El lucro de la economía

MIGUEL GUERREROEn estos días ha vuelto a cobrar vigencia en el léxico político la palabra “lucro”, por décadas tan manoseada en la retórica política dominicana. Al decir de muchos funcionarios y políticos el lucro es incompatible con toda obra de bien colectivo y es una de las causas de las grandes desigualdades sociales que caracterizan la sociedad en que vivimos.

Cuando el lucro es producto del tráfico de influencia, la corrupción administrativa, el narcotráfico, la prostitución, el juego y otras prácticas criminales y viciosas, la definición le viene al dedo. Pero la satanización del lucro proveniente de una operación o negocio lícito es una de las razones que explican el subdesarrollo material de muchas naciones. En la clase política del país se entiende que el papel estatal en el ámbito empresarial no debe perseguir fines lucrativos, es decir utilidades y niveles de rentabilidad que se hacen necesarios en todo proyecto privado. Esta estrecha visión es lo que explica la quiebra de la empresa pública y la pésima calidad de los servicios que el Estado, ofrece desde los mismos inicios de la República. Leer más de esta entrada

Otra candidatura de Leonel Fernández

MIGUEL GUERREROEn el discurso de lanzamiento de su nueva candidatura, el expresidente Leonel Fernández anunció a ritmo de merengue que le daría otra pela a la oposición en las elecciones del 2016. La frase no debería sorprendernos porque el señor Fernández es probablemente el político dominicano que menos respeta a sus adversarios. Contrario a la imagen del “estadista” sosegado, que parece musitar cuando habla en los foros internacionales y en sus frecuentes contactos con la élite empresarial que lo apoya y financia, su verdadera personalidad es la que exhibe ante las multitudes; cuando se contornea, baila y gesticula al mejor estilo peñagomista, embriagado por los aplausos que mitigan sus complejos.

Propinarles “pela” a los adversarios no parece propio de un demócrata, ni tan extemporánea amenaza ayuda al desarrollo de una campaña decente y respetuosa, a la que todo candidato está obligado por respeto a los electores y al sistema, porque con esa actitud la zurra terminará recibiéndola el proceso y aquellos que aún creemos en la importancia de los partidos. La bipolaridad de quien ha sido ya tres veces presidente de la República queda al descubierto con esos esporádicos exabruptos; con su conocida arrogante negativa a discutir con sus contrarios los problemas nacionales, al considerarlos indignos, y sus despectivas referencias a aquél Congreso en control del perredeísmo al que llegó a calificar de arrabal, pese al apoyo que éste le prestó aprobándole todos sus leyes, préstamos y contratos.

La ambición de este hombre acabará con la tolerancia que caracteriza la democracia dominicana, porque si llegara a ser candidato no habrá fuerza capaz de impedir su cuarto ascenso a la cúspide del poder político y con ello acabará toda posibilidad de discusión libre y al igual que Trujillo y Balaguer la presidencia será su prioridad hasta el último día de su vida.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

Un tema de fin de semana

MIGUEL GUERREROEntre los correos electrónicos que a diario recibo, me han despertado excesiva curiosidad varios referentes a asuntos completamente ajenos al duro y diario quehacer de la política vernácula que, por desgracia, nos llena todos los espacios. Uno de ellos se relaciona con la ópera y trata la confusión que en un lector provoca las diferentes denominaciones que en el género operístico reciben los registros vocales que identifican a los cantantes líricos. Por ejemplo, el término spinto para referirse a las cualidades técnicas de un tenor. El vocablo, proveniente del italiano spingere, o empujar, se aplica a una voz con mayor potencia y capacidad de proyección que el registro usual de un tenor lírico.

Los expertos entienden que si bien el término caracteriza una calidad vocal, en realidad es la real y auténtica expresión de un defecto técnico, derivado del excesivo uso de las dos cuerdas inferiores de la laringe, lo que finalmente puede afectar las condiciones del cantante. Por esa razón se dice que la mayoría de los tenores spinto suelen tener una carrera más corta que los líricos.

Fue tal vez el caso de Giuseppe Di Stefano, uno de los tenores más extraordinarios de los últimos cincuenta años del siglo pasado, cuya voz se deterioró de forma sorprendente a mediados de los años sesenta, mientras se encontraba en la cúspide de su carrera. Pero tal vez el caso más conocido sea el de Enrico Caruso, cuya voz había perdido el brillo que deslumbró los principales escenarios del mundo, ya a la temprana edad de 36 años, debido a dolencias en su aparato vocal.

Naturalmente, el término no sólo se refiere al registro agudo masculino. También existen sopranos lírico spinto. Puede que este sea en realidad un tema agradable después de varias semanas agitadas en el campo político, pero en la coyuntura actual me da la impresión de que pudiera estar tocando el arpa mientras Roma arde.

Los colores de la Bandera

MIGUEL GUERREROAprendamos a conocernos. Nos independizamos de Haití, no de la Metrópoli. Tenemos tres, no un padre de la patria. Nuestro himno nacional es un canto épico, no de amor ni de exhortación al trabajo, y si nos fijamos bien en el alto de los pendones ondean lo que parecen dos banderas.

