El fatídico culto a la personalidad

Si llegaran a preguntarme qué medidas fuera del ámbito económico esperaría de una administración empeñada en arreglar las cosas, reclamaría de inmediato un decreto prohibiendo “el elogio a la figura presidencial”. Sería un primer paso a la eliminación del culto de la personalidad, tan dañina en nuestra historia, y que en los últimos años se incrementó reviviendo en la memoria de generaciones las terribles consecuencias de esa odiosa práctica en la vida nacional.

Esa medida conllevaría necesariamente otras prohibiciones, como las ridículas normas protocolares de trasladar sin importar distancia a todos los actos públicos la silla decorada con el escudo nacional donde el Presidente se sienta, para hacerlo ver más alto que los demás, lo que ya no se hace. Se llevaría consigo los vacíos y rigurosos discursos que en toda actividad oficial deben pronunciarse para agradecerle su honrosa y magnánima presencia, con la bendición obligada del obispo o el cura de la parroquia, según el caso. Enviaría a Bienes Nacionales como una reliquia la alfombra roja que se le coloca, creo con el actual en desuso, para resaltar sus pisadas, oficializando la supuesta prohibición del retrato presidencial en cada oficina pública.

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Los mejores entre los grandes

Hace años, la BBC de Londres reunió a expertos para escoger los 20 mejores tenores de todos los tiempos, lo que desató una apasionada controversia. La elección colocó a Plácido Domingo en el primer lugar. Si bien Domingo reúne todas las condiciones para merecer la distinción, no es justo embarcarse en una tarea de esa naturaleza por la sencilla razón de que muchos de los más grandes nunca fueron escuchados por el jurado como Hipólito Lázaro, Giacomo Lauri Volpi, Miguel Fleta, Enrico Caruso.

Tampoco parece correcto mezclar voces líricas ligeras, como las de Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus, Tito Schipa y Luigi Alva, con la de tenores spinto y dramáticos como el propio Domingo, Mario Del Mónico, Giovanni Martinelli,Giuseppe Di Stefano y Franco Corelli, o el de heldentenores como Vickers. La selección incluyó al joven peruano Juan Diego Florez, lo que me parece muy prematuro, porque a pesar de su hermoso timbre y extraordinaria extensión, como lírico ligero no es voz adecuada para muchas de las más famosas partituras de los grandes maestros.

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Sobre la libertad de los medios

La distorsión más dañina al periodismo ha sido la creencia de que un medio está obligado a publicar o difundir todo lo que recibe, escriben o plantean sus reporteros y comentaristas. Los promotores de ese periodismo de “vanguardia” y de “compromiso con la verdad” entienden que la negativa del medio en que laboran a aceptar cuanto quiera decirse o escribirse en sus espacios y páginas constituye una violación a la libertad de prensa y una limitación del derecho a la libre expresión. La pretensión carece de base. En una sociedad democrática y plural como la nuestra imponerla lesiona el derecho de propiedad, tan legítimo como las demás libertades básicas.

Ningún medio está obligado a hacerse eco de aquello que considera lesivo o no comulga. Lo que sí erosiona la libertad son aquellas leyes y restricciones que suelen imponer los gobiernos para impedir la publicación de noticias que cuestionen el estado de derecho o las políticas oficiales, lo que no es el caso en la República Dominicana, porque aquí afortunadamente, nos agrade o no aceptarlo, hay tolerancia a una prensa crítica. Y amparado en ese clima democrático, crece una tendencia muy negativa a hacer mal uso de la libertad de expresión, y sabemos que nada hace más daño a la credibilidad del periodismo nacional que esa modalidad sin límite alguno, que a diario vemos y escuchamos.

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Gasto de calidad y brecha social

Es cierto que el crecimiento sostenido de la economía durante tres décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expandido. Pero la única vía para lograrlo es a través del gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad en base a los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia o transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales. Para mejorar la educación no basta con las reformas curriculares. Es un largo proceso que involucra un cambio en la mentalidad del magisterio, más comprometido hoy con sus reivindicaciones laborales que con sus obligaciones en las aulas. Mismo ocurre en el área de la salud, donde hay un visible esfuerzo por mejorar la planta física hospitalaria y las condiciones de los profesionales del área.

