El valor de la democracia

Las dictaduras y los gobiernos autoritarios son más fáciles de sostener que una democracia auténtica. Sólo necesitan valerse de la fuerza y de la intimidación para mantenerse y luego el miedo los hace una costumbre. Lo hemos vivido una y otra vez en esta nación, en la que sus fundadores, los que se entregaron a la causa de la redención del pueblo dominicano, terminaron en el cadalso o murieron en medio de una pobreza atroz en el exilio, olvidados de aquellos que habían contraído con ellos una deuda de gratitud impagable.

La democracia, en cambio, requiere de una construcción basada en la tolerancia y la paciencia. No se edifica de un tirón como las dictaduras. Es una cultura. Los gobernantes democráticos están obligados por las constituciones y las leyes y están moral y legalmente forzados a respetarlas y hacerlas cumplir, por encima de sus simpatías y compromisos personales o de logias.

La dictadura y el autoritarismo son monolíticos. Tienen una sola finalidad y se alcanzan por el sometimiento. La democracia exige comprensión y en ella los gobiernos están sometidos a la autoridad del pueblo, al que deben servir. Leer más de esta entrada

Los desafíos requieren pactos

La Ley General de Educación que consigna al sector preuniversitario el 4% del PIB ha sido, sin duda alguna, la victoria de opinión pública más importante de las últimas décadas y fue resultado de un gran pacto nacional, que involucró al Gobierno, partidos políticos, organizaciones empresariales, gremios profesionales, federaciones sindicales, las iglesias y el resto de la sociedad civil. Nadie puede negar que el resultado de esa extraordinaria conjunción de voluntades ha sido de enorme beneficio para el país y que como resultado de ello en el corto o mediano plazo comenzaremos a ver los extraordinarios avances en materia educativa que tanto hemos anhelado, para el crecimiento de la productividad y el mejoramiento de la calidad de vida de la población, especialmente los de más bajos niveles de ingreso.

La nación tiene ante sí muchos otros desafíos inaplazables. Dos de ellos, los más apremiantes, se refieren al negocio eléctrico y al sistema impositivo. Sin una estructura energética fiable, moderna, de calidad mundial y de precios competitivos, nuestras posibilidades de acceso a los mercados más exigentes y prometedores se irán reduciendo en la medida en que quedemos rezagados del resto de nuestros pares en el resto del mundo. Leer más de esta entrada

Por una agenda sin condiciones

Si los propietarios o conductores de vehículos de lujo, que se suponen con un nivel de educación suficiente para saber la importancia del respeto a las leyes, copan las intersecciones, usan las aceras para rebasar y se estacionan indebidamente, cómo esperar que los del concho y las guaguas “voladoras” las observen. Si los dirigentes políticos suben la voz en la discusión de los temas fundamentales en la creencia de que el ruido los hace más creíbles. Si para ellos el “transfuguismo” se reduce a dos razones: idealismo cuando el que se va se inscribe en su partido y traición cuando es uno de los suyos el que se va; si periodistas e intelectuales usan la radio y la televisión sin el menor respeto a las buenas costumbres, creyéndose dueños de la verdad absoluta y algún líder religioso corta una discusión por él empezada con un tajante “no hablo con maricones”, entonces tendríamos que convenir que no toda la culpa de nuestros problemas proviene solamente de la fuente del gobierno.

Si nos motivara realmente la búsqueda de una salida a los problemas que agobian al país, talvez tendríamos que comenzar renunciando a la falsa idea de que sólo yo y los que me acompañan tenemos la razón y que por el contrario hablar quedo facilita el entendimiento, evitando que el ruido ensordezca y nos separe. Si al sentarnos a la mesa alguien cree que el objeto de discusión le pertenece qué sentido tendría entonces quedarse ahí. Leer más de esta entrada

Derechos humanos y criminalidad

Por años, el tema de la defensa de los derechos humanos ha ocupado buena parte de la atención de los medios por su importancia capital en la práctica democrática y ese permanente interés ha generado serios cuestionamientos a las políticas oficiales sobre la materia. Buena parte de la preocupación se ha centrado en la protección de los derechos ciudadanos de aquellos que hacen del crimen y de la violencia física una norma de conducta, sin reparar el daño que causan a los demás y la
desprotección con que se dejan a los más vulnerables, los que frecuentemente son víctimas de la criminalidad en auge.

Por desgracia, la creatividad de los organismos de protección ciudadana no se compara con la facilidad y rapidez con la que las distintas modalidades del crimen organizado han logrado ampararse en los tecnicismos que las leyes ponen a su disposición, colocándolos cada día más lejos del alcance de las sanciones legales y haciendo más difícil y menos eficiente el combate a la criminalidad y la delincuencia. Leer más de esta entrada

La fórmula Cámpora y el kirchnerismo

Las elecciones en Argentina devuelven el poder al kirchnerismo peronista, a pesar del triste legado del Partido Justicia del dictador Juan Domingo Perón. Y plantean, además, la posibilidad de que con el presidente electo, Alberto Fernández, se repita el fenómeno Cámpora, para entregarle nuevamente la presidencia a Cristina Fernández, electa vicepresidenta después de dos mandatos presidenciales mientras se defendía de un extenso expediente de corrupción que estuvo a punto de llevarla a la cárcel.

