El virus de la corrupción

A pesar de los años transcurridos, recuerdo que un ministro brasileño se vio precisado a renunciar en el 2011 después que un diario de Sao Paulo informó que su esposa usaba como “chofer particular” a una persona pagada por el Parlamento y días más tarde se publicó la renuncia de un legislador puertorriqueño incapaz de probar de dónde sacó el dinero para comprarse un automóvil de lujo. Estos dos hechos bastarían para derrumbar los infelices argumentos con los cuales se ha justificado por años entre nosotros la ausencia de acción para combatir la corrupción, a despecho de las múltiples y espantosas denuncias publicadas casi a diario en los medios.

Con frecuencia se nos dice que probar la corrupción es muy difícil y por ende casi imposible combatirla y ni soñar erradicarla. La verdad es que llegamos a ese punto por falta de voluntad política. Lo demuestran los casos de renuncias mencionados. El problema es que si los parámetros con que se mide la corrupción en esos dos países se dieran en el nuestro, no tendríamos muchos funcionarios y probablemente también muy pocos periodistas. Los cables publicados en los últimos años revelan que esa falta de voluntad era y es percibida todavía en el exterior. Y como todos sabemos se ha dado en los más altos estamentos del poder político dominicano, si bien es obvio que esa percepción pudiera estar cambiando.

Leer más de esta entrada

“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales como en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, de acuerdo con la traducción,el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuleto. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos.

Leer más de esta entrada

Que el buen viento nos guíe

La temporada ciclónica 2021 se inicia mañana, la que los expertos pronostican menos activa que la anterior, lo que necesariamente no debiera inducir a descuidar la vigilancia.

Por suerte hay suficiente experiencia acumulada por lo que se puede asegurar, sin exagerar, que el país está preparado para abordar cualquier contingencia y estamos en condiciones para afrontar el embate de la naturaleza, aunque a decir verdad, lo mejor es que no nos toque ninguno de consideración.

Nuestros organismos de socorro han avanzado mucho en prevención de desastres, en respuestas a emergencias, cumplimiento de protocolos para este tipo de situación y en coordinación interinstitucional.

Leer más de esta entrada

“El camino del infierno…”

En las tertulias de intelectuales como en el discurso político es frecuente escuchar una frase que leí por primera vez en una edición en español de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

En el tercer acto de la obra, de acuerdo con la traducción,el autor la pone en labios de Mercucio, el íntimo de Romeo, de la familia Montesco, cuando aquél cae abatido en un lance con Tebaldo, pariente de la familia rival de los Capuleto. La escena ocurre luego de que Romeo evadiera batirse con su celoso rival al encontrarse en una plaza el día después en que conociera a Julieta en una fiesta de disfraces en el palacio de los Capuleto y ambos confesaran su amor a primera vista. Romeo se arrodilla sobre su amigo y le pide perdón por haber intentado separarlos y evitar así una tragedia lo que aprovechó Tebaldo para herir de muerte a Mercucio. Entonces Romeo enfurece y mata de una estocada a Tebaldo y huye, agravando así la vieja rivalidad entre las dos familias lo que impide el romance entre los dos jóvenes, en un drama que concluye con la muerte de ambos.

Leer más de esta entrada

Un sentimiento de culpa

Al cotejar las reacciones a las denuncias contra el país por el tema migratorio, me asalta el temor de que pudiera estar creciendo entre nosotros un sentimiento de culpa por la penosa situación del pueblo haitiano y, muy especialmente, aquellos que han tenido en el territorio nacional la oportunidad que su nación no les ofreció. No es mi propósito entrar en el estéril debate, en este pequeño espacio, de si esas oportunidades les han servido de algo. Me resisto a añadir otra pérdida de tiempo a una discusión que a lo largo de los años no ha conducido a ninguna parte.

Lo cierto es que a partir de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, la República Dominicana ha sido objeto de persistentes críticas, muchas de ellas injustas, que distorsionan la realidad de la inmigración ilegal masiva y creciente, un flujo humano que desborda desde hace tiempo la capacidad nacional para asimilarlo. La imagen que se ha creado de nosotros como nación ha generado estereotipos, contra los cuales el país ha tenido que lidiar para hacer entender a la comunidad internacional la validez de los argumentos que sustentan la política migratoria, sustentada en el Plan Nacional de Regulación.

