Las viejas salas de redacción

Las redacciones de los periódicos no son siempre escuelas de aburrimiento. A excepción de los bajos salarios, allí se pasan buenos momentos. En el periodismo manual en que me desarrollé, en que se escribía en máquinas mecánicas y se usaban bolígrafos para corregir los originales, se gozaba un mundo. En el centro de la herradura que fungía como mesa de redacción, en mi condición de jefe de corrección de estilo y subjefe de redacción de El Caribe, por mis manos pasaron cuantas cosas las alas de la imaginación de los corresponsales de pueblo eran capaces de crear.

Recuerdo aquel reporte policial que hablaba de un crimen salvaje en la que un hombre había asestado a otro quince puñaladas y que según la Policía “afortunadamente sólo tres eran mortales”.

En una boda en un pueblo del Cibao, la alegría propia del festejo terminó con un pleito a sillazos en la que “las mesas y las sillas volaban raudas como mariposas en el cielo azul de la sala”. Luego supe que el buen señor que hacía de corresponsal había terminado como poeta. Leer más de esta entrada

El peso de la leyenda negra

Hay toda una leyenda negra sobre la industria azucarera estatal asociada al uso de mano de obra haitiana en el corte y tiro de la caña. Por años, se la ha asociado al incremento de la inmigración ilegal, bajo el supuesto de que es necesaria para la supervivencia de la industria, creyéndosela principal beneficiaria de ese éxodo humano. La verdad es que ni siquiera lo fue en la década de los setenta del siglo pasado, cuando el Estado era primer productor y exportador de azúcar, y la industria generaba la tercera parte de los ingresos de divisas. Incluso ya entonces la mayoría de la inmigración haitiana se asentaba en otras faenas agrícolas, como la siembra y recolección de arroz y el cuidado de otros cultivos intensivos.

Es cierto que la industria estatal creció en base al empleo de esa mano de obra barata. Pero curiosamente ahí estuvo en parte su propio derrumbe, porque no aprovechó los periodos cíclicos de buenos precios ni su ventajoso acceso al mercado preferencial de Estados Unidos para renovarse y mecanizar las tareas agrícolas, como hicieron con éxito y a tiempo los productores privados. Leer más de esta entrada

Del periodismo del más allá

Una de las herencias trágicas del autoritarismo propio de nuestra historia, y que aún se expresa en amplias esferas de la vida social, es la de aceptar cuanto se nos diga sin cuestionamiento alguno y propalarlo. Ni en el aula es común formular preguntas y esa modalidad de aprendizaje se ha exportado a ciertas formas de periodismo.
En julio del 2016, por ejemplo, recibió un tratamiento mediático especial la “revelación” hecha por el vocero de una muy activa ONG relacionada con el cambio climático, de que la visita esos días del canciller de Brasil al presidente Danilo Medina tuvo como propósito prevenirle acerca de una investigación del Ministerio Público de la nación suramericana en la que la figura presidencial se vería asociada a una trama vinculada a una empresa brasileña acusada allí de tráfico de influencias, sobornos y sobrevaluación.

La fantástica “revelación” fue hecha en una entrevista radial, reseñada en diarios digitales y tradicionales, lo que confirma la vieja práctica llevada de contrabando al periodismo, sin que nadie ose indagar lo fundamental, que en ese caso sería obviamente la procedencia de la información. Leer más de esta entrada

A propósito de clientelismo

Para que se tenga una idea de nuestra práctica política clientelar sería suficiente señalar el ejemplo de Francia. El país galo es la segunda economía de la comunidad europea, después de Alemania, es miembro del llamado Grupo de los Siete, que reúne a las naciones más desarrolladas del mundo, y posee su propio arsenal nuclear. Lo habitan más de 66 millones de personas, y su extensión territorial es de 674,843 kilómetros cuadrados, seis veces la población dominicana y catorce veces la superficie nacional.

En ese país, cuna de ilustres pensadores y artistas, el tope del gasto en campaña era pocos años atrás, según cifras disponibles, 22 millones de euros, unos 25 millones de dólares, equivalentes a unos 1,087 millones de pesos dominicanos, mucho menos de lo que los 32 senadores de esta economía caribeña se engullen en menos de cuatro años en barrilitos y bonos con motivo de la navidad, los Reyes, el día de las Madres y otras celebraciones en las que la voracidad de nuestros honorables legisladores hacen cada año su agosto, sin contar, por supuesto, los añadidos que a esa fiesta permanente del desorden, la falta de transparencia y el irrespeto a la legalidad representan, en probablemente mayor proporción los 190 y tantos diputados de la hipertrofiada Cámara Baja. Leer más de esta entrada

De loterías y juegos de azar

A mediados del 2014, el Ministerio de Hacienda sugirió la idea de reducir los sorteos diarios de las distintas loterías existentes y en los seis años transcurridos desde entonces, han sido pocas las reacciones a favor de esta importante recomendación.
En el país funcionan más establecimientos de juegos de azar que escuelas, colegios e iglesias de todas las denominaciones juntas.

