Episodios inéditos de nuestra historia (3 de 4)

La reseña del diario caraqueño daba detalles del ataque a la embajada, señalando que alrededor de las dos y media de la madrugada, un grupo no identificado había rodeado la quinta Niní, situada en la avenida Los Castaños, urbanización Los Chorros, “y dispararon en varias oportunidades hacia el interior de la residencia”, sin causa daños de consideración. Los efectivos de la Guardia Nacional que custodiaban la sede diplomática dominicana respondieron los disparos, pero no hubo registro de heridos ni detenciones. Horas después, el embajador Bonnelly denunció el caso al gobierno, que dio, según el periódico, “las excusas correspondientes”, a través del Ministerio del Exterior.

Tras ser informado de la decisión de permitir la salida de su huésped, a pesar de un impedimento judicial por una deuda de 39 mil bolívares, que Perón no reconocía, Bonnelly envió un cable al presidente Héctor Bienvenido Trujillo, informándole que el exdictador saldría a las cinco de la tarde, con otras tres personas, él entre ellas.

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Episodios inéditos de nuestra historia (2 de 4)

El portador de la misiva del exdictador argentino Juan Domingo Perón, exiliado en Venezuela desde su derrocamiento en 1955, le informó al embajador Bonnelly el deseo de este de encontrar refugio en la misión diplomática y conseguir salvoconducto para viajar a Ciudad Trujillo, donde el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo le recibiría con “los brazos abiertos”. La presencia de Perón en Venezuela no era bien vista por los opositores a Pérez Jiménez y el líder argentino temía que el desorden que seguiría a la caída del régimen pusiera en peligro su vida.

Bonnelly fue en busca de Perón y le dio refugio en la embajada, poniendo cablegráficamente a Trujillo en conocimiento del caso. La presencia de su huésped generó protestas y manifestaciones alrededor de la residencia diplomática, atacada incluso a tiros, para lo cual se hizo necesaria doblar la seguridad.

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Episodios inéditos de nuestra historia (1 de 4)

El jueves 23 de enero de 1958, el embajador en Venezuela, Rafael F. Bonnelly, recibió en su despacho un breve manuscrito. El texto decía: “Estimado embajador: El portador de la presente le explicará mi situación y le dirá mis ruegos. Un gran abrazo, Juan Perón”.

Fuera de la quinta Niní, sede de la embajada, Caracas era un hervidero humano. Tropas del ejército y la policía trataban de contener a las multitudes enardecidas que celebraban la caída del dictador, general Marcos Pérez Jiménez, quien había huido en la madrugada hacia la República Dominicana, tras los pronunciamientos militares exigiendo su salida del poder.

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El falso camino de redención

La llamada izquierda revolucionaria se resiste a aceptar cuán equivocada estuvo siempre. No les basta con lo sucedido a los países del llamado Bloque Oriental europeo, la destrucción del Muro de Berlín por los alemanes ansiosos de libertad y aire puro, la triste realidad de Corea del Norte y el tímido y vergonzoso tránsito de Cuba a un modelo rupestre del capitalismo, después de más de medio siglo denostándolo como un sistema incapaz de exaltar la dignidad humana.

Casi sesenta años se necesitaron para convencer a regañadientes a los líderes de la revolución castrista que la propiedad privada y la libre iniciativa individual son valores inherentes a la existencia misma y no señales oprobiosas de un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre. La prometida redención del pueblo cubano se da allí con la autorización oficial para moverse con alguna libertad dentro del propio territorio de la isla, tener a título de concesión un conuco propio, una barbería, un automóvil, una computadora o una pequeña bodega para vender víveres y alimentos cocinados.

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Jerusalén en el centro de la historia (2 de 2)

Durante siglos, Jerusalén creció, languideció y volvió a resurgir de sus cenizas dentro de los estrechos espacios físicos que le imponían las murallas levantadas por uno y otro conquistador, y no fue hasta mediados del siglo XIX cuando se construyó el primer barrio fuera de la ciudad amurallada. Así nació lo que hoy se conoce como Nueva Jerusalén y en la que, a raíz de la división surgida como consecuencia de la guerra de independencia de 1948, los israelíes establecieron su gobierno.

