Una vecindad difícil ( 7)

La figura clave de ese complot era Michel Bredy, a quien Duvalier pretendió designar Encargado de Negocios en Santo Domingo. El nombramiento se le había rechazado, relataba Bosch, “haciéndole saber al Gobierno de Haití, con el lenguaje que se usa en la diplomacia, que nosotros sabíamos a qué venía ese señor”.

Bosch basaba su afirmación sobre Bredy en el Memorándum DAC-146 que le enviara la Cancillería el 28 de marzo, cuyo texto es el siguiente:

“Para el conocimiento del Señor Presidente de la República. El Gobierno haitiano, por medio del cablegrama cuya traducción se transcribe, ha comunicado la designación del señor Michel Bredy como Encargado de Negocios a.i. en la República Dominicana. Tengo el honor de llevar a conocimiento de Vuestra Excelencia que el Gobierno de la República de Haití ha designado al señor Michel Bredy para ocupar el cargo de Encargado de Negocios a.i. ante el gobierno de la República Dominicana. En consecuencia, agradecería a Vuestra Excelencia se sirviera recibirlo en esta calidad y acordarle todas las facilidades que sean necesarias para el ejercicio de sus funciones. Aprovecho esta ocasión para renovar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta consideración”.

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Una vecindad difícil (6)

Al conocerse del ataque a la embajada, informaba Bosch, ataque por demás “salvaje e imperdonable a nuestra soberanía”, el Gobierno se apresuró a tomar medidas para proteger la embajada haitiana de la ira popular. La cosa era, razonaba el mandatario, “que si la noticia del atropello que se nos había hecho en Puerto Príncipe salía a la calle, nuestras juventudes podían indignarse y en medio de la indignación podían atacar a la embajada haitiana en la capital”. Bosch hacía una distinción entre la tiranía de Duvalier y el sufrido pueblo haitiano. No debía haber confusión al respecto. El pueblo de Haití era asesinado y explotado por tiranos. En cambio, la Embajada representaba al pueblo haitiano, no a un gobierno despótico como el de Duvalier.

También enumeraba un rosario de vejámenes contra dominicanos cometidos por las autoridades haitianas. Tales agresiones pasaron a ser ataques a la República desde que Duvalier pidió, de manera inexplicable, el cierre de consulados dominicanos en Cabo Haitiano y Juana Méndez, “cosa que no se hace entre países, sino cuando el que pide el cierre quiere insultar al otro o cuando se desea provocar una ruptura de relaciones”. A seguidas pasaba a detallar casos de dominicanos objetos de esos vejámenes. Incluía los de algunos diplomáticos declarados personas non grata “sin explicaciones y con deseos de ofender”, como los casos de Marco A. Cabral y de los doctores Ciro Amaury Dargam Cruz y Antonio Jiménez Dájer. De 28 haitianos que se habían refugiado en la embajada dominicana en Puerto Príncipe desde junio de 1962, sólo seis han obtenido salvoconductos de las autoridades de ese país. Según Bosch esta era otra ofensa a la República.

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Una vecindad difícil (5)

Entonces, para sorpresa de la mayoría de los dominicanos que carecían de informaciones previas sobre estos sucesos, Bosch le habló a la nación el domingo 28 de abril para denunciar “el ultraje” cometido por el Gobierno haitiano contra la sede diplomática dominicana en ese nación. Esa agresión, advertía, debía cesar en un plazo no mayor de veinticuatro horas, pasado el cual le pondría fin con los medios que se hallaren a su alcance. La situación esta vez era grave. Bosch decía: “Hemos sido insultados sin haber provocado nosotros el insulto; se ha invadido nuestra embajada con fuerzas armadas, lo cual equivale a una invasión a nuestro país y es una ofensa imperdonable a nuestra dignidad”.

Haití conspira contra el Gobierno dominicano, agrega ante las cámaras de televisión. Y en esa conspiración están vinculados los Trujillo. Se le había faltado “el respeto” a la Nación. Las naciones pequeñas que permiten que eso ocurra, continúa, “no son dignas de ser naciones, porque lo único que puede mantenernos como país soberano es la decisión de hacernos respetar de los pequeños y de los grandes, de los que pretenden abusar de su debilidad y de los que pretenden abusar de su fuerza”.

