Un sentimiento de culpa

Al cotejar las reacciones a las denuncias contra el país por el tema migratorio, me asalta el temor de que pudiera estar creciendo entre nosotros un sentimiento de culpa por la penosa situación del pueblo haitiano y, muy especialmente, aquellos que han tenido en el territorio nacional la oportunidad que su nación no les ofreció. No es mi propósito entrar en el estéril debate, en este pequeño espacio, de si esas oportunidades les han servido de algo. Me resisto a añadir otra pérdida de tiempo a una discusión que a lo largo de los años no ha conducido a ninguna parte.

Lo cierto es que a partir de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la República Dominicana ha sido objeto de persistentes críticas, muchas de ellas injustas, que distorsionan la realidad de la inmigración ilegal masiva y creciente, un flujo humano que desborda desde hace tiempo la capacidad nacional para asimilarlo. La imagen que se ha creado de nosotros como nación ha generado estereotipos, contra los cuales el país ha tenido que lidiar para hacer entender a la comunidad internacional la validez de los argumentos que sustentan la política migratoria, sustentada en el Plan Nacional de Regulación.

Leer más de esta entrada

El sentido real de la democracia

Las democracias no se construyen solamente a base de leyes y constituciones. La democracia impera cuando sus reglas se transforman en hábitos de los ciudadanos. Cuando se hace una costumbre el respeto a las reglas y normas de convivencia y los principios de la Constitución se aceptan como pautas de la vida cotidiana. Funciona a partir del momento en que la población los asume como un estilo de vida.

Vivir en democracia no es tarea que concierna únicamente a los gobiernos. Los ciudadanos juegan un papel preponderante, porque se requiere de su atenta vigilia para hacer posible la dinámica que evite una especie de hibernación, que la condene a un somnoliento letargo. El funcionamiento de una democracia depende, por tanto, de la aceptación por los ciudadanos de los límites del ejercicio de sus derechos, si esto supone la garantía del usufructo de ellos por los demás. No se ejerce por la fuerza ni por la intimidación, por mucho que la sanción sea el freno a las excesos que la devoran. Tampoco es el resultado de acciones y políticas restrictivas, aun cuando muchas veces se hagan necesarias para la preservación del orden y los niveles mínimos de organización que permitan el libre ejercicio de las libertades públicas.

En el fondo, la democracia es la expresión máxima de la tolerancia, sin la cual no sería posible. Es aceptar que los demás no siempre están equivocados; que la verdad no se mide plebiscitariamente ni se determina por la voluntad de un poder que se estime superior a las leyes. Es coexistir con las diferencias. Por eso, es una práctica esencialmente cultural, fundamentada en el respeto a los derechos de la comunidad entera, cuyos hábitos se adquieren básicamente a través de la tradición, por lo que se hace a veces tan difícil entenderla y admitirla en el diario quehacer ciudadano.

Es por eso que a muchas sociedades se les hace tan cuesta arriba insertarla como una forma de vida diaria.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

La defensa de nuestros bosques

Si no detenemos la deforestación de nuestros bosques podríamos convertirnos en una réplica de lo que es Haití, nuestro vecino. La advertencia, que en su momento hiciera el hoy expresidente Danilo Medina, y parece compartir el actual mandatario Luis Abinader, no debería caer en el vacío ni vista como un asunto político partidista. Se trata de un reto fundamental, del que dependerá en un futuro no lejano la capacidad nacional para abastecer a la población de agua potable y garantizar la producción de alimentos a gran escala.

No se trata pues de una cuestión que competa solamente al gobierno. Es un desafío que exige la total entrega del liderazgo nacional, en todos los ámbitos de la sociedad, sin exclusión, porque del éxito que alcancemos en proteger nuestros bosques dependerá, en gran medida, la vida de nuestros ríos y las demás fuentes de agua, necesarias para la supervivencia humana. Es un tema que requiere de un compromiso serio, por encima de cuantas diferencias existan entre partidos y las demás organizaciones, sean gremiales, profesionales o empresariales, capaces de contribuir a la formación de una gran alianza para proteger un recurso vital de la república.

Leer más de esta entrada

Recordando una conversación con Bosch

Mientras trabajaba en la investigación del libro “El golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch”, tuve la oportunidad de entrevistar varias veces al líder del PLD, en la sencilla residencia donde entonces residía, en la calle César Nicolás Penson. Una de esas entrevistas fue grabada en video. En una oportunidad, entre finales de 1992 y comienzos del año siguiente, la conversación entró en un plano que nada tenía que ver con el propósito de mi investigación. Bosch me habló esa vez con entusiasmo de uno de sus temas favoritos: el de la desigualdad social, muy frecuente en sus alocuciones radiales a través del programa de su partido.

