¿De qué debemos cuidarnos de los Haitianos?

Por: Samuel Blanc Martínez

Tratar con la objetividad necesaria un tema que ha ocupado casi en su totalidad todas las páginas de nuestra historia Republicana, llenándonos de odios y resentimientos, así como de todas clases de emociones que alteran el espíritu, no es tarea sencilla, sin embargo con la  responsabilidad que debe ser propia de todo individuo que aspira a ser respetado desde la mirada de sus opiniones haré un esfuerzo extra para situarme en esa posición.

Por casi un siglo y medio (1656-1804) las isla de Santo Domingo estuvo dividida en dos colonias que retrataban las luchas y correspondencia comercial entre dos países poderosos, Francia y España; de un lado se imponía la esclavitud o importación de esclavos africanos y la plantación como principales actividades económicas y eran conocidos como Santo Domingo Francés, hoy Haití; en la otra parte de la isla la ganadería representaba la forma perfecta con que la población del Santo Domingo Español definía sus políticas económicas. Podemos ver que desde muy atrás somos pueblos que aun separados, y que con una diferencia oceánica cultural, económica y religiosa hemos tratado de convivir o llevar la fiesta en paz. 

Haití fue de los primeros países de América que logró su independencia territorial, y con la actitud propia de aquel o aquellos que no practican aquello de no hacerle a otro lo que no quieres que te hagan a ti, aprovecharon su fortaleza relativa para subyugar a su vecino que en el momento se encontraba débil y desamparado. República Dominicana es el único país que ha tenido que defender tres veces su territorio en luchas de independencia: 1821, 1844 y 1863; sin contar la defensa de nuestra soberanía en 1916 y 1965.

¿Representa Haití una amenaza bélica para la República Dominicana?

Luego de que se produjeran las luchas armadas independentistas entre dominicanos y haitianos (1844), los límites territoriales nunca estuvieron muy claros y esto se prolongó hasta los tiempos del presidente y dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, provocando diferencias y discusiones constantes que solo pudieron lograr un stop por la amistad que existía entre el presidente haitiano Vincent y Trujillo, o el respeto que el primero tenía sobre el segundo. A raíz de la intervención norteamericana en tierra haitiana se produjo un empuje en las pretensiones del pueblo haitiano por lograr posicionarse de las tierras que para ellos se encontraban dentro de sus límites geográficos.

Otro factor a considerar es que la industria azucarera era controlada, en gran parte, por USA y nada diferente a lo que sucede el día de hoy, la principal fuerza laboral para esos fines estaba garantizada en la mano de obra haitiana; situación que trató de controlar con poco éxito el dictador Trujillo contratando manos de obras de otros países de tez clara.

Ya para el año 1934 existía, en las autoridades, “una preocupación real de lo que significaba el pueblo haitiano en nuestro territorio”, y pongo todo eso entre comillas, ya que esas preocupaciones eran originadas por la situación económica que se había generado a nivel mundial fruto de la crisis económica del 1929 y que afectaba al país, mientras los haitianos seguían ganando terreno y  para entonces ya controlaban toda la parte fronteriza, e incluso su  moneda circulaba y era aceptada hasta Santiago Rodríguez. Esta situación provoca que “El congreso dominicano” apruebe una ley de dominicanidad en la que obligaba a los empresarios a contratar el 70 por ciento de sus empleados de entre los netamente dominicanos. ¿No se le parece esto a aquello de hacer sonar el himno nacional a las 12 del mediodía cuando el Dr. José Francisco Peña Gómez ganaba terreno en su carrera hacia la presidencia de la República?

Dejemos la respuesta para más adelante. Estas ley no pudo ser aplicada a pesar de que el presidente era exactamente su majestad Rafael Leónidas Trujillo, porque hasta este, en su momento tuvo que ceder ante las presiones internacionales para dejar sin efecto esa ley, lo mismo que pasa el día de hoy:  “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.” Permítanme citar este texto bíblico mientras hacemos memoria sobre lo que ocurrió con la sentencia 168-13 que no pudo ser aplicada no solo por sus contradicciones constitucionales, sino también por las presiones externas.  Mas como era de esperarse para el año 1937 El dictador no pudo esperar más y le dio rienda suelta a su ira y justificaciones y ordenó la matanza de más de 25 mil nacionales haitianos que se encontraban en nuestro territorio,  y para poder sofocar la presión internacional pago una indemnización por 750 mil dólares, cuya primera partida fue entregada luego de un préstamo realizado a los Estados Unidos.

Ni los resentimientos haitianos que siguieron  a las luchas independentistas, ni los deseos de recuperar los límites de su territorio, según su criterio, tampoco la matanza de miles de sus ciudadanos pudo desatar la furia del pueblo haitiano para emprender acciones militares contra los dominicanos por razones sencillas: Haití es uno de los países más pobres del mundo y los presupuesto de guerra no son soportables ni aun por países ricos, con el costo de un tanque de guerra podrían construir los hospitales que necesitan. Más del 70 por ciento del pueblo haitiano vive por debajo de la línea de la pobreza y su renta interna bruta corresponde una décima de la renta interna bruta de la República Dominicana. Los intereses creados por la comunidad internacional no apuntan a la posibilidad de verse afectado por un ambiente hostil que supere lo existente y esta una de las razones por lo que esa comunidad prefiere que casi dos millones de haitianos permanezcan de este lado de la isla y no provocando desasosiego en su natal Haití.

