Una vecindad difícil (3)

Poco después del mediodía, Radio Santo Domingo difundió un primer boletín oficial informando de un ultimátum de tres horas del Gobierno al presidente haitiano François Duvalier para que cesara la agresión. Al cabo de ese plazo la aviación dominicana desataría un ataque contra el palacio presidencial de Puerto Príncipe.

Aviones de combate habían ya sobrevolado la capital vecina para dejar caer volantes, en francés y creole, la lengua criolla usada por la mayoría de la población haitiana, previniéndola de un posible bombardeo. Los volantes informaban de la agresión a un poblado dominicano.

Exigían además un cese inmediato al fuego, castigo de los culpables, empezando con Duvalier y acuerdos de reparación y compensación por los daños materiales y morales infligidos a la República Dominicana. Bosch estaba decidido, se decía, a rescatar el honor mancillado de la patria. Las calles comenzaban a ser escenarios de espontáneas manifestaciones de apoyo al Gobierno.

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Una vecindad difícil (2)

La población, intranquila por la agitación incesante y la amenaza de nuevas huelgas, fue estremecida el 23 de septiembre por el anuncio de una agresión haitiana al territorio dominicano. Parecía la culminación de un largo período de tensas relaciones, que a finales de abril y comienzos de mayo parecía conducir a un virtual estado de guerra entre los dos países, separados por una frontera de poco más de trescientos kilómetros de tierra agreste y una historia de rivalidad, violencia y frágil paz.

En las primeras horas de la mañana corrió el rumor sobre un grave conflicto fronterizo. Las estaciones de radio interrumpieron sus programaciones para propalar “versiones extraoficiales” acerca de nuevas escaramuzas que afectaban poblaciones a uno y otro lado de la frontera. Las noticias que planteaban la posibilidad de un choque armado. Una alarma general cundió en la población.

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Una vecindad difícil (1)

A lo largo de la historia, las relaciones entre países que comparten una frontera común han sido difíciles aunque no siempre las diferencias han conducido a la guerra. Este ha sido el caso en la frontera en esta isla que compartimos con Haití. Y a despecho de las enormes diferencias, casi insalvables que dificultan una sana y estable comunicación, los dominicanos y los haitianos han sabido convivir como vecinos.

Las diferencias idiomáticas, que impiden una transparente comunicación, sus orígenes históricos, sus costumbres y tradiciones, son tan abismales que la vecindad no ha contribuido al logro de entendimientos en áreas que promuevan el desarrollo bilateral y una próspera convivencia.

Cada cierto tiempo, esas diferencias afloran y ponen al desnudo las dificultades que hacen de las dos naciones rivales de una vecindad más lejana que la distancia que geográficamente nos separan y hacen de su frágil línea fronteriza, una zona permanente de conflicto.

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La causa real de nuestro rezago

Cuando mi hija nació, en marzo de 1969, Joaquín Balaguer estaba en el tercer año de su tercera presidencia y la primera fruto de elecciones directas. Dos décadas y media más tarde en 1995 el líder reformista seguía al frente del gobierno mientras ella terminaba su maestría en una universidad estadounidense. Su primera hija nació tres años después y Balaguer era de nuevo candidato a la presidencia después de haber ejercido el poder por 22 años, con un interregno de apenas ocho. Cuando murió, a la edad de 96 años, totalmente ciego, era todavía candidato presidencial y líder inobjetable de su partido.

En 1996, Leonel Fernández asumió la presidencia y 16 años después seguía ejerciendo el cargo. Todavía, a pesar de las transformaciones que hemos experimentado, mantiene la intención de intentar un regreso en el 2024, como ya lo hiciera sin éxito el año pasado, a pesar de haberlo ejercido por doce largos años, es decir tres periodos, con sólo uno de la oposición entre el 2000 y el 2004.

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El virus de la corrupción

A pesar de los años transcurridos, recuerdo que un ministro brasileño se vio precisado a renunciar en el 2011 después que un diario de Sao Paulo informó que su esposa usaba como “chofer particular” a una persona pagada por el Parlamento y días más tarde se publicó la renuncia de un legislador puertorriqueño incapaz de probar de dónde sacó el dinero para comprarse un automóvil de lujo. Estos dos hechos bastarían para derrumbar los infelices argumentos con los cuales se ha justificado por años entre nosotros la ausencia de acción para combatir la corrupción, a despecho de las múltiples y espantosas denuncias publicadas casi a diario en los medios.

Con frecuencia se nos dice que probar la corrupción es muy difícil y por ende casi imposible combatirla y ni soñar erradicarla. La verdad es que llegamos a ese punto por falta de voluntad política. Lo demuestran los casos de renuncias mencionados. El problema es que si los parámetros con que se mide la corrupción en esos dos países se dieran en el nuestro, no tendríamos muchos funcionarios y probablemente también muy pocos periodistas. Los cables publicados en los últimos años revelan que esa falta de voluntad era y es percibida todavía en el exterior. Y como todos sabemos se ha dado en los más altos estamentos del poder político dominicano, si bien es obvio que esa percepción pudiera estar cambiando.

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“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales como en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, de acuerdo con la traducción,el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuleto. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos.

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Que el buen viento nos guíe

La temporada ciclónica 2021 se inicia mañana, la que los expertos pronostican menos activa que la anterior, lo que necesariamente no debiera inducir a descuidar la vigilancia.

Por suerte hay suficiente experiencia acumulada por lo que se puede asegurar, sin exagerar, que el país está preparado para abordar cualquier contingencia y estamos en condiciones para afrontar el embate de la naturaleza, aunque a decir verdad, lo mejor es que no nos toque ninguno de consideración.

Nuestros organismos de socorro han avanzado mucho en prevención de desastres, en respuestas a emergencias, cumplimiento de protocolos para este tipo de situación y en coordinación interinstitucional.

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“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales como en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, de acuerdo con la traducción,el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuleto. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos.

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