El rol de Naciones Unidas

Los chinos admitieron hace años que el marxismo, enunciado a mediados del siglo diecinueve, no podía tener respuestas a los problemas de la China actual. El resultado ha sido una reforma radical en la economía, que ha hecho de ese inmenso país un coloso mundial, en el ámbito comercial y militar. Lo mismo tendrá que suceder con las Naciones Unidas. Recordemos que los problemas actuales, el mundo surgido al final de la guerra fría, son totalmente diferentes a los que motivaron después de la Segunda Guerra Mundial el surgimiento del organismo. La ONU tendrá que readecuarse a las transformaciones que ha sufrido la humanidad desde su creación en la conferencia de San Francisco.

No se trata de un cuestionamiento del papel y de la humanitaria tarea que las Naciones Unidas realizan. El aspecto que la hace inoperante se relaciona con el equilibrio del poder que su misma composición entraña. Por ejemplo, el funcionamiento del Consejo de Seguridad, en el que los cinco miembros permanentes—Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China–, tienen la potestad de impedir cualquier resolución adoptada por mayoría de votos, con sólo ejercer un derecho al veto, lo que pone en entredicho su trascendente papel de árbitro. Leer más de esta entrada

Los debates electorales

Una de las grandes aspiraciones de la sociedad ha sido la de que los procesos electorales lleven consigo la obligación de los candidatos a debatir públicamente sus propuestas al electorado. El proceso con vista a las elecciones del 2020 ofrece una excepcional oportunidad de llenar ese vacío.

La tranquilidad de la nación hace necesario un debate cara a cara de los candidatos presidenciales para probar ante el país cuál de ellos es realmente el más capaz y con más amplia visión de las realidades nacionales. En todas las naciones democráticas, incluso aquella con menos tradición de ejercicio político plural que la nuestra, esos debates forman parte del quehacer político y quien se resista a participar en ellos prácticamente se margina del proceso, lo que equivale a renunciar a sus aspiraciones. Los debates ayudan a una mejor preparación de los candidatos y proporcionan al pueblo una visión más realista y franca de sus intenciones y capacidades. Leer más de esta entrada

Una inédita conversación con Bosch

Mientras trabajaba en la investigación del libro “El golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch”, tuve la oportunidad de entrevistar varias veces al líder del PLD, en la sencilla residencia donde entonces residía, en la calle César Nicolás Penson. Una de esas entrevistas fue grabada en video. En una oportunidad, entre finales de 1992 y comienzos del año siguiente, la conversación entró en un plano que nada tenía que ver con el propósito de mi investigación. Bosch me habló esa vez con entusiasmo de uno de sus temas favoritos: el de la desigualdad social, muy frecuente en sus alocuciones radiales a través del programa de su partido.

Durante su abortada presidencia, me comentó, sus esfuerzos por reducir la brega social habían tropezado con la avaricia de las élites y la incomprensión existente entonces sobre la esencia de una verdadera democracia y la importancia de reducir los niveles de pobreza, como la vía más idónea y segura para impulsar el desarrollo y la paz y tranquilidad de la República. Aunque no fueron esas necesariamente sus palabras, eran sí el sentido de lo que él me transmitía. Leer más de esta entrada

La clave del futuro

Para comenzar, las preguntas cruciales del debate sobre el futuro no pueden ser otras que las siguientes: ¿A qué país queremos parecernos? ¿A Haití, Bolivia, Nueva Zelanda o Finlandia? ¿Puede la República Dominicana financiar su desarrollo con una presión tributaria del 13 o el 14 por ciento del PIB? Si nos ponemos de acuerdo en las respuestas y miramos hacia adelante dejando atrás ese inmediatismo que ha caracterizado la vida nacional y mal orientado las discusiones en el ámbito de la política, seguramente superaríamos las trabas que impiden una llana discusión y todo lo demás podría resultar más fácil.

Algunos cálculos económicos sugieren que un incremento del uno por ciento del PIB en las recaudaciones fiscales bastaría para superar el déficit presupuestario, que ha descendido desde el 2012 de casi un ocho por ciento a menos de un 2.0 para este año. Otro uno o dos por ciento de incremento podría ser suficiente para preservar las expectativas de estabilidad macroeconómica en los próximos años y aunque hay discrepancias con relación a estos números, es evidente que un diálogo serio y representativo al más alto nivel de la sociedad, encontraría sin muchas dificultades las fórmulas de nuestro despegue definitivo. Leer más de esta entrada

La deuda y el crecimiento de la economía

La situación internacional hace cada vez más difícil la adopción por parte de las naciones ricas de medidas punitivas, ya sean de carácter económico como militar, contra los deudores morosos. No obstante, ningún país pobre puede escaparse tan fácilmente de la amenaza de estallidos sociales como consecuencia de sus altos índices de indigencia.

