El peor de los mitos

Hablar de enajenación del patrimonio público en el caso de la privatización de las empresas públicas pudiera ser un bonito lema político en los tiempos de campaña permanente a que nos tienen acostumbrados los partidos políticos. Pero esa clase de retórica carece ya de lugar en el ámbito de la moderna economía e incluso en la discusión de los temas fundamentales en las relaciones entre los estados.

Francois Mitterrand, a pesar de su muy “avanzado” y radical proyecto común con el partido comunista francés en los tiempos en que era candidato presidencial, fue después quien impulsó el traspaso de ciertas empresas y actividades públicas a la esfera privada, con excelentes resultados para los franceses. Fue otro socialista, Felipe González, quien en España libró a sus compatriotas de la tiranía derivada del control estatal de empresas de servicio público. Y fue un socialista más, el presidente Lagos, en Chile, quien promovió un tratado de libre comercio con Estados Unidos, que a los dos primeros años ya daba a ese país oportunidades que parecían imposibles antes del acuerdo. Leer más de esta entrada

La moderación en el debate

Una de nuestras grandes e impostergables prioridades no se relaciona con la economía. Se refiere más bien a la actitud que debemos asumir como nación ante los retos del porvenir y los conflictos actuales. La obligación consiste en evitar que las posiciones extremas, como pudiera estar ocurriendo, secuestren el debate de los temas trascendentales.

La manera irresponsable con que esos asuntos se ventilan a nivel de algunos medios de comunicación electrónicos conduce a un laberinto del que resultaría muy difícil salir, si el país se deja arrastrar sin oponer resistencia. En los períodos difíciles, los ánimos suelen exacerbarse. Las pasiones por lo regular anulan toda posibilidad de análisis objetivo sobre la realidad. El peligro es obvio. En situaciones como esa las posiciones radicales se imponen y la moderación no encuentra espacio para expresarse. Leer más de esta entrada

A propósito de “bocinas”

El término preferido en las redes por quienes son incapaces de aceptar las ideas ajenas es el de “bocina”, para referirse a las personas supuestamente pagadas por el gobierno que hacen vida en los medios. Y con esa palabra cierran toda posibilidad de discusión. Se pretende así que la prensa está bajo el absoluto control del aparato propagandístico del gobierno, lo que equivaldría a un virtual secuestro de la opinión pública. El vocablo parece tener un gran poder de intimidación en gente que siente ya miedo de ser cuestionada por quienes solo aportan mediocridad a las redes.

Pero al generalizar el uso del vocablo podría estarse cometiendo una imperdonable injusticia contra periodistas que hacen su trabajo honradamente. Veamos algunos ejemplos entre los más importantes de la televisión matutina. ¿Son bocinas los conductores del canal 2 y los de CDN? ¿Los son Persio Maldonado y su equipo? ¿Y qué decir sobre la línea crítica de AN7? ¿Los son Alicia Ortega y los de El Despertador en el canal nueve; Huchi Lora, Javier Cabreja y Amelia Deschamps en el once? Por supuesto que no. Leer más de esta entrada

Cuando se cree en la gente

Los Premios Brugal Cree en su Gente son un ejemplo de la mejor muestra de responsabilidad corporativa.

Los ganadores de la edición de este año serán entregados este jueves y esa misma noche se conocerá el nombre de la entidad, entre los seis favorecidos, que recibirá el máximo galardón que lleva el nombre del creador de la Fundación, el fallecido empresario dominicano George Arzeno Brugal.

Estos galardones, que se otorgan desde hace años, reconocen esfuerzos de instituciones e individuos dedicados a labores comunitarias que tienden a mejorar la calidad de las condiciones de vida de conglomerados sociales y que impulsen programas que ayuden a propiciar proyectos encaminados a empoderar a grupos y comunidades en temas que contribuyan a mejorar sus condiciones de vida, sea en el ámbito de la salud como en la educación y en otras cuatro categorías. Los premios vienen acompañados de una importante dotación económica que ayuda a las entidades u organizaciones favorecidas a seguir trabajando en beneficio de sus respectivas comunidades. Leer más de esta entrada

Un muro entre la Iglesia y el Estado

Thomas Jefferson estableció los límites de las relaciones entre la religión y el Estado en una carta a la Asociación Bautista de Danbury, Connecticut, que más de siglo y medio después, en 1962, la Corte Suprema de los Estados Unidos usó para declarar inconstitucional el rezo en las escuelas públicas estadounidenses. Su frase “muro de separación entre Iglesia y el Estado” definió la línea en las relaciones entre las religiones organizadas y el Estado nacional.

