La burguesía en nuestro léxico político

Nada produce más hilaridad que escuchar a los políticos e intelectuales dominicanos hablar de burguesía y pequeña burguesía en términos despectivos para referirse a los movimientos sociales o políticos que adversan o específicamente a sus contrarios, porque en el más literal de los sentidos la mayoría, si no todos, son también burgueses y pequeños burgueses.

De acuerdo con la definición universalmente aceptada, la burguesía es la clase social formada por los grupos más acaudalados. Es decir, por aquellas personas que poseen capital, propiedades y bienes materiales de los o con cuales viven. De modo que nada tiene de malo ser un burgués o pertenecer a ese mundo al que tanto se denigra y al cual anhela penetrar aquellos que lo detractan. En la Edad Media, se llamaba burgués a los habitantes de los burgos, que no eran más que los lugares que gozaban de privilegios laborales o se les permitía el disfrute de propiedades. Leer más de esta entrada

Una conversación peligrosa

Los periodos electorales suelen traer muchas sorpresas y despertar asombrosas emociones. En los días finales de una de ellas, si mal no recuerdo a mediados de abril del 2008, conversando telefónicamente con un amigo acerca de uno de mis temas favoritos, salió a relucir Ernani, el personaje de la ópera de Verdi del mismo nombre, también conocida como “El honor castellano”, basada en un drama de Víctor Hugo, no la figura política de oposición de entonces de nombre fonéticamente parecido.

Por una de esas malas jugadas resultantes del defectuoso manejo de una tecnología avanzada, en medio de la conversación se escuchó una tercera sonora voz musitar: “Lo tengo”. La experiencia me resultó fascinante y me enseñó la importancia de hablar en código, cuando de temporadas de altas escuchas se trata. Lección esta que deberían aprender principalmente los actores de los dramas electorales, si bien ha quedado establecido que esos extraños intrusos incursionan en otras esferas más lucrativas que la política, incluso con mucho más éxito y probablemente con menos riesgos. Leer más de esta entrada

Ocupaciones ilegales y “padres de familia”

Nada afecta la libre empresa como la virtual usurpación de la propiedad privada mediante la ocupación ilegal de fincas, solares y edificios por gente desaprensiva que se escuda en el falso derecho de hacerlo en su condición de “padre de familia”. Hay cientos de casos que lo confirman en las principales ciudades y en las zonas agrícolas y ganaderas. Numerosos planes de desarrollo, en el ámbito turístico, industrial y comercial, han sido paralizados en las últimas décadas por esta práctica convertida en un sistema de hecho legalizado por la incompetencia de los tribunales y la apatía de funcionarios públicos que nada hacen para corregir esas invasiones irregulares.

Abogados y personas que se creen muy poderosas por sus vínculos con esferas de poder han hecho de esta práctica uno de los negocios más lucrativos del país. Sé de numerosos casos de alquiler de inmuebles, para vivienda y negocios, cuyos ocupantes no pagan sus obligaciones y terminan virtualmente adueñándose de la propiedad. Los procesos de desalojo de esas ocupaciones ilegales duran años y cuestan a los legítimos propietarios cantidades enormes de dinero en procesos interminables en la justicia. Leer más de esta entrada

El otro dos por ciento

El sector privado tiene ante sí un reto trascendente. No me refiero tan sólo a los grupos de empresarios, unidos por una comunidad de intereses provenientes de negocios o empresas cuyo fin sea el lucro, legítimo en una sociedad de libre comercio.

