Reflexiones para sordos (2 de 2)

La intolerancia no proviene sólo de los gobiernos, los partidos y sindicatos, o de organizaciones sectarias, muy activas en el país. Es común también al periodismo. Algunas de las obscenidades que se escuchan o presencian en nuestros medios de comunicación, son muestras inequívocas de ello. El uso abusivo e irreflexivo de la libertad es tan nefasto como la represión que tan frecuentemente se ejerce contra ella.

La vulgaridad se está convirtiendo en un estilo y norma de la radio y la televisión. A ella recurren personas con suficiente capacidad e ilustración para desenvolverse con éxito en esos medios. Y ese es precisamente el peor de los legados que este absurdo proceder nos deja. Algunos dicen que la tendencia está marcada por las preferencias del gran público y no creo que esto sea cierto.

La verdad es que esta forma de comunicación enrarece el ambiente y desprestigia la prensa nacional. Otros países han pasado por una experiencia similar. Leer más de esta entrada

Reflexiones para sordos (1 de 2)

Las palabrotas que se escuchan en la radio y la televisión, y las acusaciones y menciones peyorativas de personalidades de la vida pública y privada que sin justificación alguna son citadas con una frecuencia pasmosa, violando su derecho a la privacidad, desbordan todos los límites. Es para preocuparse. Asombra la aceptación que esta modalidad del periodismo tiene en la clase política. La búsqueda de ratings y el afán de figuración están dejando atrás la responsabilidad que el uso de un micrófono y un espacio televisivo exigen.

No trato de enjuiciar la labor de profesionales en el ámbito en el que con mediana capacidad me desenvuelvo. Lo que trato es de llamar la atención sobre un problema que atañe directamente al periodismo dominicano. La situación a la que me refiero terminará, algún día, de forma brusca, ya sea por una intervención gubernamental o con una especie de reclamo de honor. Cualquiera sería lastimosa y sentaría un precedente funesto, que luego los gobiernos emplearían cada vez que encuentren necesario acallar o mediatizar la labor de la prensa como ha ocurrido en el pasado. Leer más de esta entrada

El problema que no atrae atención

El problema del país no se relaciona con la deuda, ni el costo de la energía y los combustibles, que encarecen el costo de la vida, como tampoco el bajo crecimiento del empleo formal que pende una daga sobre el sistema de seguridad social. Lo que dificulta el despegue hacia el porvenir es nuestra inveterada tendencia a discutirlo todo en medio de un ruido ensordecedor, que nubla la realidad y no deja ver las oportunidades que pasan delante de nosotros sin darnos cuenta de su presencia. Como ocurre con muchos de nuestros grandes beisbolistas que discuten con los árbitros el conteo de las bolas y los strikes, sin importar la anotación que indica la pizarra.

Por eso, la atención nacional se centra en los temas menores y no hay forma de darle cuerpo a lo sustancial. El país ha esperado por una ley de partidos que regule la vida política y deje atrás las malas prácticas que la han viciado por más de treinta años, pero las diferencias sobre el método de elección de las candidaturas sepultan la posibilidad de un gran paso adelante en ese campo. Leer más de esta entrada

Las oportunidades futuras

Los tratados de libre comercio representan infinidad de oportunidades, a despecho de lo mucho o poco que la nación haya conseguido con ellos. Esa es una realidad, a pesar del riesgo que confrontan numerosas empresas por su bajo nivel de competitividad  y las desventajas comparativas de nuestra economía. Todo lo cual nos traza deberes ineludibles. En lugar de agregar lamentos y oponer resistencia, el país debería asumir acciones que permitan superar esas dificultades.

Por supuesto, no se trata de una iniciativa que  sólo competa al sector privado. Es algo que está más allá de las decisiones unilaterales. Se refiere a un compromiso que envuelva a todos los sectores importantes de la nación y en el que el Estado asuma con carácter permanente, la parte que le corresponde. Se impone pues un acuerdo en que el gobierno, la oposición y  los empresarios se comprometan a impulsar las exportaciones y mejorar la competitividad del sector productivo. Leer más de esta entrada

El desprestigio de las encuestas

El proselitismo y el secuestro de la opinión pública al través de su manipulación están prostituyendo el valor de las encuestas como método de medición científico. Antes se admitían los sondeos sobre preferencias electorales como una forma racional y bastante aproximada para conocer el estado de ánimo de la población con respecto a políticas o candidaturas. Pero la idea de estos análisis era determinar debilidades y fortalezas o en el caso de productos o estudios de mercados las lealtades de los consumidores. Eran resultados cuya confidencialidad se guardaba celosamente por cuanto la divulgación de algunos datos podía ser de utilidad a la competencia, fuera comercial o política.