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El peso de los agravios

Por años he venido diciendo que la mayor de nuestras fatalidades, es la dificultad para echar a un lado las diferencias, que en el fondo no son tantas ni abismales, para laborar juntos y en armonía en un objetivo común. Y cuando revisamos las posiciones de los actores políticos y los del ámbito civil, es fácil encontrar una similitud de propósitos muy superior a sus desacuerdos.

Inexplicablemente ha costado mucho encontrar vías expeditas para hallar la solución de nuestros más graves problemas, por la falsa creencia de que endosar propuestas ajenas equivaldría a poner al contrario en posición de ventaja, despojándose a sí mismo de una oportunidad para brillar cuando toque estar al frente. Esa característica de la realidad nacional, revela la terca mediocridad que mueve la acción política a base de resortes estructurados para funcionar solo en sórdidas componendas de conveniencia particular.

Cada día que transcurre así resta espacio en el futuro, porque congela el presente para hacerlo parte de un pasado que obstinadamente traza la marcha de un porvenir al que se avanza al paso de tortuga.

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La amenaza de una nueva reforma

El presidente Luis Abinader ha anunciado el propósito del gobierno de promover una nueva reforma fiscal, que a todas luces significará más impuestos para la clase media y los grupos más vulnerables. La idea se basa en la supuesta necesidad de aumentar los ingresos del Estado para encarar las demandas del país. Así ha sido siempre y los resultados no podrán ser distintos a las experiencias vividas en el pasado en situaciones similares: gobiernos ricos con pueblos cada vez más insolventes.

El problema radica en la resistencia del liderazgo político nacional a aprender de naciones más exitosas y desarrolladas. Recuerdo, por ejemplo, perfectamente que Ronald Reagan en lugar de cargarle más peso a la población optó por comprimir el gasto público, achicando el papel del Estado en la vida de los estadounidenses. La economía creció y el nivel de vida de los ciudadanos mejoró notablemente.

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El Pithecanthropus de la política dominicana

A finales del siglo XIX, el científico holandés Eugéne Dubois encontró en la isla de Java fósiles muy parecidos a restos humanos, que dentro de la búsqueda entonces del eslabón perdido los definió como huesos pertenecientes al primer hombre mono erguido al que llamó Pithecanthropus erectus. Siglo y cuarto después en el ámbito del partidarismo dominicano no resultaría difícil encontrar fósiles que muy bien servirían para ilustrar a nivel nacional una imaginaria actividad política un millón y medio de años atrás, con antepasados del hombre actual.

Es la situación que suele darse cuando los dirigentes de partidos negocian por conveniencia personal posiciones electorales que no podrían conseguir por sus propios medios, impidiendo el crecimiento de su dinámica interna, a lejana distancia de las elecciones sin mediar ninguna competencia entre aspirantes. El hecho de que en esas circunstancias brillen personas inclinadas a favorecer esa salida a crisis interna de la oposición política, es prueba más que suficiente para medir el grado de envilecimiento a que se ha llegado en partidos que bien podrían haber trabajado en procura de un historial democrático digno de mejor futuro.

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Iniciando el segundo de cuatro años

Hoy se inicia el segundo de cuatro años del gobierno del presidente Luis Abinader. En el primero, que ayer concluyó, debió desenvolverse en medio de una crisis sanitaria y un descenso de la actividad económica después de un largo tramo de crecimiento, que convirtió la del país en la más pujante de todo el Caribe y Centroamérica.

En medio de ese panorama no podía esperarse que la propuesta que le llevó a la Presidencia pudiera cumplirse a cabalidad. Con todo, el balance de ese primer año arrojó algunos logros que en las circunstancias en las que debió gobernar pudieran bastar para reinvindicarlo, como es el caso del programa de vacunación y sus esfuerzos por reactivar el turismo, una fuente importante de generación de divisas y empleo. A su favor, podría reclamarse que el empeño comprometió y exigió de todo su tiempo y esfuerzo.

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