De acuerdo con los documentos y testimonios sobre el tema, el rojo de la enseña nacional es bermellón y el azul el de ultramar. No debería haber pues lugar a confusiones sobre algo tan solemne como es el color de la bandera, el mayor de los símbolos de la patria. Sin embargo, hasta en las más importantes oficinas públicas, a veces en los mismos cuarteles militares y policiales y en determinados momentos en la propia sede del Congreso Nacional y en el Palacio Nacional, se observa el uso de otra tonalidad azul, mucho más oscuro, en los cuadrantes del emblema. Esta informalidad se cumple también, con insólita frecuencia, en actos públicos en donde asisten los más altos dignatarios de la nación, en muchas oportunidades hasta el presidente de la República. Leer más de esta entrada

Reflexiones democráticas

MIGUEL GUERREROJuan Bosch solía referirse al “atraso político” del pueblo y en gran medida su afirmación posee vigencia todavía, a pesar del tiempo transcurrido y el de su muerte. Pero parte de la responsabilidad por ese atraso corresponde a los partidos políticos y a sus dirigentes, porque una de sus misiones ha debido ser siempre la de educar a la gente en materia cívica y política. Esa es una faceta relevante de sus responsabilidades como líderes que la mayoría de los políticos, en el gobierno como en la oposición, ha desestimado siempre. La labor educativa dentro del ejercicio de la actividad política nacional ha sido deprimente; virtualmente nula.

Si la mayoría de la población carece de un conocimiento sólido de sus deberes y responsabilidades se debe en parte a que sus dirigentes no le han conferido valor a ese elemento vital de la formación democrática del pueblo. Leer más de esta entrada

Frente a las protestas

MIGUEL GUERREROEl cardenal y arzobispo de Santo Domingo y otros jerarcas de la Iglesia católica han repudiado públicamente los llamamientos de grupos a protestar de forma violenta contra la observación presidencial de la ley que declaraba parque nacional a Loma Miranda. Pero esas loables exhortaciones a la moderación no han hecho mención alguna al hecho de que obispos y sacerdotes lideraron y todavía encabezan esos reclamos, valiéndose de métodos que coartan derechos ciudadanos fundamentales, como la libertad de tránsito y el derecho de propiedad, entre otros.

También pasan por alto la ocurrencia de otro hecho. Fueron esos hombres de la Iglesia quienes en su momento exacerbaron los ánimos de gente sin idea siquiera de dónde se encuentra Loma Miranda y mucho menos de cuanto ello significa para la economía y el medio ambiente, manteniéndose al frente de las protestas, con proclamas y lemas referentes al uso de métodos de acción directa. Los medios guardan en sus archivos escenas de algunos de esos servidores de la Iglesia instando a romper contadores en repudio al costo del servicio eléctrico y en muchas otras ocasiones cuando políticas y medidas impopulares creaban condiciones para el reclamo callejero. Leer más de esta entrada

La clase empresarial

MIGUEL GUERREROUno de los signos más preocupantes de la realidad actual dominicana es el descrédito de la clase política. Lo dicen las encuestas y las expresiones de rechazo que se observan en el diario quehacer nacional. Pero no estará lejano el día en que ocurra lo mismo con la clase empresarial, si no se democratizan las organizaciones que la representan. Muchas entidades empresariales no reflejan las transformaciones de la sociedad dominicana, y causa de ello no pueden hablar por todo el sector, a despecho de que los gobiernos se sientan en estos ámbitos exclusivistas más cómodos y seguros. La apertura democrática ampliaría la capacidad de presión de esas entidades que han jugado, es justo reconocerlo, un papel muy importante en la discusión de los temas básicos.

Se impone, sin embargo, que sus reclamos de institucionalización y transparencia en el comportamiento del sector público, se de también a lo interno de esas organizaciones. Los grupos surgidos en las últimas décadas si bien han logrado espacios en el debate de los grandes temas nacionales, no han alcanzado el reconocimiento de una burocracia empresarial renuente a compartir su hegemonía de clase frente al poder político. La presencia en los escenarios de las grandes discusiones de estos nuevos sectores, fruto de las reformas económicas y las transformaciones de la sociedad, todavía es insignificante. Leer más de esta entrada

La responsabilidad de los dueños

MIGUEL GUERREROPara desgracia del periodismo, algunos propietarios de medios electrónicos tal vez ignoren que, a despecho de lo que diga la ley, ellos son moralmente responsables de cuanto se diga o haga en sus estaciones de radio o televisión.
Que las ofensas y alegres insinuaciones que frecuentemente se lanzan sobre honras o tranquilidades hogareñas tienen su precio. Que si bien la popularidad que esa obscena práctica genera produce por un tiempo mucho dinero, en algún momento se transforma en descrédito y rechazo. En definitiva, que nadie es tan tonto para creer que esas cosas suceden sin el consentimiento o visto bueno de sus dueños o empleadores.

Lo peor de todo este fenómeno es que las permanentes competencias de vulgaridad que por algunos medios se escuchan y ven, están creando modelos y pautas en el oficio periodístico. Y que muchos jóvenes talentos, y otros que no lo son, han visto en ello una vía fácil de alcanzar metas, desdeñando el buen decir y la ecuanimidad que tanta falta le hacen a una sociedad dominada por el afán desmedido de lucro y fama. Además, el que esas atrocidades se originen en horas inapropiadas es algo intolerable, por el daño irreparable que supone. Leer más de esta entrada