tolera a través de la educación partidismo de ningún tipo, ni la creación de patrones de conducta de indiferencia frente a los valores. Lo primordial es enseñarle al ciudadano a adquirir conciencia de su propia dignidad y del alcance de la libertad, a fin de que conozca a plenitud sus derechos y aprenda a ser tolerante y entienda el valor de su apoyo a un Estado social de derecho.

En cuanto a la religión, la libertad plena presupone el derecho a encontrar el sentido de la vida, por lo que nadie debe ser obligado a aceptar una perspectiva ética o religiosa. La escuela y el sistema de enseñanza no deben encaminarse en esa dirección y mucho menos que se abrace una religión determinada. Esa es una tarea del hogar. Tenemos necesidad de propiciar un sistema educativo que transmita, más que conocimiento simple, una conciencia histórica. Leer más de esta entrada

El sentido de la democracia

En un encuentro con universitarios, en mis esfuerzos por revivir la Fundación Democracia y Libre Empresa (FUNDALIBRE), dije que la sociedad tiene la obligación de crear mecanismos de defensa y protección de los más débiles. Un sistema de oportunidades, añadí, tendería a reducir los terribles niveles de desigualdad que caracterizan la relación entre los individuos en el país y que en el campo de la promoción y la dignidad humana estamos muy a la zaga de las conquistas en el área de las libertades políticas.

Sin entender la vinculación me preguntaron si era socialcristiano, a lo que respondí diciendo que si bien no pertenezco a ningún partido, mis concepciones sobre el mundo tienen cierta similitud con los planteamientos de una real democracia cristiana, a excepción de lo religioso. La comprensión que tengo de esta doctrina es lo que me ha hecho comprender cuán lejos se encuentran los socialcristianos dominicanos de ella. Leer más de esta entrada