La crítica y el periodismo (1 de 3)

Los periodistas no estamos totalmente exentos de la intolerancia que tantas veces erosiona el clima de respeto a las opiniones ajenas que caracteriza el ejercicio democrático. Así como la prensa tiene absoluto derecho a formarse los juicios más severos sobre los líderes nacionales, en la misma medida éstos pueden forjarse los suyos con respecto a los medios y, en particular acerca de quiénes escribimos en ellos, sin excepción.

Si la crítica, a veces amarga, dura y sistemática, contribuye a recordarles a ciertos dirigentes sus limitaciones y el alcance de la prensa en una sociedad democrática, de igual manera los periódicos y los periodistas deben aceptar que ella se le aplica en lo que a las deficiencias de los analistas y el medio se refiere. La libertad de expresión garantiza el derecho de los ciudadanos a emitir sus ideas libre de toda coacción o presión. Y esto, por supuesto, no excluye a la prensa ni a los políticos. Leer más de esta entrada

Reflexiones propias de semana Santa

Para la mayoría de los ciudadanos de nuestro país lo importante no es, a fin de cuentas, quién los gobierne, sino cómo se comportan las personas sobre las que recae esa enorme y grave responsabilidad. En otras palabras, lo que interesa realmente es que los gobiernos trabajen por el bien común, fortalezcan las instituciones, respeten los derechos ciudadanos, protejan las libertades civiles y cuiden el patrimonio público.

Nadie en su sano juicio quiere, por tanto, el fracaso de una administración. El bienestar familiar depende de la marcha del país. Si la economía se cae los dominicanos caen con ella. Si se erosiona el clima de libertad, se cierra el espacio donde se mueven y laboran.

Es fácil deducir entonces la frecuencia con que la gente se estremece cuando los excesos y los desafueros conmueven las estructuras en que se erige el estado de derecho. Hablo de un importante segmento de población, donde converge la más amplia diversidad de intereses, no sólo económicos sino políticos y de otra índole. Grupos dentro de los cuales hay fanáticos de uno y otro partido, entusiastas del gobierno y gente que se le opone. Leer más de esta entrada

Evitemos los extremos

Por mucho que nos irriten ciertos hábitos en la esfera política y en especial en el ejercicio del poder, y me confieso un crítico persistente de esos ambientes, lo cierto es que en sentido general esa clase tan denostada ha hecho su papel en la vida democrática del país y casi siempre es posible encontrar en ella más tolerancia y vocación de consenso que en algunas escenas privadas.

Aún reconociendo la necesidad de achicar el gobierno, esa reducción de roles no implica ni debe conducir a una eliminación de la presencia de los partidos y el liderazgo político en las grandes decisiones nacionales. Con todo y lo que se le pueda criticar a la acción del gobierno, genéricamente hablando, intentar que los intereses económicos controlen la vida política del país y pauten las decisiones que afectan directa e indirectamente al resto de la sociedad implicaría un retroceso en la vida institucional. Ambos tienen papeles importantes que desempeñar.

Actuar contra el mercado en una sociedad que se precia de sus valores democráticos y que enarbola la libertad individual como esencial, es un error que tercamente cometemos como nación. Leer más de esta entrada

Enfrentemos las frustraciones

Los dominicanos nos estamos volviendo en extremo pesimistas, perdiendo la fe en el futuro y en nuestras propias capacidades para enfrentar los desafíos que la dura realidad impone. Y aunque no es justo generalizar, se puede ver por todas partes. El empresario próspero habla de lo mal que le va en el negocio. El profesional de clase media se queja de que los ingresos no le alcanzan. Las jóvenes parejas no se casan porque temen que la falta de oportunidades les impida educar correctamente a sus hijos.

Entiendo que existen razones que conducen a ese estado de ánimo casi colectivo. Pero si no cambiamos de actitud jamás podremos conseguir todo lo que el potencial nacional permite. Estaremos tan mal como pensemos. Y mientras mayor sea el nivel de derrotismo imperante peores serán los resultados de nuestros esfuerzos como nación.

No intento, por supuesto, desconocer los diferentes puntos de vista que puedan existir sobre la situación nacional. Pero todo en la vida es cuestión de actitud. Total, independientemente de cómo nos golpee, la realidad se reduce casi siempre a la percepción que tengamos de ella. Leer más de esta entrada

¡Aprendamos a aceptar la crítica!