Héctor José Cámpora fue un destacado odontólogo y fiel peronista que el dictador designó desde su exilio en España como su delegado, ante la prohibición que le impedía regresar a Argentina. Cámpora había sido presidente de los diputados y vicepresidente de la convención que aprobó la Constitución de 1949, que otorgó plenos poderes a Perón. Con el golpe de militar de 1955 que derrocó a su jefe fue encarcelado, pero logró fugarse a Chile.

Como parte de lo que se conoció como Operación Retorno, Perón lo designó candidato de su partido y la victoria electoral de 1973 puso fin al gobierno de la junta militar lo que permitió a Perón regresar a Argentina. Leer más de esta entrada

Las opciones con Haití

En nuestras difíciles relaciones con Haití, con el que compartimos una frontera de más de trescientos kilómetros, sólo existen tres caminos;

1—Irnos a la guerra. Esta opción no ofrece posibilidad de ganancia alguna. En el caso hipotético que nuestros ejércitos aplastaran a las fuerzas contrarias, las consecuencias diplomáticas nos aislarían, corriendo el riesgo, aún peor, que una coalición militar ocupe ambos territorios para imponer una paz condicionada que acabaría con la soberanía y la independencia que los grupos radicales alegan defender. En esas circunstancias la masiva presencia haitiana se convertiría de hecho en una “quinta columna”, lo cual nos obligaría a luchar en dos frentes con escasas posibilidades. Opción descartada.

2.—La separación territorial física. Colocar con una inmensa sierra eléctrica a los ultranacionalistas en ambos extremos de la frontera para dividir en dos la isla, empujando al mar la parte correspondiente a Haití, para mantenerla bien lejos y evitar así el flujo masivo ilegal y legal de haitianos. No me parece una tarea humana posible, por cuanto no se ha fabricado ni se conoce una sierra de tal tamaño ni creo que nadie pueda llevar a cabo tan titánica tarea. Por tanto esa opción queda igualmente descartada. Leer más de esta entrada

¡Muera la minería!

En una entrevista radial un profesor universitario casi gritó: ¡Muera la minería!. La expresión me golpeó con la fuerza de un huracán y me pregunté qué pasaría si el creciente fundamentalismo ambiental se impusiera en todo el mundo y los gobiernos decidieran acabar con la explotación de los recursos naturales para enfrentar los efectos del deterioro del medio ambiente y el calentamiento global del planeta. No es difícil imaginarlo. Sin petróleo, gas natural, zinc, oro, plata, aluminio, cobre, ferroníquel, mercurio y los demás minerales, al cabo de muy poco tiempo, tendríamos que cerrar los puertos y aeropuertos, porque no habrían barcos ni aviones; las industrias, los hospitales, los restaurantes y la construcción de edificios, escuelas y carreteras, ya no serían posibles.

No tendríamos cómo preservar los alimentos, las neveras no funcionarían por falta de electricidad, y no habría formar de llegar temprano al trabajo, si llegaran a quedar empresas, porque el transporte no existiría ¿de qué están hechos los buses y automóviles sino de recursos extraídos del subsuelo?. La verdad es que el cierre o muerte de la actividad minera, como máxima expresión de la irracionalidad ambiental, decretaría de hecho la muerte lenta y segura de la civilización humana, como hoy la conocemos. ¿Con qué se harían las computadoras? ¿Cómo diablos podríamos preservar el teléfono, la radio, la televisión? Leer más de esta entrada

El valor de los símbolos patrios

En julio del 2015, la entonces presidenta del Senado, Cristina Lizardo, emprendió una campaña por el buen uso de los símbolos patrios, corrigiendo un error en la réplica del Escudo que existía en la sede del Congreso. Tan feliz y oportuna iniciativa me motivó a escribirle, y por igual al presidente de la Cámara, pidiéndoles que extendieran su loable preocupación al uso de la bandera, dado que no parece haber conciencia oficial con respecto a la tonalidad del azul de dos de sus cuadrantes, observándose cómo incluso en los edificios públicos, se suelen ondear, una del lado de la otra, banderas con distintos colores azules.

Esta ha sido una inquietud personal que he plasmado infinidad de veces en esta columna, sin que ninguna autoridad relacionada con el tema haya tomado alguna decisión, para evitar que continúe esa terrible confusión respecto a uno de los colores de nuestra insignia. La ignorancia sobre el particular es tan notable que una vez le pregunté a un estudiante universitario si conocía aquello que terminaba “¡Quien te viera, quien te viera más arriba mucho más” y me respondió que le gustaba mucho esa bachata pero no recordaba quién la cantaba. Leer más de esta entrada