El primer aniversario del “cambio”

El presidente Luis Abinader cumple hoy el primero de cuatro años de gobierno, periodo para el cual fue escogido en un proceso electoral caracterizado por situaciones políticas y sanitarias excepcionales que marcaron su gestión mucho antes de su nacimiento.

En este primer aniversario, el balance muestra una mezcla de luces y sombras, que indican los grandes y difíciles retos que habrá de enfrentar en el resto de su mandato. El éxito alcanzado en la lucha contra la pandemia sanitaria por una sostenida campaña de vacunación y los frutos de sus esfuerzos por acelerar la recuperación económica, tras un 2020 de enclaustramiento, reducción de la actividad productiva y un incremento de la rivalidad partidaria, no se dieron en este primer año en otras importantes áreas del quehacer gubernamental.

La Peste Porcina Africana, que ya el país padeciera en los años finales de la séptima década del siglo pasado, el aumento del desempleo por efecto de las cancelaciones masivas en el personal de la Administración Pública, el incremento de los precios de productos de consumo básico y de los combustibles, la caída del suministro de energía a los hogares, con fuertes y frecuentes apagones, y el deterioro de la imagen del gobierno reflejado en las redes, reflejan una realidad que podría acompañarlo hasta el final de su gestión.

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El “Che” real y verdadero

El periodista y escritor dominico cubano, Daniel Efraim Raimundo, de sólida formación intelectual y exquisita prosa, recreó un inventario de frases escalofriantes de Ernesto Guevara, el Che, a propósito de la fanática manera en que su figura de guerrillero se endiosa en cada aniversario de su muerte, señalando que esos mensajes serían propios de personajes siniestros como Torquemada, Hitler, Heydrich, Franco o Pinochet.

“¿Fusilamos? Sí, fusilamos y continuaremos fusilando mientras lo consideremos necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”, pronunciada en la ONU en 1964. Y esta otra: “El negro indolente y soñador gasta su dinero en cualquier frivolidad o diversión, mientras que el europeo tiene una tradición de trabajo y economía que lo sigue hasta estos lugares de América y lo lleva a progresar”, en su diario “Notas de Viaje por América Latina”.

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Entre el Código y las tres causales (2 de 2)

Los problemas políticos se resuelven cuando el liderazgo, en el gobierno como en la oposición, asume la responsabilidad de encararlos cara a cara echando a un lado las diferencias. Y nada parece confirmarlo tanto como la interminable e infructuosa discusión alrededor del proyecto del Código Penal y las tres causales en la interrupción del embarazo.

Es imposible pretender salvar situaciones complejas con tácticas elusivas o valiéndose de intermediarios, para encontrar salidas satisfactorias a leyes que contribuyan a fortalecer las instituciones o despejar de obstáculos la búsqueda de salidas a temas fundamentales.

Tampoco conduce a nada amarrarse a la idea de ganar tiempo retirándose de pláticas negociadoras, porque esa táctica no deja frutos ni da margen de justificación si a la postre los esfuerzos no comportan avance alguno. Abandonar la mesa de negociación con comunicados llenos de lugares comunes cada vez que surge un inconveniente ganan todavía titulares en los medios, pero congela el crecimiento de quienes apelan a ese recurso estéril. La responsabilidad del liderazgo, es asumir el diálogo directo, sin mediadores que perdieron la utilidad que una vez tuvieron, porque los temas bajo discusión son muy delicados como para enfrentarlos mediante mandados a terceros, como aun suele suceder.

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Entre el Código y las tres causales (1 de 2)

El atascamiento del proyecto que crearía un nuevo Código Penal es muestra fehaciente de la incapacidad negociadora que nos impide avanzar con la rapidez necesaria para alcanzar objetivos en los que la mayoría parecemos o pretendemos estar de acuerdo. En muchas ocasiones en nuestro pasado reciente, se postergaron la aprobación de asuntos vitales para por diferencias irreconciliables y de esa manera dejamos pasar oportunidades, hoy perdidas, o que nos costará recuperar, con un negativo balance en la lucha contra el atraso y el subdesarrollo.

El Código sobre el que el país ha cifrado grandes expectativas para mejorar la lucha contra el crimen organizado, la corrupción y las deficiencias en la administración de una justicia sana conforme al Derecho y la Constitución, es una víctima de esa indolencia nacional. Lo que estanca su aprobación es el tema de las tres causales, que un importante sector entiende que es una vía segura a la legalización del aborto.

