La paz que no han tenido (1 de 3)

Jerusalén, que significa “Ciudad de Paz”, algo que paradójicamente no ha conocido, ha sido a través de los siglos centro de disputas y objetivo de conquistadores. Cristianos, musulmanes y judíos reclaman hegemonía sobre ella, pero sólo éstos últimos han estado emocional y espiritualmente ligados a Jerusalén con el paso del tiempo a lo largo de la historia.

Su control ha pasado de una religión a otra y ha sido destruida y bloquea más de 20 veces en los últimos 3,000 años. La zona de Jerusalén fue prometida a dos tribus de Israel, cuando ese lugar fue repartido en los albores de la historia. En el año 1000, antes de la era actual, el rey David conquisto la ciudad y estableció en ella su capital. Su hijo, el rey Salomón construyó el templo transformando la ciudad en el centro espiritual y religioso de las tribus que componían entonces el pueblo de Israel.

Las huestes de Nabucodonosor, rey de la Babilonia, la destruyeron pero los judíos regresaron de su exilio en el 455 A.C. Leer más de esta entrada

Un problema real

La ilusión de prosperidad que surge de la imparable construcción de torres y centros comerciales no tardará en derrumbarse. Existe ya una sobre oferta de unidades de apartamentos para grupos de clase media alta y la cifra sigue en aumento, sin que bajen los precios. El impuesto a la propiedad inmobiliaria, basado en el patrimonio, desalentará finalmente, y de hecho lo está logrando, la inversión en esa área, paralizando el crecimiento de la industria de la construcción, con las consecuencias que inevitablemente traería a la actividad económica.

El efecto dominó afectará infinidad de negocios y actividades relacionadas directa e indirectamente con el sector de la construcción, como ferreterías, transporte de carga, entre otros, de los que dependen miles de familias, sin posibilidad de crear en el corto o mediano plazo oportunidades de reemplazo que generen suficiente actividad para reavivar el ritmo de la economía.

Agréguese a esto el costo de la energía eléctrica, las alzas continuas de los combustibles y otras cargas impositivas, muchas de ellas de carácter administrativo, el encarecimiento de los alimentos y medicinas, que merman la capacidad de las medianas y pequeñas empresas, así como de las familias de clase media y baja, para tener una idea de lo que nos espera. Más ciudadanos atribuirán sus tribulaciones al modelo económico y a la actividad política, viendo cómo las vicisitudes propias del diario quehacer no se repiten en el ámbito de los partidos, con sus líderes y dirigentes en continuos procesos de acumulación de riqueza, rodeados de privilegios, mientras a ellos se les oscurece el panorama y empobrecen cada día.

Algunos lectores dirán que veo la realidad con exceso de optimismo, porque la visión que alcanzo a percibir domina ya muchos ambientes en nuestras ciudades.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Cuando de “quedar fuera” se trata

El tratamiento mediático de ciertas informaciones de la actividad gubernamental tiende a perpetuar muchas de las falsas percepciones que de la política tienen los ciudadanos. Me refiero a cuando se escribe, por ejemplo, que varios dirigentes del partido oficialista “quedaron fuera”, al no ser designados en funciones del gabinete o en otros cargos importantes de la burocracia estatal.

El quedar “fuera” pretendería decir que se les ha violado un derecho, como si el desempeño de una función pública constituyera una propiedad privada o viniera de una herencia nobiliaria.

En la oportunidad más reciente de renovación burocrática, algunos que “quedaron fuera” no tenían razón ni justificación para no quedarse donde quedaron, porque sus largas permanencias en la actividad partidaria no es un derecho por sí mismo para desempeñar una importante función pública y cada cierto tiempo, como ha ocurrido, es de renovación y oportunidades para un necesario relevo. Leer más de esta entrada

Las metas del futuro

Si alguna prioridad tenemos es la de proponernos metas como nación y lograr un programa de acción que defina lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro en el futuro. Tan grande esfuerzo no corresponde a una sola administración y menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista o de cualquiera otra naturaleza.

Si permitimos que nuestras diferencias nos sigan distanciando en la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio, enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

La imperiosa necesidad de encontrar vías para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado buena parte del juego político. No debemos perder la confianza en nuestra fortaleza para salir airosos de las situaciones más difíciles. Leer más de esta entrada

La reina del Metropolitan

Aun en los ambientes más cultivados del género operático, pocos recuerdan a Lily Pons, quien fuera la reina indiscutible del Metropolitan de Nueva York, la meca del mundo lírico, por casi treinta años, desde su primera presentación allí en 1931 con Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti. Nacida en Francia, a comienzos del siglo pasado, Alice Josephine Pons, que era su nombre completo, ingresó en 1930 a Estados Unidos, donde adquirió años después la nacionalidad, siendo una desconocida en el ámbito lírico. Muy pronto, sin embargo, la hermosura de su voz, su inconfundible timbre y la limpieza de sus agudos, la catapultaron la cima, en la cual permaneció hasta finales de la década de los cincuenta, poco antes de su retiro de los escenarios.