La prensa dominicana ha jugado un papel descollante en el proceso de desarrollo democrático del país. Esa es una realidad innegable, que no le puede ser regateada y que resiste cualquier análisis e interpretación histórica, por más prejuicios de que vaya revestida.

Sin embargo, hay una debilidad estructural en ella estrechamente vinculada a su propio crecimiento y desarrollo. El país despertó muy rápido a la democracia y de un largo período de tiranía y oscurantismo salió a un régimen de libertades públicas y ejercicio democrático sin un paréntesis previo. De la noche a la mañana surgieron decenas de periódicos, noticiarios de radio y televisión que se llenaron de personas sin destrezas periodísticas ni concepto de la responsabilidad que ese oficio conlleva. La necesidad creó profesionales y la especialidad dio paso a la improvisación. De ahí que muy buenos reporteros, con fama en la sociedad, escribieran haber sin “h”, acentuaran la palabra “dijeron” en la última sílaba y pensaran con faltas de ortografía, las que afortunadamente no se ven en los programas de entrevistas y comentarios. Leer más de esta entrada

Por un poco de poesía en la política

Aunque dejé de interesarme por el género hace años, siempre he creído que las cosas mejorarían notablemente en el país si de vez en cuando en las alturas del poder la voz de un poeta dejara escuchar su canto de esperanza. En lugar de tanto ruido y disonancia habría así reposo para el espíritu, suficiente tranquilidad y sosiego para hallar un camino adecuado, en medio del laberinto en que nos encontramos.

La crudeza de nuestras realidades ha cercenado la imaginación, el toque mágico que tantas veces se precisa para encontrar fuera del quehacer político, sórdido e insensible, la llave de soluciones a los problemas del país.

Y es que el defecto principal de los dirigentes nacionales es su incapacidad para encontrar en la belleza de la forma un método de acción político y aceptarlo como una fórmula viable. Prefieren el sistema directo y franco de la ofensa y la brusquedad. Leer más de esta entrada

Un fatal intento de regreso

Cuando Leonel Fernández asumió la Presidencia, en agosto de 1996, mis dos nietas no habían nacido. En el 2020 cuando aspira a volver al poder, la mayor estará en su tercer año de carrera universitaria y la segunda entrará a la universidad. Si la profecía leonelista se cumpliera, quien ha sido tres veces presidente desafiaría así las leyes del tiempo y de la historia. El país quedaría congelado en el pasado, víctima de la ambición de un liderazgo mesiánico resistido a aceptar que todo en la vida tiene fin y que la inmortalidad es uno de los tantos mitos que el narcisismo y la excesiva autovaloración generan.

En mayo del 2020, cuando nos toque nuevamente acudir a las urnas, cientos de miles de electores, talvez dos o tres millones en condiciones de ejercer el sufragio, como mis nietas, no existían todavía cuando el señor Fernández se ciñó por primera vez la banda presidencial. ¿Puede una nación moverse hacia el futuro quedándose en el pasado? ¿Podría hacerse en un cuarto mandato, 24 años después de inaugurarse en el cargo, lo que no se hizo o dejó de hacerse en tres anteriores? Y peor aún, quién o qué le garantizaría a la República que no se repetirían los hechos que la permisividad permitió en todos esos años. Leer más de esta entrada

El fantasma de la reelección

Resultan risibles las protestas de sectores que vaticinan una catástrofe si llegara a reformarse la Constitución para permitirle al presidente Danilo Medina presentarse para un tercer mandato, porque todas las reformas en la vida democrática nacional desde la caída de la tiranía de Trujillo han tenido como meta la reelección, sea para impedirla o restablecerla. Y la nación no se ha hundido todavía y dudo que eso ocurra.

La primera se remonta a 1966, tras el regreso al poder de Joaquín Balaguer, quien ya había sido dos veces presidente, ninguna por la vía electoral. Esa Constitución no hacía deliberadamente referencia al tema, por lo que basado en el principio de que lo no prohibido es permitido, le dio al líder reformista oportunidad de reelegirse cuantas veces pudo. Como consecuencia de la crisis post electoral de 1994, en la que se le acusó de ganar las elecciones por medios fraudulentos, se llegó a un acuerdo político para preservar el orden y evitar el caos institucional. La reforma le redujo el periodo a dos años, convocó a elecciones anticipadas, se modificó el sistema electoral y se prohibió la reelección. Leer más de esta entrada