Balaguer en la óptica de Soto Jiménez

El general retirado José Miguel Soto Jiménez es uno de los escritores dominicanos más productivos y culto. Incansable trabajador de la historia militar y política del país, está próximo a lanzar una obra de nuestro acontecer reciente que generará una importante discusión acerca del expresidente Joaquín Balaguer.

Su nuevo texto titulado, “El doctor. Aproximación a un personaje premeditadamente indescifrable”, es un retrato amplio y objetivo de la personalidad del líder reformista, fallecido el 14 de julio del 2002, y una radiografía de la sociedad dominicana de indiscutible actualidad. Pero sobre todo, es un libro que hacía falta, porque aborda con seriedad el ambiente político, el prolongado paso de Balaguer por el poder que el tiempo y el enfriamiento de las pasiones han ido situando en su justa perspectiva y dimensión.

Soto Jiménez penetra en su texto casi todas las facetas del exmandatario, en especial su excepcional condición de tribuno, haciendo referencia, en su comparación con otros grandes oradores como Eugenio Deschamps, la influencia que este tuvo sobre Balaguer citando específicamente como ejemplo el discurso de bienvenida a Máximo Gómez, en la que, según afirma, se encuentra “la raigambre retórica de Joaquín Balaguer en sus discursos”.

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El futuro de la educación

El debate sobre el futuro de la enseñanza ha tomado un giro equivocado. Intelectuales, periodistas y maestros parecen más enfocados en el tema de la educación sexual que en mejorar la capacidad del niño para expresarse bien en su propio idioma, mejorar su capacidad de comprensión e intensificar el estudio de las ciencias y las matemáticas. Es como si diéramos prioridad al buen uso a destiempo de los órganos sexuales, en lugar de corregir los malos hábitos en el hablar y en la escritura.

Parecemos más interesados en adiestrar a los niños en los secretos de la sexualidad y el uso de preservativos, que enseñarles a hablar con propiedad e interesarles en el estudio de las disciplinas para hacer de ellos mejores ciudadanos, el único camino posible y seguro para encarar el futuro y alcanzar nuestro enorme potencial y riqueza. Los defectos del sistema educativo no residen en la ignorancia de los escolares sobre su identidad sexual, su capacidad reproductiva y mucho menos en su falta de información sobre las bondades del sexo, porque nada de eso es responsabilidad de la escuela, ni tampoco del Estado. Para eso están los padres.

La prioridad del sistema de enseñanza tiene necesariamente que estar asociado a la obligación de mejorar la capacidad de discernimiento de los escolares, ampliar su capacidad de concentración y prepararlos para competir como profesionales en un mundo global que cada día se hace más exigente y reclama más competencia profesional. Deberíamos preocuparnos más por los defectos de pronunciación y el pobre léxico predominante en casi todos los niveles del sistema y el bajo nivel de lectura, que mostrarles el buen uso de un condón.

Infundirles a los niños un concepto antinatural de su propio cuerpo me parece irresponsable, porque a despecho de lo que se pretende el varón nace con pene y la hembra con vagina. Y así será por siempre.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

El fatal uso oficial del “contrapunto”

A mediados del siglo XIV, los grandes compositores europeos introdujeron en sus partituras el “contrapunto”, una técnica para hacer más variada y vivaz sus obras. La novedad muy pronto se hizo una práctica habitual que alcanzó su pleno desarrollo en el Renacimiento extendiéndose hasta nuestros días. Se la define como una técnica de improvisación y composición musical que trata la relación entre dos o más voces independientes, con el propósito de conseguir un apreciado nivel de equilibrio armónico. Desde entonces, son contadas las obras de compositores occidentales en las que no figure esa técnica.

Entre muchos ejemplos conocidos, tal vez los más famosos entre nosotros sean el cuarteto del acto final de Rigoletto, de Verdi, basado en un drama de Víctor Hugo, y la escena con que Puccini baja el telón para cerrar el primer acto de Turandot, obra que no alcanzó a terminar, según sus biógrafos.

En política, el “contrapunto” suele tener efectos contrarios del que se obtiene en la música y el gobierno del presidente Luis Abinader es un ejemplo dramático de ello. El uso de diferentes voces “independientes” a muy alto nivel de la Administración hablando sobre la propuesta aún no formulada de varias reformas, y otras iniciativas oficiales, dista de crear el nivel de equilibrio armónico aparentemente deseado. En cambio, desafina y crea ruidos innecesarios que rompen la estructura lógica y razonable sobre la partitura en la que el gobierno aspira a escribir su obra.

La ausencia total de armonía en la composición gubernamental, a causa del empleo errático del “contrapunto”, pudiera restarle al esfuerzo el apoyo indispensable para convertir en ley el conjunto de iniciativas en las que el presidente Abinader cimenta el futuro éxito del gobierno. Aunque la técnica es común en la cultura musical de Occidente, es obvio que el “contrapunto” es ajeno a la tradición que vino con el “cambio”.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Al padre que nunca se fue

Mi padre sí era un tipo verdadero. Lo que hacía de él un hombre excepcional, eran precisamente sus rasgos comunes y corrientes y la terquedad con que los mostraba.