Su estable carrera estuvo cimentada no solo en su extraordinaria habilidad vocal y su impecable técnica sino también en su perfecto dominio escénico y su innegable talento dramático, que la convirtieron en la preferida del exigente público de su época.

Aunque se la consideró como una de las mejores verdianas, su capacidad para alcanzar el Everet en sus brillantes y limpios agudos la convirtieron en la preferida de los amantes de Mozart, debido a sus grandes éxitos con Las Bodas de Fígaro y la Flauta Mágica, que aún se recuerdan como momentos memorables en la historia del Metropolitan.

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¡No, no tengo ganador…, fanáticos!

Un ya lejano sábado en la mañana presencié lo que parecía una impresionante y escalofriante carrera de autobuses en el tramo comprendido entre la estación del peaje y el elevado de Boca Chica. Los dos gigantescos vehículos de compañías privadas que controlan la ruta, atestados de pasajeros, lucían empeñados en una competencia cerrada por llegar primero. Debían correr a no menos de 130 kilómetros por hora, una estimación basada en la velocidad en que se movía el mío que no pudo darles alcance. Me imaginé el semblante de los pasajeros; pétreos los rostros, secos y temblorosos los labios; manos sudorosas de piadosas señoras haciendo la señal de la cruz, implorando con la mudez del miedo al Altísimo por sus vidas.

La aparente competencia se intensificó al pasar frente a la universidad tecnológica, cruzando ambos de un carril al otro en un festival de frenesí. Me resistí a dar crédito a lo que vieron mis ojos cuando los dos vehículos subieron al primero de los elevados. El delantero se puso en medio de los carriles con la aparente deliberada intención de evitar que el otro le pasara. Las partes superiores de los autobuses oscilaban, como si fueran a inclinarse de un lado a otro de la pista. Leer más de esta entrada

El mito de la seguridad social

La seguridad social en este país no protege a quién más lo necesita, por lo que urge una reforma sustancial a la ley que la creó a fin de humanizarla y darle el sentido social que realmente no posee. Mi entrega de hoy se refiere a un caso dramático que un lector me relató hace ya un tiempo con palabras que evidenciaban desesperación y que reproduzco a seguidas:

“Permítame ocupar parte de su tiempo para relatarle un acontecimiento insólito, de los tantos que se suceden a diario en este país, tristemente olvidado de Dios. Mi madre que recién acaba de cumplir los 75 años de edad (Gracias Dios por ello), y que llevaba unos doce o trece años pagando regularmente un servicio de salud en una de las tantas prestadoras de este servicio, recibió una carta de esa empresa comunicándole que por razones de edad no se le renovaría su contrato. Ante esta eventualidad, mi madre se quedó de buenas a primeras sin un servicio básico y esencial en este nuestro país, como lo es un seguro de salud”. Leer más de esta entrada

Nostalgias de adolescencia

Al pensar en los que fueron mis años de infancia y adolescencia, en esta etapa de la vida siento que una de mis mayores pasiones ha sido siempre la música. Recreo aquellos lejanos tiempos de escasez, cuando el miedo a la tiranía normaba la vida familiar, en aquella pequeña y modesta casa de la calle Fabio Fiallo, entonces Benefactor, en las que tendido sin camisa en el piso para amortiguar el calor, solía quedar maravillado escuchando a los grandes compositores clásicos. Fue tal vez el concierto número uno para violín de Paganini o Introducción y Rondó Caprichoso de Saint Saënz interpretados por el francés Zino Francescatti, en el programa que transmitía todas las tarde HIZ, lo que produjo esos primeros escalofríos, que se sienten en la espalda, y de cuyo recuerdo nunca me he podido liberar.

No tengo claro si fue él u otros grandes violinistas como Yehudi Menuhin, Isaac Stern, Jascha Heifetz y Giddon Kremer, todos judíos, cuyas interpretaciones solían oírse a diario por esa emisora, puedan ser los responsables de esa primera frustración personal de no poder valerme de ese instrumento milagroso. En aquellos tiempos se requería de muchos recursos para estudiar música y aunque el conservatorio me quedaba al otro lado del Parque Hostos, entonces Ramfis, intentarlo era fastidioso. Se pasaba uno horas enteras en el libro de solfeo, marcando el compás y cantando las notas, sin salirse durante meses de la clave de Sol, sin llegar a las demás, y sin tener contacto con el instrumento.

Cuando por fin pusieron uno en mis manos, era una viola, y el sonido al pasar el arco me resultó desgarrador, porque no poseía alma, el diminuto pedazo de madera interior que le da vida y sentido al instrumento. Y todos comprendemos en algún momento de la vida que en el alma está el sentimiento y sin ella no puede haber buena música. Ese día me olvidé del conservatorio.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)