Un cambio de rumbo

La tragedia del viernes pasado en la que al menos seis personas murieron o desaparecieron debido a los intensos aguaceros de tres horas sobre la ciudad de Santo Domingo, que paralizaron prácticamente todas sus actividades, plantea la necesidad de un vuelco completo en la agenda del gobierno. La falta de información acerca del clima, a pesar de la tecnología existente sobre la materia, hizo posible el desastre y puso en evidencia un alto nivel de negligencia oficial.

Buscarle ahora pretextos o justificaciones a la imprevisión que hizo posible el penoso balance, no sirve de mucho y el caso envía una señal al presidente Luis Abinader de los desafíos que deberá encarar en la etapa final de una administración que inició con muchas luces y va en camino de un gran apagón, tan solo similar a las intensas y frecuentes interrupciones del servicio eléctrico, sin duda uno de los talones de Aquiles de la administración del “Cambio”.

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Los desafíos de la globalización

Se llega al lugar deseado tomando a veces el camino equivocado. Me sucedió cuando sentí que había encontrado mi verdadera vocación, que ha sido la del periodismo y con ella más tarde la investigación histórica. Fue en el segundo del bachillerato, cuando el teorema de Pitágoras casi me deja sin neuronas. Eso de que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, no venía conmigo. Lo digo en serio. Tener que emburujarme con aquello de que en todo triángulo rectángulo si la dimensión del cuadrado de la hipotenusa es C y las longitudes de los catetos A y B, la fórmula sería c es igual a a +b, o b sería igual a c menos a y por tanto a a c menos b, y con todo ese mundo que de ello se desprendía, me decía ya que tenía que ganarme la vida de otra manera.

Mis notas en matemáticas si bajaban más podían encontrar petróleo. Y eso de trigonometría, ¡Uf! mejor ni hablar. No era el caso de mi fallecido hermano Luis, el mayor, ingeniero civil, quien fuera decano de Agronomía y Veterinaria de la universidad estatal, maestro en números y autor de importantes libros útiles para la enseñanza de esa ciencia, que deberían ser textos escolares, como tampoco los de mis dos nietas, y otros miembros de la familia.

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Más que un problema migratorio

Apropósito de la exigencia estadounidense sobre el trato a los haitianos ilegales, sería de mayor utilidad si se le hiciera también a las autoridades del vecino estado, al que corresponde velar por el bienestar de sus compatriotas. La respuesta a esa “preocupación” de EE.UU. es que no existe un rechazo nacional a los haitianos, sino a la masiva y creciente inmigración ilegal que desde hace años desborda la capacidad nacional para acogerla sin desmedro para atender las necesidades dominicanas.

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante esa inmigración, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

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Recordando a Agripino Núñez Collado

Es hartamente aceptado que el mérito de un buen mediador consiste en lograr que las partes no se retiren al primer desacuerdo. En infinidad de casos en el pasado, la costumbre entre nosotros fue sentarse en la mesa de negociación, no a la mesa, con la concebida idea de obstaculizar un acuerdo. El clima ideal se da cuando se admite que nadie tiene toda la razón. Sólo así es posible arribar al lugar deseado. La sabiduría de monseñor Agripino Núñez Collado consistió en sentarlos a la mesa y colocarlos en ese punto de partida, todas las veces que asumió la tarea de desenredar los nudos de un desacuerdo.

Cuando el propósito es evitar un arreglo, las exigencias se formulan para dejar al contrario sin opciones. En muchas ocasiones pasadas, a las demandas de carácter social al gobierno de turno, además del arreglo de las calles, el mejoramiento de las redes eléctricas, el suministro de agua potable y la recogida de basura, se añadían el retiro de las tropas de Estados Unidos en el exterior, la excarcelación de los palestinos de las cárceles de Israel, el fin del “bloqueo” a Cuba y otras exigencias ajenas a la voluntad y decisión de la autoridad local.