Durante su abortada presidencia, me comentó, sus esfuerzos por reducir la brecha social habían tropezado con la avaricia de las élites y la incomprensión existente entonces sobre la esencia de una verdadera democracia y la importancia de reducir los niveles de pobreza, como la vía más idónea y segura para impulsar el desarrollo y la paz y tranquilidad de la República. Aunque no fueron esas necesariamente sus palabras, sí eran el sentido de lo que él me transmitía.

Leer más de esta entrada

El desafío del futuro

¿A qué país queremos parecernos? ¿A Haití, Bolivia, Nueva Zelanda o Finlandia?

¿Puede la República Dominicana financiar su desarrollo con una presión tributaria del 13 o el 14 por ciento del PIB? Son preguntas fundamentales. Si nos ponemos de acuerdo en las respuestas y miramos hacia adelante dejando atrás ese inmediatismo característico de la vida nacional y que mal orienta las discusiones en el ámbito de la política, seguramente superaríamos las trabas que impiden una llana discusión y todo lo demás podría resultar más fácil.

Algunos cálculos económicos sugieren que un incremento del uno por ciento del PIB en las recaudaciones fiscales bastaría para superar, en situaciones normales, el déficit presupuestario como el que teníamos antes de la pandemia. Otro uno o dos por ciento de incremento podría ser suficiente para preservar las expectativas de estabilidad macroeconómica en los próximos años y aunque hay discrepancias con relación a estos números, es evidente que un diálogo serio y representativo al más alto nivel de la sociedad, encontraría sin muchas dificultades las fórmulas de nuestro despegue definitivo.

Leer más de esta entrada

El carácter clientelar de la política

Para que se tenga una idea de nuestra práctica política clientelar sería suficiente señalar el ejemplo de Francia. El país galo es la segunda economía de la comunidad europea, después de Alemania, es miembro del llamado Grupo de los Siete, que reúne a las naciones más desarrolladas del mundo, y posee su propio arsenal nuclear. Lo habitan más de 66 millones de personas, y su extensión territorial es de 674,843 kilómetros cuadrados, seis veces la población dominicana y catorce veces la superficie nacional.

En ese país, cuna de ilustres pensadores y artistas, el tope del gasto en campaña era pocos años atrás, según cifras disponibles, 22 millones de euros, unos 25 millones de dólares, equivalentes a unos 1,087 millones de pesos dominicanos, mucho menos de lo que los 32 senadores de esta economía caribeña se engullen en menos de cuatro años en barrilitos y bonos con motivo de la navidad, los Reyes, el día de las Madres y otras celebraciones en las que la voracidad de nuestros honorables legisladores hacen cada año su agosto, sin contar, por supuesto, los añadidos que a esa fiesta permanente del desorden, la falta de transparencia y el irrespeto a la legalidad representan, en probablemente mayor proporción los 190 y tantos diputados de la hipertrofiada Cámara Baja.

Leer más de esta entrada

Más bancas que escuelas e iglesias

A mediados del 2014, el Ministerio de Hacienda sugirió la idea de reducir los sorteos diarios de las distintas loterías existentes y en los seis años transcurridos desde entonces, han sido pocas las reacciones a favor de esta importante recomendación.

En el país funcionan más establecimientos de juegos de azar que escuelas, colegios e iglesias de todas las denominaciones juntas. Es mucho mayor el gasto en loterías, juegos de azar y apuestas, que el consumo nacional de leche y carne. La gente gasta lo que no tiene en la vana ilusión de conseguir un golpe de suerte que cambie radicalmente su vida y aunque uno que otro lo consigue, la casi totalidad de la población que se aferra a ese sueño despierta decepcionada al chocar al día siguiente con la realidad.

Uno de los premios más alto obtenido en esas loterías, y este no es un chiste, ocurrió a comienzos de ese año y una de ellas anunció en un corto mensaje de prensa que el boleto ganador se había vendido, léase bien, ¡en Turcos y Caicos! Y se acabó. Tenía un acumulado de unos 170 millones de pesos y, por supuesto, nunca se anunció la identidad de tan feliz ganador.

Leer más de esta entrada

Episodios inéditos de nuestra historia (4 de 4)

A su llegada al país, Bonnelly fue increpado por Trujillo quien le preguntó porqué había dado refugio a un político asilado, a lo que respondió diciendo que se había limitado “a dar asistencia a un hombre que temía por su vida, lo cual de nuevo haría”. Trujillo le dijo: “Así actúan los hombres” y lo felicitó.
El canciller Porfirio Herrera Báez se le acercó: “Embajador de por no recibida mi queja”. Era un cable advirtiéndole que el refugio a Perón violaba las normas de la política exterior dominicana .

Perón permaneció en territorio dominicano hasta mediados de enero de 1960, cuando viajó a Madrid con el beneplácito del generalísimo Francisco Franco, luego de develarse la conspiración contra el régimen trujillista del movimiento Catorce de Junio.
Perón regresó a la presidencia argentina, por tercera vez, el 23 de septiembre de 1973, tras 18 años de exilio. Murió, sin completar su último período, el 1 de julio de 1974.

Leer más de esta entrada