Los dos colores azules de la bandera

Nos independizamos de Haití, no de la Metrópoli. Tenemos tres, no un padre de la patria. Nuestro himno nacional es un canto épico, no de amor ni de exhortación al trabajo, y si nos fijamos bien en el alto de los pendones ondean lo que parecen dos banderas.

De acuerdo con los documentos y testimonios conocidos sobre el tema, el rojo de la enseña nacional es bermellón y el azul el de ultramar. No debería haber pues lugar a confusiones sobre algo tan solemne como es el color de la bandera, el mayor de los símbolos de la patria. Sin embargo, hasta en las más importantes oficinas públicas, a veces en los mismos cuarteles militares y policiales y en determinados momentos en la propia sede del Congreso Nacional y en el Palacio Nacional, se observa el uso de otra tonalidad azul, mucho más oscuro, en los cuadrantes del emblema. Esta informalidad se cumple también, con insólita frecuencia, en actos públicos en donde asisten los más altos dignatarios de la nación, en muchas oportunidades hasta el presidente de la República. Leer más de esta entrada

El mito del heroísmo revolucionario

A base de infinidad de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó, ni en la Unión Soviética ni en ningún otro lugar. El carácter heroico otorgado a los movimientos revolucionarios marxistas era y continúa siendo una de las leyendas más propaladas. Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo como se cuentan en las historias oficiales de esos movimientos, no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios.

La colectivización, que provocó más de veinte millones de muertos, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte de Stalin y sus colaboradores, convertidos después en los nuevos zares de Rusia. Finalmente, la sociedad que pretendía ser perfecta e igualitaria se derrumbó en Rusia por efecto de sus propias contradicciones y carácter totalitario, no a consecuencia de una conspiración exterior del occidente capitalista. Leer más de esta entrada

La revolución de octubre

La noche del 7 de noviembre de 1917 (octubre en el calendario adoptado después por los bolcheviques), unas dos horas después de que el crucero Aurora disparara su primera descarga contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (después Leningrado y ahora San Petesburgo) y una hora escasa después de que el batallón de mujeres que lo defendía entregara sus armas, el buque disparó nuevamente contra el edificio en que se encontraban los ministros del gobierno provisional de Alejandro Kerenski.

El historiador Robert K. Massie, describe esos momentos cruciales de la historia de la humanidad: “A las once, otras treinta o cuarenta descargas silbaron sobre el río desde las baterías de la Fortaleza de Pedro y Pablo. Sólo dos proyectiles tocaron levemente el palacio dañando el revoque. De todos modos, a las dos de la mañana del 8 de noviembre, los ministros se entregaron”. Según lo explica Massie, esta escaramuza fue la revolución bolchevique de noviembre, la cual a su juicio, fue más adelante “magnificada en la mitología comunista como una lucha épica y heroica”. Leer más de esta entrada

Demasiada familiaridad

Insisto en que la familiaridad con que la prensa trata a los políticos, incluso al Presidente de la República, no es apropiada a los fines de guardar la distancia imprescindible a una relación de independencia. Implica un acercamiento y un nivel de confianza poco aconsejable. Supone una intimidad nada buena. Demasiada confianzuda, podría decirse.

Esa peculiaridad del periodismo dominicano comienza con la práctica de tutear a los presidentes y funcionarios del Estado y por extensión a los dirigentes de la oposición. Así los titulares de los diarios se refieren a Leonel, no al doctor Fernández; a Danilo y no al licenciado Medina, presidente de la República. A Felucho, que además es un apodo, y no al licenciado Jiménez. A Jaime David, en referencia al ex vicepresidente Fernández Mirabal. También se lee Fello, en lugar de Suberví Bonilla, e Hipólito cuando se trata del ingeniero Mejía, ex presidente de la nación. Leer más de esta entrada

La protesta social

Las protestas violentas a mediados del 2013 en Turquía, Grecia, España y Brasil, extendidas a otras naciones como Chile y Costa Rica, partieron de pequeñas expresiones de inconformidad que pusieron en evidencia el enorme grado de empoderamiento de las juventudes y las clases media de esos países y el alto nivel de descontento social existentes entonces en cada uno de ellos.

Recuerdo que en Brasil las protestas se originaron contra un aumento de pocos centavos al precio del transporte, a las que se agregaron después otras demandas, obligando a la presidenta Dilma Rousseff a hacer cambios radicales en el gobierno.

Tal vez el más significativo de todos se relacionaba con la lucha contra la corrupción, en la que la señora Rousseff cosechó inicialmente importantes lauros, que al parecer no fueron suficientes para los brasileños. Leer más de esta entrada

¿Qué nación queremos ser?

Más que nada, necesitamos definir lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince o cincuenta años. Tal esfuerzo no corresponde a una administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista. Si las diferencias prosiguen obstaculizando la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas.

En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional. La imperiosa necesidad de encontrar vías de consenso para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado el juego político en el país. Leer más de esta entrada

Cuando priman las pasiones

Las pasiones y posiciones extremas secuestran la discusión del tema haitiano, objeto de campañas internacionales para presentar al país como un conglomerado racista. La inmigración ilegal es el tema más urgente en las relaciones con nuestro vecino. Pero a despecho de la gravedad que representa el masivo éxodo de ilegales, el país no acaba de diseñar una política migratoria con reglas claras que nos libre de las acusaciones de practicar políticas discriminatorias de carácter racial, lo cual es una injusticia.

La sanción que nos impuso años atrás la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la negativa a dar certificados de nacimiento a dos adolescentes haitianas hijas de ilegales nacidas en el territorio nacional, evidenció en su momento la terrible falta de esa política. Las reacciones locales, en una y otra dirección, han sido marcadas por la emotividad y por un crecido sentimiento patriótico. Pero tienen mucho en común: la carencia de racionalidad. Leer más de esta entrada

No todos son corruptos o ladrones

Por las redes, en periódicos escritos y digitales y frecuentemente en programas de radio y televisión se lee y escucha a cualquiera llamar ladrón o corrupto a políticos, empresarios e incluso a periodistas, sin prueba alguna. La práctica se hace más extensiva cada día y parece encaminada a convertirse en un modelo exitoso de periodismo; el que la descomposición social que sufre el país necesita, dirían sus defensores.

Es cierto que en el país hay mucha corrupción pero esta no es cosa nueva en la historia nacional. Como también es verdad que la protección legal que la protege es parte del quehacer político y empresarial desde la misma fundación de la república. Es importante para la salud de la nación que la sociedad se empodere y presione a favor de acciones severas contra ese terrible flagelo. Lo que no es cierto es que todos los funcionarios, políticos y empresarios sean ladrones y corruptos. Y no establecer la diferencia cuando se aborda el tema de la corrupción es una terrible injusticia contra todos aquellos que ejercen con dignidad una función pública o un negocio legítimo. Leer más de esta entrada