Lejos de lo que quiera imponer cualquier percepción selectiva, la razón por la que tenemos el país lleno de haitianos es la razón que lleva a cualquier ser humano con ganas de seguir viviendo a ciento de miles de Kilómetros lejos de la parte del globo planetario que lo vio nacer. Son las mismas razones que nos llevan a NY, la que lleva a los habitantes Zimbabue a Zamba, por mencionar lugares del mundo impensables para algunos de nosotros, esas mismas razones que han llevado los chiles mexicanos hacia los Estados Unidos de América: El instinto de sobrevivencia.

¿Cuáles son los riesgos de no buscar una solución adecuada?

La mano de obra barata disminuye los costos de producción un factor de suma importancia en los países del mundo como lo conocemos hoy, es por ello que china ha sabido aprovechar esa “economía de colocación” y a podido repuntar como la principal economía del mundo, algunos empresarios locales, con razón o sin ella, han identificado la mano de obra haitiana como la otrora opción para apalear los costos laborales y de producción. Por otro lado, los haitianos se han apoderado del mercado informal, y de otros tantos “empleos” que a los dominicanos se les dificulta ejercer o que en ellos representarían una elevación en el costo de producción.

Para que una cultura o raza se mantenga dicho país debe contar con una tasa de fertilidad (hijos por mujeres) mínima de 2.11, sin esta es muy probable que en los próximos 50 años esa cultura o raza comience a desaparecer; es lo que ha estado sucediendo en Europa y otras partes del mundo donde los musulmanes con una tasa de fertilidad de 8.1 han ido ganando terreno en países como Francia (1.8), Alemania (1.3), Italia (1.2), España (1.1), Grecia (1.3), Canadá (1.6); considerando esta realidad el censo del 1935 en el que se registró un alto crecimiento de la población haitiana le dieron a Trujillo la excusa perfecta para lograr su objetivo del 37. En la actualidad la RD posee una tasa de fertilidad de 2.31, lo que representa 20 más del mínimo requerido para que nuestra cultura y nuestra raza se mantenga, pero que en cualquier descuido (despenalización del aborto, por ejemplo) podríamos caer por debajo del mínimo requerido, ya que la tendencia es a la baja desde el 2.45 que tuvimos hace tres o cuatro años. El flujo de parturientas haitianas y su procreación descontrolada representan un punto de preocupación en varios ordenes que las autoridades dominicanas deben prestar plena atención.

Más que enfrentamientos oficiales entre los dos países, lo que puede suceder de manera focalizada son explosiones individuales de algunos grupos o demarcaciones fruto de la ira  de intolerantes y resentidos de ambos lados que no entienden aquello de vivir como pares, y que la tierra es de Dios y El la quita y El la da, ver historia de Israel o preguntémonos si fue casualidad que los Españoles llegaran y despojaran a los nativos indígenas (en otro artículo hablaré con más detalle sobre eso).

En conclusión

El tema haitiano es un tema utilizado en ciertas oportunidades para manipular a las masas con fines políticos o económicos, haciendo uso del miedo como herramienta de seducción, lo utilizó Trujillo cuando en nombre de la dominicanidad o de “blanquear la raza” concretizó la matanza del 1937, Lo materializó el Dr. Balaguer y los grupos conservadores cuando le adjudicaban al Partido Revolucionario Dominicano un plan para unificar la Isla, y se utiliza ahora como un plan para debilitar políticamente al grupo que Gobierna, hago este señalamiento sin querer situarme un polo de apoyo al oficialismo; pero a los de esta oportunidad se les olvida que los tiempos no son los mismo que las tensiones en la que está siendo sometida la gente son peligrosas y que cualquier cosa pudiera pasar.

Haitianos los hay bueno, malos y desdeñables; como en todas las razas. Y Dominicanos racista, clasista y discriminantes están por doquier, basta con asomarse al servicio al cliente de cualquier institución, o a la puerta de cualquier tienda o escaparate, o pregúntele a cualquiera que tenga el color de la noche cuantas veces han intentado ofenderle bajo la pretensiones de negarle su dominicanidad al llamarle “haitiano”.

Uno nunca sabe cuando puede necesitar de la solidaridad del otro por lo que debemos buscar la solución más idónea a esta situación: “Entro por Haití porque no puede hacerlo por otra parte, pero si alguien pretendiese mancillar mi nombre por eso, decidle que yo soy la Bandera Nacional”. Esta fue la expresión de Francisco del Rosario Sánchez Cuando tuvo que utilizar el territorio haitiano.

El autor es Tecnólogo, especialista en Seguridad Social y Político

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