Al pueblo venezolano

Al redactarse esta columna, la situación en Venezuela seguía muy tensa con preocupantes señales de una virtual confrontación militar. El régimen de Maduro toca a su fin sin importar el resultado de esta nueva protesta de los venezolanos. Su obstinación por el poder amenaza la vida y tranquilidad de millones de venezolanos y le será imposible, aun con la ayuda del Estado mayor de las Fuerzas Armadas, quedarse mucho tiempo en Miraflores, no sea que al salir esta edición sea ya parte del pasado.

El régimen no tiene ya cabida en la realidad latinoamericana y el apoyo que recibe del exterior ha sido a un costo económico y moral muy alto para la nación. La caída de Maduro arrastrará, inevitablemente, consecuencias políticas más allá de las fronteras venezolanas. El apoyo que recibe del régimen castrista será otra razón legítima para su salida.

Su intento de perpetuación con la entrega de la soberanía del país a Cuba y Rusia no le será suficiente. Cuba está en bancarrota y el parasitismo que le ha permitido sobrevivir, primero bajo el paraguas de la desaparecida URSS y ahora con el petróleo venezolano, no cambiará su suerte. Leer más de esta entrada

El camino del fracaso

El país no está en condiciones de valerse por sí solo porque no se me ocurre algo más alejado de una autarquía que la República Dominicana. Entonces, tratemos de ser realistas. La estatización hace décadas de la mina de oro de Pueblo Viejo no pudo ser experiencia más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona es el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía reivindicativo de nuestros recursos naturales.

No existe una sola evidencia del beneficio que esa nacionalización le trajera al país o a la provincia Sánchez Ramírez. No existe ni existió nunca una herencia material que pruebe que esa acción pueda ser catalogada como un acto positivo. Mucha gente salió ganando, es cierto, pero a un precio muy alto para el país. Otro ejemplo: la readquisición por el Estado de las empresas distribuidoras. El resultado ha sido la congelación del sistema eléctrico, con apagones y problemas en el suministro similares a los de medio siglo atrás.

Pero si eso es lo que queremos, ¡perfecto! Si la influencia que la Iglesia católica sobre la población sirve para fomentar la protesta contra la inversión en el área minera Leer más de esta entrada

El Bosch real olvidado

Incapaces de emularlo en su diario quehacer, muchos de sus alumnos y seguidores han utilizado el legado de Juan Bosch para encumbrar su figura más allá de lo que él hubiera permitido, como si buscaran su perdón por los pecados cometidos y el abandono de las ideas y las prácticas que él les insufló con espartana rigidez. Su divinización con rimbombantes homenajes son actos de profanación del que fue su líder. Y su exaltación como estadista es desproporcionada al papel que jugó como tal en la historia nacional.

Esas acciones distorsionan al Bosch verdadero, grande en sus contradicciones y admirable aún en sus arranques de soberbia. Derrocado siete meses después de asumir el poder, ese hecho nefasto en la historia nacional hizo de él un mal gobernante según su propia definición del arte de ejercer el gobierno, pues como él dijera saber gobernar es saber mantenerse en el poder, una inexplicable justificación de la tiranía que él tanto combatió.

No es posible ser leal a las enseñanzas de la historia y pretender juzgar a Bosch, como se le quiere desde la tribuna partidista, únicamente por lo que él representó para sus seguidores. Leer más de esta entrada

De patriotas y revolucionarios

Los controles oficiales concebidos teóricamente para garantizar suministros adecuados de productos básicos a la población, terminan erosionando los canales de comercialización y abastecimiento. No se trata de negar la importancia del papel del Gobierno en la vida de una nación.

El problema estriba que al trascender su presencia por encima de lo que dictan sus obligaciones constitucionales, los gobiernos descuidan sus tareas fundamentales y tenemos el caso patético de Venezuela. Y esto normalmente ocurre en detrimento de las propias responsabilidades adicionales que tratan de asumir. En definitiva ni una cosa ni la otra.

Lo ideal serían gobiernos menos interventores, lo que sólo sería posible si llegaran a aceptar su carácter esencialmente normativo. Renunciando a la pretensión de controlar todo el cuerpo social y económico del país, los gobiernos podrían adquirir una mayor capacidad y eficiencia para cumplir con sus funciones reales.
Podrían dotar así al pueblo de los servicios que no han sido capaces de brindar en las áreas tan sensibles e importantes como la educación, la salud, el transporte, la agricultura, entre otras. Leer más de esta entrada

De vocación y desafíos

Dicen que se llega al lugar deseado tomando a veces el camino equivocado. Me sucedió de esa manera cuando sentí que había encontrado mi verdadera vocación, que ha sido la del periodismo y con ella más tarde la investigación histórica. Fue en el segundo del bachillerato, cuando el teorema de Pitágoras casi me deja sin neuronas. Eso de que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los catetos, no venía conmigo.