Una de las grandes distorsiones del papel de la iniciativa privada en el desarrollo y manejo de la economía proviene, precisamente, de la propaganda negativa que restringe su definición a ámbitos tan estrechos y exclusivistas. Por el contrario, es un concepto mucho más amplio y generoso, que abarca todas las actividades individuales o de grupos producto de la libre decisión del ser humano, desde el vendedor ambulante que expende frutos del campo, hasta el próspero empresario que tiene en su nómina a más de 500 trabajadores, pasando por el artista que plasma en lienzos el fruto de su inspiración y vive de ello. Leer más de esta entrada

La parábola del “trigo y la cizaña”

Tras los más recientes acontecimientos en el ámbito electoral y político con vista a las lejanas elecciones del 2020, y es muy especialmente en el marco de la estructura del Poder Judicial, la situación a lo interno del partido en el poder podría parecerse a la enseñanza de la parábola bíblica de “El trigo y la cizaña” (Mateo 13: 24-52), en la que un hombre sembró buena semilla en su campo y mientras dormía vino su enemigo y puso cizaña entre el trigo y se fue.

Con el tiempo, brotó y creció la buena hierba y con su fruto también surgió el producto de la cizaña entre las hileras del trigo.

“Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste la buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?” A lo cual el buen hombre respondió que “un enemigo” lo había hecho. Los siervos le dijeron si quería que se arrancara la mala semilla, para limpiar el trigal. “No”, les respondió,” no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo”. Leer más de esta entrada

La amenaza de un obsesivo mesianismo

El liderazgo mesiánico ha sido, a través de la historia, el enemigo mortal de la racionalidad y la vida democrática, porque su legado material cuesta años de lenta reconstrucción. El mesianismo en el ámbito de la política destruye la moral de la sociedad y corroe la fe de los pueblos en las instituciones democráticas, sumiéndolos en la esclavitud espiritual que implica la dependencia material de un estado benefactor.

Existen infinidad de documentos y experiencias que lo confirman. No está lejano entre nosotros, por ejemplo, el recuerdo de un presidente en ejercicio entregando con sus manos cajas con su imagen de redentor impresa en ellas, conteniendo magras raciones de alimentos para un par de días en ocasión de la Navidad o de la festividad de las madres, cegado por los aplausos y el ruido desgarrador de una multitud golpeándose ante sus ojos para obtenerlas. Leer más de esta entrada

Cubriendo trifulcas en saco y corbata

Bajo determinadas circunstancias, un buen saco y una corbata pueden ser el mejor aliado de un reportero en épocas de convulsión. Lo comprobé personalmente en los años setenta, mientras cubría siendo muy joven para la agencia internacional de noticias de la que era corresponsal a tiempo completo, una huelga violenta de protesta contra el gobierno de Balaguer en San Francisco de Macorís.

Usualmente iba trajeado a la pequeña oficina donde operaba la agencia en la calle Mercedes, a pocas yardas del parque Independencia, frente a una funeraria, porque en mis diarios recorridos visitaba el Palacio Nacional y cuando lo requería el Congreso. Mi urgente traslado ese día al centro de la trifulca no me permitió detenerme en casa para cambiarme de ropas para estar más a tono con lo que sucedía. Allí, en medio de una refriega, me encontré de pronto en el dintel de la puerta de entrada de una residencia en un barrio donde tenía lugar una verdadera batalla campal. Leer más de esta entrada

Ejemplos del mejor periodismo

Mi compañero de aulas en la universidad, Miguel Ángel Prestol, es hoy un prestigioso abogado, pero bien pudo ser mejor periodista de lo que también es sin duda alguna. Y al contar esto no quiero parecer nostálgico. Muy jóvenes ambos, recorríamos en un viejo jeep de la planta de radio y televisión estatal las oficinas públicas para llevar las novedades del día a los oyentes. Prestol elogiaba mi habilidad para redactar buenos leads, pero él llegó a escribir uno de los mejores que he leído. Fue en ocasión de un encuentro de cancilleres americanos en Río tras la revuelta civil de 1965.

Urbáez, el director de prensa, le encargó resumir todos los despachos internacionales sobre la cita en una sola noticia para el informativo de la tarde. Prestol tenía examen en la universidad ese día y la prisa le dominaba. No obstante, se sentó a su máquina y rápidamente, en pocos minutos, terminó de teclear pasándome la cuartilla para que le diera un vistazo. No necesité leerlo dos veces para grabarlo para siempre en la memoria. Leer más de esta entrada