Es mucho mayor el gasto en loterías, juegos de azar y apuestas, que el consumo nacional de leche y carne. La gente gasta lo que no tiene en la vana ilusión de conseguir un golpe de suerte que cambie radicalmente su vida y aunque uno que otro lo consigue, la casi totalidad de la población que se aferra a ese sueño despierta decepcionada al chocar al día siguiente con la realidad.

Uno de los premios más alto obtenido en esas loterías, y este no es un chiste, ocurrió a comienzos de ese año y una de ellas anunció en un corto mensaje de prensa que el boleto ganador se había vendido, léase bien, ¡en Turcos y Caicos! Y se acabó. Tenía un acumulado de unos 170 millones de pesos y, por supuesto nunca se anunció la identidad de tan feliz ganador.

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“…cuando regreso a casa”

Benjamín Disraelí, el estadista inglés del siglo XIX, escribió: “Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible”. En el país esa sentencia no se cumple. El papel de los partidos se limita a la crítica, a veces por la crítica misma, y esa desnaturalización de su rol no ayuda al fortalecimiento de las instituciones democráticas y les obnubila la visión de la realidad en la que se desenvuelven.

En política, aún en las naciones más ricas donde las necesidades de la población son menores, la realidad, sea de naturaleza política o social, condiciona la acción de los gobiernos. En el caso nuestro esa realidad suele ser brutal, capaz de minimizar cualquier esfuerzo por encararla. Y la escasez de recursos hace más difícil el esfuerzo. De manera que la acción ejecutiva no alcanza por lo general a llenar todas las apremiantes demandas materiales de una sociedad que reclama la solución de problemas tan añejos como la república misma. Leer más de esta entrada

La obra que Beethoven dedicó a Napoleón

De todas las obras del genial compositor alemán Luidwig Van Bethoven, ninguna tuvo el impacto que la Tercera Sinfonía, La Heroica, en Mi bemol mayor, opus 55, que al decir de los expertos marcó el comienzo del romanticismo musical, rompiendo con los cánones del tradicional clasicismo de su época.
Esta obra, que Beethoven dedicó inicialmente a Napoleón Bonaparte, no fue bien recibida tras su estreno en Viena en 1805, bajo su dirección. Sus críticos, que no resistían su temperamento apasionado y agrio, la calificaron de excesivamente larga, inconsistente y aburrida.

La obra le había costado al autor dos años de arduo trabajo. Cuando Bonaparte se proclamó emperador en 1804, Beethoven rayó el nombre con enfado y sustituyó el segundo movimiento, “La marcha triunfal”, por una marcha fúnebre, y llevó después ese segundo movimiento al último de su Quinta Sinfonía. Cuando la obra fue posteriormente publicada, en 1806, le dio el título de “Sinfonía Heroica compuesta para celebrar el recuerdo de un gran hombre”, para mostrar su desencanto con el restablecimiento del imperio francés. Leer más de esta entrada

El heroísmo verdadero

Los dominicanos veneramos a nuestros héroes por la forma en que murieron; en revoluciones y acciones patrióticas que no siempre significaron un avance real. Olvidamos mirar alrededor, donde el trabajo voluntario de muchos alivia sufrimientos y colma de esperanza a miles de personas aquejadas de salud, desprovistas de afecto y despojadas de alguna posibilidad en la vida, como han sido los médicos durante el Covid-19. Es allí, a mi juicio, donde reside la heroicidad verdadera; la de gente que se despoja de recursos y dedica su tiempo en beneficio de los demás, llevando consuelo a quien lo necesita y abriendo espacios de oportunidades a imposibilitados de obtenerlas por cuenta propia.

Hay entre nosotros muchas instituciones merecedoras de todo el reconocimiento que una sociedad solidaria puede dar, como la Asociación Dominicana de Rehabilitación, una obra gigantesca de justicia y solidaridad, y la Fundación Futuro, a las cuales se han sumado desde su fundación cientos de dominicanos, inspirados por pura vocación de servicio. No se trata de una labor de caridad ni de soporte para otra causa. Leer más de esta entrada