Los ingleses tomaron la ciudad 1917 tras vencer a los turcos en la Primera Guerra Mundial, poniendo así fin a cuatro siglos de dominación otomana. Entonces Jerusalén pasó a ser sede de la Administracion Militar Británica que expiró el 14 de mayo de 1948 con la declaración del nacimiento del estado judío, decisión tomada al amparo de la resolución de las Naciones Unidas que había, meses antes, aprobado la partición de Palestina para la formación allí de dos estados independientes, uno judío y otro árabe palestino.

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Jerusalén en el centro de la historia (1 de 2)

A través de los siglos, Jerusalén ha sido centro de disputas y objetivo de conquistadores. Cristianos, musulmanes y judíos reclaman hegemonía sobre ella, pero sólo éstos últimos han estado física, emocional y espiritualmente ligados a Jerusalén con el paso del tiempo a lo largo de la historia.
Su control ha pasado de una religión a otra y ha sido destruida y bloqueada más de 20 veces en los últimos 3,000 años. La zona de Jerusalén fue prometida a dos tribus de Israel, cuando ese lugar fue repartido en los albores de la historia. En el año 1000, antes de la era actual, el rey David conquistó la ciudad y estableció en ella su capital. Su hijo, el rey Salomón construyó el templo transformando la ciudad en el centro espiritual y religioso de las tribus que componían entonces el pueblo de Israel.

Las huestes de Nabucodonosor, rey de la Babilonia, la destruyeron pero los judíos regresaron de su exilio en el 455 a.C Estuvo más tarde en el poder los macabeos y Herodes el Grande hizo de ella una ciudad gigantesca mucho después. Los árabes no llegaron a Jerusalén hasta el 636 d.C y en ella dominaron los Califas durante 500 años. En este período fue llamada Al Makdas. – el Venerable Santuario- debido a su santidad.

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El difícil camino hacia la reforma

Tanto o más que una reforma fiscal, el país requiere sin más dilaciones de un gran pacto social que estreche la enorme brecha que hace de la sociedad dominicana una perenne amenaza de explosión, ahora magnificada por las dificultades económicas derivadas de la crisis sanitaria del Covid-19.

Admito que la experiencia obtenida en la discusión del finalmente fragmentado pacto eléctrico, no abona el camino hacia la reforma, sobre la que existe en amplios sectores la idea de que se trata de un acuerdo para aumentar las tasas impositivas, la mayor parte de las cuales recaerían en la clase media y los más vulnerables. Esta percepción está muy arraigada en la psiquis nacional. Por tanto, se necesitará de un gran esfuerzo, un relato muy persuasivo, para extirpar ese temor de la mente nacional y allanar el sendero a una reforma que simplifique el sistema tributario, mejore la calidad del gasto público y siente las bases de una firme marcha hacia el progreso y el desarrollo.

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La doctrina social de la Iglesia(4 de 4)

Cuando la distribución de la propiedad es un obstáculo “al normal rendimiento de la economía”, lo cual no es originado siempre por la extensión del patrimonio privado, en interés del bien común, el Estado “puede intervenir para regular su uso, o también, si no se puede proveer justamente de otro modo, decretar la expropiación mediante “la conveniente indemnización”.

La sentencia no es hija de un discurso populista ni proviene de un líder comunista. Formó parte del mensaje radial de Pío XII, uno de los papas más conservadores de la historia, de septiembre de 1944, que citáramos en nuestra entrega de ayer. En Octagesima Advenies, años después, Paulo VI llegaba a conclusiones más radicales en materia económica. El Evangelio, escribió, “al enseñarnos la caridad nos inculca el respeto privilegiado a los pobres y su situación particular en la sociedad: los más favorecidos deberán renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás”.

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