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Por encima de las diferencias

En la tradición política dominicana, nada que haga el gobierno encuentra apoyo en la oposición. Y nada que diga la oposición se atiende en el gobierno. Esa característica peculiar de nuestro accionar político se da incluso en los temas en que teóricamente hay coincidencia de pareceres, impidiéndonos avanzar en la búsqueda de solución a los problemas que arrastramos desde el nacimiento de la República.

Todo el que hace vida política suele decir que la educación es la clave del futuro, la magia liberadora de la esclavitud proveniente de la ignorancia y el analfabetismo. Mismo ocurre con la salud pública, el medio ambiente, el transporte, los servicios públicos y cuantas cosas influyen en la vida diaria de la gente que habita este país. Bastaría una simple revisión de las propuestas electorales, las actuales y las del pasado, para comprobar cuán similares son y han sido las de unos y las de los otros, sin que en la práctica se haya dado un concierto de voluntades para hacerlas realidad y sentar así las bases del bienestar real al que todos tenemos derecho sin importar afiliaciones y creencias.

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Visiones de corto plazo

La práctica ancestral de sancionar las leyes en lugar de aprobarlas en el Congreso es la causa de que muchas de ellas no funcionen o no puedan ser aplicadas a plenitud. Mismo ocurre con las sentencias de nuestros tribunales, evacuadas en lugar de ser dictadas.

La aprobación de leyes, sin importar cuán importantes sean, se da en medio del ruido, no de la razón ni tampoco de la urgencia que ellas tengan.. Por eso, proyectos de vital trascendencia para el futuro nacional, se enmohecen en los archivos del Congreso, después de largas e infructuosas discusiones en las que nadie da su brazo a torcer, cediendo a veces a las presiones o chantajes de intereses particulares.

Esa es la causa de que en la lucha contra la corrupción se echen a rodar conceptos y valores fundamentales de nuestra estructura jurídica con tal de ver y tener gente en prisión, a costa incluso del respeto al debido proceso y la presunción de inocencia.

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La lucha contra la criminalidad

La defensa de los derechos humanos ha ocupado la atención de los medios por su importancia en la práctica democrática y ese permanente interés ha generado serios cuestionamientos a las políticas oficiales sobre la materia. Buena parte de la preocupación se ha centrado en la protección de los derechos ciudadanos de aquellos que hacen del crimen y de la violencia física normas de conducta, sin reparar el daño que causan a los demás y la desprotección con que se dejan a los más vulnerables, los que frecuentemente son sus víctimas.

Por desgracia, la creatividad de los organismos de protección ciudadana no se compara con la facilidad y rapidez con la que las distintas modalidades del crimen organizado han logrado ampararse en los tecnicismos que las leyes ponen a su disposición, colocándolos cada día más lejos del alcance de las sanciones legales y haciendo más difícil y menos eficiente el combate a la criminalidad y la delincuencia. Algunas de las instituciones de la sociedad civil defensoras de los derechos ciudadanos han sido muy activas en defensa de los derechos de los criminales más que en los de sus víctimas y esta realidad es innegable, por mucho que duela y avergüence.

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La obra que Beethoven dedicó a Napoleón

De todas las obras del genial compositor alemán Luidwig Van Bethoven, ninguna tuvo el impacto que la Tercera Sinfonía, La Heroica, en Mi bemol mayor, opus 55, que al decir de los expertos marcó el comienzo del romanticismo musical, rompiendo con los cánones del tradicional clasicismo de su época.

Esta obra, que Beethoven dedicó inicialmente a Napoleón Bonaparte, no fue bien recibida tras su estreno en Viena en 1805, bajo su dirección. Sus críticos, que no resistían su temperamento apasionado y agrio, la calificaron de excesivamente larga, inconsistente y aburrida.

La obra le había costado al autor dos años de arduo trabajo. Cuando Bonaparte se proclamó emperador en 1804, Beethoven rayó el nombre con enfado y sustituyó el segundo movimiento, “La marcha triunfal”, por una marcha fúnebre, y llevó después ese segundo movimiento al último de su Quinta Sinfonía. Cuando la obra fue posteriormente publicada, en 1806, le dio el título de “Sinfonía Heroica compuesta para celebrar el recuerdo de un gran hombre”, para mostrar su desencanto con el restablecimiento del imperio francés.

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