El contenido de la misiva de Jefferson, uno de los padres fundadores de la nación norteamericana, tiene hoy tanta o más vigencia que en aquellos difíciles años, a propósito del empecinamiento clerical de imponerle pautas religiosas a una nación, que a despecho del lema “Dios, Patria y Libertad”, inscrito en su escudo, está regida por una Constitución inspirada en el laicismo. El Gobierno ha dicho enfáticamente, al defender la observación presidencial a la reforma del Código Penal que penalizaría todas las formas de interrupción del embarazo, que el tema es una cuestión de Estado, de salud pública, ajeno a toda consideración religiosa. Leer más de esta entrada

Tolerancia y fanatismo

Años atrás se publicó en Europa una serie de caricaturas satirizadas del Papa. En algunas de ellas, el Obispo de Roma y jefe espiritual de más de 800 millones de católicos, aparecía en situaciones bastante ridículas, como una en particular que lo mostraba en una playa exhibiendo una exuberante barriga y un pequeño traje de baño. Muchas de esas caricaturas, concebidas tras una visita de Juan Pablo II a España, fueron luego publicadas en el diario La Mañana, de Lérida, a finales de la década pasada. Posteriormente, la cadena de televisión MTV difundió la serie titulada “Popetown” (Ciudad del Papa), un conjunto de películas basadas en dibujos animados protagonizada por un Papa loco, excéntrico, en la que se mostraba también a un cardenal corrupto y criminal.

En esos días, en Europa se exhibió una exposición denominada The Pope, Humor Sant (El Papa, humor santo) que contiene 80 caricaturas satirizadas del jefe de la Iglesia, si bien no se hace contra ningún Pontífice en particular, sino valiéndose de la imagen de un Papa genérico. En ninguno de estos y otros casos, los católicos alrededor del mundo salieron a quemar neumáticos ni a destruir embajadas. Tampoco el Vaticano hizo publicar una “fatua” para condenar a muerte, donde quiera que se encuentren, a los responsables de esas acciones contra la Iglesia. Leer más de esta entrada

La llamada “ideología de género”

Que me excusen los que pudieran sentirse ofendidos, pero creo que este asunto de la ideología de género ha llegado demasiado lejos. Imagínense que una tarde, al regreso de la escuela, un hijo de seis u ocho años les diga a sus padres que su nombre no es Juan, sino Verónica, o al revés si se tratara de una niña, porque el profesor les enseña que la identidad sexual no proviene de las características biológicas con que se nace. Según esa “ideología”, la condición de hembra o varón es el fruto de la cultura, de una tradición que no es más que el resultado de un contrato social, de la que proviene la raíz de la desigualdad de género que la ideología pretende superar.

No es imaginación. Eso ya ocurre en España y en otros países europeos. En Madrid, no hace mucho, la Alcaldía de la comunidad se incautó y prohibió la circulación de un autobús por un letrero que rezaba: “Las niñas tienen vagina y los niños tienen pene”, porque ofendía a los promotores de esa ideología y protectores de los colectivos LGTB, para quienes lo correcto es que también “las niñas tienen penes y los niños vagina”. Leer más de esta entrada

Cuando la muerte revive recuerdos

La repentina muerte de Mary, una de mis dos hermanas, me trajo el recuerdo de mi madre. En la soledad de sus últimos años ella encontró un compañero con quien mataba su tedio en interminables soliloquios. Era un viejo cuadro de Jesús colgado encima de un retrato de mi padre que sus manos arrugadas movían a cada momento de un lugar a otro, en un espacio físico de apenas unas cuantas pulgadas. La imagen del Cristo tenía una sonrisa débil de tristeza, como si se empeñara en estar a tono con la tranquila soledad que sufría su acongojada propietaria. Era un recuerdo de bodas, que Esther, mi esposa, salvó de la destrucción años atrás enviándolo a enmarcar a tiempo.

Cuando le hablaba a la imagen del Señor no estaba del todo claro a quien se dirigía mi madre, si a El o a su ido compañero de toda la vida que había acudido a la llamada de la muerte quizás cuando más ella lo necesitaba. De todos los retratos de papá ese era su favorito. El que despertaba sus mejores recuerdos, al través de su sonrisa de varón apuesto y tímido, con su despejada frente y su regia nariz, que sólo heredaron dos de mis hermanos. Leer más de esta entrada