Leer más de esta entrada

El sentido real de la democracia

Las democracias no se construyen solamente a base de leyes y constituciones. La democracia impera cuando sus reglas se transforman en hábitos de los ciudadanos. Cuando se hace una costumbre el respeto a las reglas y normas de convivencia y los principios de la Constitución se aceptan como pautas de la vida cotidiana. Funciona a partir del momento en que la población los asume como un estilo de vida.

Vivir en democracia no es tarea que concierna únicamente a los gobiernos. Los ciudadanos juegan un papel preponderante, porque se requiere de su atenta vigilia para hacer posible la dinámica que evite una especie de hibernación, que la condene a un somnoliento letargo. El funcionamiento de una democracia depende, por tanto, de la aceptación por los ciudadanos de los límites del ejercicio de sus derechos, si esto supone la garantía del usufructo de ellos por los demás. No se ejerce por la fuerza ni por la intimidación, por mucho que la sanción sea el freno a las excesos que la devoran. Tampoco es el resultado de acciones y políticas restrictivas, aun cuando muchas veces se hagan necesarias para la preservación del orden y los niveles mínimos de organización que permitan el libre ejercicio de las libertades públicas.

En el fondo, la democracia es la expresión máxima de la tolerancia, sin la cual no sería posible. Es aceptar que los demás no siempre están equivocados; que la verdad no se mide plebiscitariamente ni se determina por la voluntad de un poder que se estime superior a las leyes. Es coexistir con las diferencias. Por eso, es una práctica esencialmente cultural, fundamentada en el respeto a los derechos de la comunidad entera, cuyos hábitos se adquieren básicamente a través de la tradición, por lo que se hace a veces tan difícil entenderla y admitirla en el diario quehacer ciudadano.

Es por eso que a muchas sociedades se les hace tan cuesta arriba insertarla como una forma de vida diaria.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

La defensa de nuestros bosques

Si no detenemos la deforestación de nuestros bosques podríamos convertirnos en una réplica de lo que es Haití, nuestro vecino. La advertencia, que en su momento hiciera el hoy expresidente Danilo Medina, y parece compartir el actual mandatario Luis Abinader, no debería caer en el vacío ni vista como un asunto político partidista. Se trata de un reto fundamental, del que dependerá en un futuro no lejano la capacidad nacional para abastecer a la población de agua potable y garantizar la producción de alimentos a gran escala.

No se trata pues de una cuestión que competa solamente al gobierno. Es un desafío que exige la total entrega del liderazgo nacional, en todos los ámbitos de la sociedad, sin exclusión, porque del éxito que alcancemos en proteger nuestros bosques dependerá, en gran medida, la vida de nuestros ríos y las demás fuentes de agua, necesarias para la supervivencia humana. Es un tema que requiere de un compromiso serio, por encima de cuantas diferencias existan entre partidos y las demás organizaciones, sean gremiales, profesionales o empresariales, capaces de contribuir a la formación de una gran alianza para proteger un recurso vital de la república.

Leer más de esta entrada

Recordando una conversación con Bosch

Mientras trabajaba en la investigación del libro “El golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch”, tuve la oportunidad de entrevistar varias veces al líder del PLD, en la sencilla residencia donde entonces residía, en la calle César Nicolás Penson. Una de esas entrevistas fue grabada en video. En una oportunidad, entre finales de 1992 y comienzos del año siguiente, la conversación entró en un plano que nada tenía que ver con el propósito de mi investigación. Bosch me habló esa vez con entusiasmo de uno de sus temas favoritos: el de la desigualdad social, muy frecuente en sus alocuciones radiales a través del programa de su partido.

Durante su abortada presidencia, me comentó, sus esfuerzos por reducir la brecha social habían tropezado con la avaricia de las élites y la incomprensión existente entonces sobre la esencia de una verdadera democracia y la importancia de reducir los niveles de pobreza, como la vía más idónea y segura para impulsar el desarrollo y la paz y tranquilidad de la República. Aunque no fueron esas necesariamente sus palabras, sí eran el sentido de lo que él me transmitía.

Leer más de esta entrada