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Una vecindad difícil (4)

Para entender el repentino estallido de esta crisis de septiembre, se precisaba conocer a fondo los antecedentes de abril y mayo. Esta era la historia. En las primeras horas de la mañana del 26 de abril, como solía suceder en días laborables, durante el período escolar, un automóvil de la presidencia dejó a los dos hijos de Duvalier -Jean Claude y su hermana mayor Simone, de dieciséis años-a la entrada del colegio metodista de Puerto Príncipe. En el trayecto de vuelta, los guardaespaldas son asesinados en una emboscada. Duvalier estalla de ira. Cree que se trata de un complot fallido para secuestrar a sus hijos y obligarlo a dimitir. Haití atraviesa una grave crisis política. Las sospechas de Duvalier se centran sobre un joven oficial, el teniente François Benoit, contra quien se desata una feroz persecución. Benoit tenía ya dos días refugiado en la embajada dominicana cuando estos sucesos sacuden la capital haitiana. Más tarde, las tropas penetran violentamente la cancillería de la embajada, situada en un edificio nuevo en la carretera de Delmas, en un punto entre Puerto Príncipe y Pétionville. Realizan un registro y no encuentran nada. De ahí parten hacia la residencia del embajador, donde se halla Benoit y otros veintiún refugiados, algunos desde hace varias semanas. Los tonton macoutes rodean la embajada, hacen caso omiso de las protestas del Encargado de Negocios dominicano e instalan nidos de ametralladoras en los alrededores, cortando el acceso a la residencia.

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Una vecindad difícil (3)

Poco después del mediodía, Radio Santo Domingo difundió un primer boletín oficial informando de un ultimátum de tres horas del Gobierno al presidente haitiano François Duvalier para que cesara la agresión. Al cabo de ese plazo la aviación dominicana desataría un ataque contra el palacio presidencial de Puerto Príncipe.

Aviones de combate habían ya sobrevolado la capital vecina para dejar caer volantes, en francés y creole, la lengua criolla usada por la mayoría de la población haitiana, previniéndola de un posible bombardeo. Los volantes informaban de la agresión a un poblado dominicano.

Exigían además un cese inmediato al fuego, castigo de los culpables, empezando con Duvalier y acuerdos de reparación y compensación por los daños materiales y morales infligidos a la República Dominicana. Bosch estaba decidido, se decía, a rescatar el honor mancillado de la patria. Las calles comenzaban a ser escenarios de espontáneas manifestaciones de apoyo al Gobierno.

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Una vecindad difícil (2)

La población, intranquila por la agitación incesante y la amenaza de nuevas huelgas, fue estremecida el 23 de septiembre por el anuncio de una agresión haitiana al territorio dominicano. Parecía la culminación de un largo período de tensas relaciones, que a finales de abril y comienzos de mayo parecía conducir a un virtual estado de guerra entre los dos países, separados por una frontera de poco más de trescientos kilómetros de tierra agreste y una historia de rivalidad, violencia y frágil paz.

En las primeras horas de la mañana corrió el rumor sobre un grave conflicto fronterizo. Las estaciones de radio interrumpieron sus programaciones para propalar “versiones extraoficiales” acerca de nuevas escaramuzas que afectaban poblaciones a uno y otro lado de la frontera. Las noticias que planteaban la posibilidad de un choque armado. Una alarma general cundió en la población.

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Una vecindad difícil (1)

A lo largo de la historia, las relaciones entre países que comparten una frontera común han sido difíciles aunque no siempre las diferencias han conducido a la guerra. Este ha sido el caso en la frontera en esta isla que compartimos con Haití. Y a despecho de las enormes diferencias, casi insalvables que dificultan una sana y estable comunicación, los dominicanos y los haitianos han sabido convivir como vecinos.

Las diferencias idiomáticas, que impiden una transparente comunicación, sus orígenes históricos, sus costumbres y tradiciones, son tan abismales que la vecindad no ha contribuido al logro de entendimientos en áreas que promuevan el desarrollo bilateral y una próspera convivencia.

Cada cierto tiempo, esas diferencias afloran y ponen al desnudo las dificultades que hacen de las dos naciones rivales de una vecindad más lejana que la distancia que geográficamente nos separan y hacen de su frágil línea fronteriza, una zona permanente de conflicto.

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La causa real de nuestro rezago

Cuando mi hija nació, en marzo de 1969, Joaquín Balaguer estaba en el tercer año de su tercera presidencia y la primera fruto de elecciones directas. Dos décadas y media más tarde en 1995 el líder reformista seguía al frente del gobierno mientras ella terminaba su maestría en una universidad estadounidense. Su primera hija nació tres años después y Balaguer era de nuevo candidato a la presidencia después de haber ejercido el poder por 22 años, con un interregno de apenas ocho. Cuando murió, a la edad de 96 años, totalmente ciego, era todavía candidato presidencial y líder inobjetable de su partido.

En 1996, Leonel Fernández asumió la presidencia y 16 años después seguía ejerciendo el cargo. Todavía, a pesar de las transformaciones que hemos experimentado, mantiene la intención de intentar un regreso en el 2024, como ya lo hiciera sin éxito el año pasado, a pesar de haberlo ejercido por doce largos años, es decir tres periodos, con sólo uno de la oposición entre el 2000 y el 2004.

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