En un buen número de ellos, la estabilidad depende de que se le preste mayor atención a los problemas del desempleo y la pobreza creciente. Lo que tal vez se logre cuando puedan desembarazarse del miedo a la deuda externa. El hecho de que se la honre no significa renunciar al crecimiento de la economía, porque eso implicaría una disminución de las expectativas y un desmejoramiento de las condiciones de vida de la población, precarias en la mayoría de las escalas sociales. En un escenario ideal, el pago de la deuda externa debería realizarse tomando en cuenta la inaplazable necesidad de incrementar los niveles de vida de la población, en especial los de aquellos sectores que viven en estado de postración y en condiciones marginalidad. Leer más de esta entrada

El laberinto de la deuda

El debate internacional en las últimas dos décadas del siglo pasado estuvo dominado por el tema de la deuda y aún continúa acaparando el interés del Tercer Mundo, lo cual se entiende por la forma en que esos compromisos gravitan sobre la suerte de sus economías. Sin embargo, los conflictos derivados de ese hecho han relegado a un plano secundario la discusión de asuntos todavía de mayor relevancia y repercusión, como son el desempleo y la pobreza, íntimamente relacionados.

Es innegable que la deuda externa contribuye a acentuar la gravedad de éstos problemas básicos por vía de la disminución de las capacidades nacionales para acometer con posibilidades de éxito programas dirigidos a resolverlos. Pero no es menos cierto que el efecto social-político inmediato derivado de una alta tasa de desocupación y una pobreza extrema, que abarca cada día a un núcleo mayor de población en América Latina, es tan preocupante y devastador como cualquier consecuencia nacida de compromisos internacionales no honrados. Leer más de esta entrada

Sobre el amor a los tiranos

Nada como un día de asueto para reflexionar sobre el poco o ningún asombro que provoca el que entre los políticos locales unidos por lazos de concubinato con la tiranía de Fidel y su hermano Raúl Castro figuren algunos que nos recuerdan la humillante sumisión con que aquí se adoró a Trujillo. Y nada de extrañar eso tiene por cuanto, guardando los matices ideológicos ellos gobernaron como auténticos tiranos. La diferencia la marca el tiempo. Mientras Trujillo sólo pudo mantenerse por 31 años, la tiranía hereditaria cubana se acerca a los 60.

Trujillo y Castro delegaron el puesto en sus hermanos, aunque nadie en sus cabales se creyera el cuento. Mucho del castrismo existente en el país, y no lo digo sólo por aquellos que le sirvieron incondicionalmente a Trujillo, no es más que nostalgia por los días de mano dura del “jefe” y su perversa cuadrilla de calieses y aduladores. Cuando uno escucha a los Silvio Rodríguez y a los Pablo Milanés dedicando loas a los hombres que los han gobernado por más de medio siglo, sin darle oportunidad a nadie más, llegando a ofrecer sus vidas por la salud de los Castro, forzosamente nos llegan los recuerdos de las extravagancias con que el tirano dominicano obligó a sus colaboradores a la más deprimente sumisión. Leer más de esta entrada

Actitudes ciudadanas

A veces por apatía dejamos al Gobierno la solución de problemas sobre los cuales los ciudadanos tenemos una cuota de responsabilidad. Por su naturaleza muchos de los conflictos que hacen difícil la vida cotidiana pueden ser resueltos con una mejor actitud ciudadana. El del tránsito, por ejemplo, tal vez uno de los que más nos irrita, tiene en parte su origen en el desprecio a las normas y el desconocimiento de la ley. Aunque el parque vehicular ha crecido al punto de generar congestionamientos que antes nadie se imaginaba, la forma en que conducimos agrava la situación.

Se anda con demasiada prisa, como si el mundo estuviera a punto de terminar y fuera preciso llegar antes que nadie para asegurarse un pasaje seguro al más allá. Resulta, sin embargo, que aquél que nos rebasa en una avenida muy transitada con uno de esos espectaculares “cortes patelitos”, como dicen nuestros jóvenes, tiene que pararse de golpe por la luz de un semáforo o por una simple e interminable hilera de vehículos en la esquina siguiente. Muchos de los accidentes que a diario se producen tienen en este peculiar fenómeno del tránsito dominicano una de sus causas. Leer más de esta entrada