A partir de un momento, cuando la actividad proselitista perdió todo sentido del pudor y empezó a mostrar sus paños menores, todos esos valores acerca de las encuestas se vinieron abajo. La realización de estos estudios comenzó a servir para tratar de inducir cambios en las preferencias al través de mensajes subliminales. Leer más de esta entrada

La región que frustra a sus jóvenes

A muchos jóvenes latinoamericanos sólo les queda el recurso de la política para alcanzar sus metas de desarrollo personal. Cuando miran a su alrededor observan las inmensas fortunas creadas por el ejercicio directo de la actividad partidista o al amparo de ésta. El fenómeno es pernicioso para la economía, pues el éxito de esos afortunados se ha erigido sobre privilegios irritantes, tráfico de influencias, favoritismo oficial y otras prácticas inmorales. Esa penosa realidad política fomenta la frustración entre jóvenes y generaciones de técnicos y profesionales, a quienes la actividad proselitista no ofrece encanto alguno. Esos son los que finalmente se van o planean irse.

Muchos no emigran por carencia de oportunidades o porque razones muy profundas, como una familia numerosa, les atan al país donde viven o nacieron. Con el auge del populismo, la burocracia se torna cada vez más en un aparato partidario. Así, no basta con capacidad ni dedicación probadas para asegurarse una posición estable en el sector público en cualquier país latinoamericano. Habrá siempre un ferviente y devoto militante presto a ocupar el lugar que le corresponde a un cerebro más despierto o a unos brazos más diestros para el trabajo. Leer más de esta entrada

El día final de la tiranía

El periodo de oscurantismo y represión que caracterizó la llamada Era de Trujillo no terminó la noche de su asesinato, el 30 de mayo de 1961, ni el 19 de noviembre siguiente cuando el último de sus familiares y allegados fue expulsado del país. Concluyó en realidad formalmente la mañana del 1 de enero de 1962, cuando el entonces presidente Joaquín Balaguer juramentó al Consejo de Estado de siete miembros encabezado por él, en el Palacio Nacional.

Las sanciones impuestas por la OEA fueron levantadas tres días después y el país pudo restablecer vínculos diplomáticos y comerciales con el resto del hemisferio. Pero la paz duró muy poco. El martes 16 de enero, después de varios días de protestas contra Balaguer y el general Rodríguez Echavarría, secretario de las Fuerzas Armadas, una multitud se congregó en el Parque Independencia ante un local de Unión Cívica Nacional para exigir la renuncia de ambos.

Las fuerzas blindadas enviadas para mantener el orden abrieron esa tarde fuego contra la muchedumbre dejando un saldo de cinco muertos y una veintena de heridos. Las protestas se extendieron por toda la ciudad con un balance adicional de víctimas y daños materiales. Leer más de esta entrada

El legado de Colombo

Ramón Colombo publicó en el 2014 el fruto de su prolongado y productivo ejercicio profesional. Es una serie de tres volúmenes, titulada Memoria de los años duros, que refleja toda la intensidad y pasión que caracterizan una de las carreras más exitosas del diarismo nacional de las últimas décadas. Cada reportaje, crónica o entrevista de esa cronología retratan periodos muy difíciles en los que la práctica del periodismo, como él la concebía y aún concibe, implicaba enfrentar un enemigo siempre al acecho, presto a asestar el golpe con el cual quebraron muchas voluntades, vidas útiles y nobles.

Al releer sus páginas se recrean aquellos días de convulsión, en los cuales hacer lo que él hacía, era y sigue siendo una auténtica e inigualable exposición del más nítido y desafiante periodismo. Por eso, la publicación de esta serie, en un formato muy original, constituye un rico legado a la bibliografía del periodismo dominicano y una revisión de aquellos duros momentos que él encaró con la firmeza y valentía que saltan en cada página como una denuncia, cuyo eco nos recuerda la trascendencia de un periodismo responsable, en riña permanente con el poder, cualquiera sea su naturaleza. Leer más de esta entrada