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Cuando no haya alpiste

El presidente Luis Abinader debe de estar espantado presenciando la inutilidad de servidores pagados, porque lo que se lee y escucha por medios y redes del expresidente Danilo Medina por aquellos que alguna vez fueron sus serviles seguidores, podría sucederle también a él cuando concluya su mandato. Si eso lo ha sufrido su antecesor una vez tan elogiado, imagínense lo que le podría venir después, incluso desde ese litoral de apátridas morales, cuyo canto, como todo buen gorrión, depende del volumen de alpiste que se les ponga.

Por tal razón, el mejor antídoto presidencial contra tan camaleónica práctica de deslealtad política, es cerrar los oídos y los ojos a las lisonjas, poner sus orejas en el corazón del pueblo para mantenerse al tanto de sus latidos y escuchar las críticas de sus adversarios y de la prensa, aquella que aprecia su independencia y tercamente se aferra a ella, aunque pague por ello un alto precio.

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Inolvidable conversación con Bosch

Mientras trabajaba en la investigación del libro “El golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch”, tuve la oportunidad de entrevistar varias veces al líder del PLD, en la sencilla residencia donde entonces residía, en la calle César Nicolás Penson. Una de esas entrevistas fue grabada en video. En una oportunidad, entre finales de 1992 y comienzos del año siguiente, la conversación entró en un plano que nada tenía que ver con el propósito de mi investigación. Bosch me habló esa vez con entusiasmo de uno de sus temas favoritos: el de la desigualdad social, muy frecuente en sus alocuciones radiales a través del programa de su partido.

Durante su abortada presidencia, me comentó, sus esfuerzos por reducir la brecha social habían tropezado con la avaricia de las élites y la incomprensión existente entonces sobre la esencia de una verdadera democracia y la importancia de reducir los niveles de pobreza, como la vía más idónea y segura para impulsar el desarrollo y la paz y tranquilidad de la República. Aunque no fueron esas necesariamente sus palabras, eran sí el sentido de lo que él me transmitía.

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¿Es tan lejano el futuro?

¿A qué país queremos parecernos? ¿A Haití, Bolivia, Nueva Zelanda o Finlandia? ¿Puede la República Dominicana financiar su desarrollo con una presión tributaria del 13 o el 14 por ciento del PIB y niveles de evasión similares? Si nos ponemos de acuerdo en las respuestas y miramos hacia adelante dejando atrás ese inmediatismo que ha caracterizado la vida nacional y mal orientado las discusiones en el ámbito de la política, seguramente superaríamos las trabas que impiden una llana discusión y todo lo demás podría resultar más fácil.

Algunos cálculos económicos sugieren que un incremento del uno por ciento del PIB en las recaudaciones fiscales hubiera bastado para superar el déficit presupuestario de cualquier año anterior. Otro uno o dos por ciento de incremento podría ser suficiente para preservar las expectativas de estabilidad macroeconómica en los próximos años y aunque hay discrepancias con respecto a estos números, es evidente que un diálogo serio y representativo al más alto nivel de la sociedad encontraría sin muchas dificultades las fórmulas de nuestro despegue definitivo.

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De derechos y libertades

Como cualquier ciudadano, los periodistas debemos responder por nuestros excesos. Las leyes son muy claras. Y no se le puede objetar a nadie el derecho a la defensa de su honra personal. La condición de periodista no otorga ningún privilegio especial. Pretenderlo sería irracional. Al igual que toda actividad comercial, el trabajo en un medio periodístico se enmarca en la relación de empleador y empleado. Negar al primero el derecho de poner fin a esa relación cuando le resulte perjudicial, así esté regida por un contrato, carece de fundamento.

Ninguna libertad tiene más valor que otra. Defender la de prensa en desmedro de otras libertades socava las bases del sistema democrático. La libertad empresarial es tan importante y válida como la que me permite expresar mis ideas, siempre en estricta observación de la ley. La fijación de los límites de responsabilidad de la prensa es una tarea que compete a los medios y al esquivar esa obligación se le ha restado credibilidad al periodismo. Si se la sigue evadiendo llegará el día en que la fije un gobierno.

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