Sobre todo era un testarudo casi intransigente. Cuando recordé esas características de su fuerte personalidad en un artículo que rememoraba sus últimos días de dura batalla contra la muerte, mi hermana mayor, Mechi, y mi madre, no pudieron aguantar y se fueron al cementerio a llorar sobre su tumba.

Como si él pudiera oírles, nada me hubiera gustado tanto, Mechi leyó el artículo. Les quedó la impresión de que no todo su contenido se perdía con el viento y que aquellas palabras dictadas por una fuerza oculta, llegaban a él penetrando la hierba seca y la tierra erosionada.

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El fracaso de una ilusión

Contra toda evidencia, la izquierda revolucionaria se resiste a aceptar cuán equivocada ha estado siempre. No les basta con lo sucedido a los países del Bloque Oriental europeo, la destrucción del Muro de Berlín por los propios alemanes ansiosos de libertad y aire puro, la triste realidad de Corea del Norte y el tímido y vergonzoso tránsito de Cuba a un modelo rupestre y falso del capitalismo, después de seis décadas denostándolo como sistema incapaz de mexaltar la dignidad humana.

Todo ese tiempo no ha sido suficiente para convencer a los castristas que la propiedad privada y la libre iniciativa individual son valores inherentes a la existencia misma y no señales oprobiosas de un sistema basado en la explotación del hombre. La prometida redención del pueblo cubano es apenas una autorización oficial para moverse con alguna libertad dentro del propio territorio de la isla, tener a título de concesión un conuco propio, una barbería, un automóvil, una computadora o una pequeña bodega para vender víveres y alimentos cocinados.

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Israel, tierra de pioneros (2 de 2)

El destino de Israel quedó definitivamente marcado en sus años de formación por la segunda gran ola de inmigrantes, llegada a los puertos de Palestina entre 1906 y 1914. Ninguna ejerció una influencia tan decisiva y perdurable sobre el carácter de la futura nación como esa segunda aliyha. No eran numéricamente muchos. Eran escasos sus recursos. Y muy pocos de entre ellos estaban animados verdaderamente por un espíritu pionero. Sin embargo, lo que es hoy el moderno estado de Israel lleva la marca de ese puñado de hombres y mujeres.

En su libro “La rebelión judía”, Jacob Tsur, dice: “Gracias a ellos muchas ideas y estructuras específicas han subsistido hasta nuestros días: las nuevas formas sociales, el espíritu de cooperación, la austeridad elevada al rango de virtud, el culto del trabajo y el respeto por el trabajador, un celo irreductible en la persecución del objetivo…”.

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Israel, tierra de pioneros (1 de 2)

Las diversas olas de inmigrantes europeos llegados a Palestina desde la segunda mitad del siglo 19 estaban formadas, en su mayoría, por toscas y paupérrimas familias sedientas de libertad y pletóricas de idealismo. Las comunidades ricas de judíos nunca mostraron demasiado entusiasmo por la idea de un regreso a la tierra prometida. Al igual que los grupos religiosos ortodoxos, que sustentaban la esperanza de un retorno a Sión por virtud de un mandato divino y no por el esfuerzo de los propios judíos, los hebreos pudientes de la Diáspora rechazaban, por instinto o en forma militante, el proyecto de un Hogar Nacional en la tierra de sus antepasados como una idea peregrina.

El Congreso de Basilea, a finales del siglo XIX, agregó muy pocos argumentos al ánimo de esas comunidades, dispersas por todo el mundo. Los proyectos de Theodoro Herzl, padre del sionismo, alentaron básicamente el espíritu de los jóvenes y de los judíos pobres cansados de la discriminación y de los vientos de antisemitismo que se abatían por la mayor parte de Europa. La mayoría de ellos huían de los pogromos o escapaban de las numerosas demarcaciones judías, que limitaban la vida de las comunidades hebreas a los estrechos perímetros de ghetos en la Rusia zarista y otras naciones del Este europeo. Eran pioneros en busca de libertad, sosiego y un pedazo de tierra. Palestina era el destino natural e histórico, porque allí estaban sus raíces.

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La deuda haitiana con Haití

Los afanes nacionales por propiciar la ayuda internacional para socorrer a Haití, son absolutamente comprensibles. Solo que se necesitará mucho más allá de la caridad internacional, para estabilizar a ese país y enderezarlo por el camino de la solución de sus problemas ancestrales.

Además, es obvio que por más ayuda que reciba, no será suficiente para sanear su economía y permitirle encaminarse hacia la lenta solución de sus graves dificultades sociales y económicas, generadoras de una inestabilidad política que compromete no solo su seguridad sino la nuestra y, por ende, la paz regional.

No pretendo desdeñar la importancia de la ayuda exterior, pero la experiencia indica que las políticas de asistencialismo, trátense de personas como de naciones, no tienen plazos y no hay seguridad alguna que permitan aspirar a que en el caso haitiano, como no lo han sido con otros países, puedan ser permanentes.

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