Lo digo en serio. Tener que emburujarme con aquello de que en todo triángulo rectángulo si la dimensión del cuadrado de la hipotenusa es C y las longitudes de los catetos A y B, la fórmula sería c es igual a a+b, o b sería igual a c menos a y por tanto a a c menos b, y con todo ese mundo que de ello se desprendía, me decía ya que tenía que ganarme la vida de otra manera.

Mis notas en matemáticas si bajaban más podían encontrar petróleo. Y eso de trigonometría, ¡uf! mejor ni hablar. Leer más de esta entrada

El compromiso que necesitamos

En la tradición política dominicana, nada que haga el gobierno encuentra apoyo en la oposición. Esa característica peculiar de nuestro accionar político se da incluso en los temas en que teóricamente hay coincidencia de pareceres, impidiéndonos avanzar en la búsqueda de solución a los problemas que arrastramos desde el nacimiento mismo de la República.

Se ha escuchado decir a todo aquél que hace vida política partidaria que la educación es la clave del futuro, la magia liberadora de la esclavitud proveniente de la ignorancia y el analfabetismo. Mismo ha ocurrido con la salud pública, el medio ambiente, el transporte, los servicios públicos y cuantas cosas influyen en la vida diaria de la gente que habita este país.

Bastaría una simple revisión de las propuestas electorales, las actuales y las del pasado, para comprobar cuán similares son y han sido las de unos y las de los otros, sin que en la práctica se haya dado un concierto de voluntades para hacerlas realidad y sentar así las bases del bienestar real al que todos, por igual, tenemos derecho sin importar afiliaciones y creencias. Leer más de esta entrada

La crítica y el periodismo (3 de 3)

Es cierto que la prensa ha sido víctima de la intolerancia de quienes no creen en ella o la ven como un obstáculo a sus ambiciones desmedidas. Pero no es menos cierto que muchos ciudadanos, en la política, la farándula, el deporte y el gobierno, son con la misma frecuencia víctimas de los prejuicios y la incompetencia de quienes han encontrado en el ejercicio del periodismo un medio para exhibir sus mediocridades intelectuales.

A menos que esté preparada para aceptar los más severos juicios sobre su papel, la prensa nacional, y en particular los periodistas, no estaremos en condiciones de contribuir eficazmente a la creación de un clima libre y sin prejuicios para el debate de las ideas, lo cual es fundamental para la democracia. Los ejemplos diarios de intolerancia periodística son tantos como los que la prensa critica.

Algunos amigos me cuestionan las razones por las que suelo con esporádica frecuencia reproducir o hacerme eco de las críticas, muchas veces agrias y subidas de tono, que recibo en mi dirección electrónica de lectores enojados por el contenido de uno que otro comentario en esta columna diaria. Leer más de esta entrada

La crítica y el periodismo (2 de 3)

Recuerdo perfectamente la ola de protestas y quejas que abrumaron en agosto de 1985 al entonces síndico del Distrito Nacional, José Francisco Peña Gómez, cuando, en ejercicio pleno de sus derechos, el político cuestionó la capacidad de articulistas y comentaristas que habían escrito y hablado en forma crítica sobre él y sus posibilidades electorales en aquella época dentro del PRD. Peña Gómez los llamó disparatosos. La reacción a ese calificativo fue desproporcionada y no guardó el debido respeto a las opiniones de un líder sobre la prensa.

Si el clima de libertad y el nivel de desarrollo democrático alcanzado en los últimos años otorga el derecho a los periodistas a la crítica de las actuaciones de los hombres públicos, en idéntica forma éstos tienen igual derecho de sentirse molestos con los juicios de la prensa y manifestarse públicamente, sin tener que padecer el peligro, como ocurre a menudo, de represalias que muchas veces toman la forma de un boicot de sus actividades en las páginas de un diario. Negar el derecho de un político o de un ciudadano a decir en público lo que probablemente muchos de ellos piensan o sienten, por ejemplo, de mis artículos o de mi vida profesional, equivaldría también a asestar un golpe mortal a mi derecho a expresar libremente mis ideas. Leer más de esta entrada