Entre las muchas tareas que nos traerá el 2021, estará la búsqueda de un aumento del salario mínimo que ya han planteado las principales entidades gremiales. No será nada nuevo, porque esas discusiones son ya parte de la tradición y cada cierto tiempo ponen de relieve las diferencias de criterio entre empleadores y sindicatos. Lo que haría diferente esas negociaciones, es el marco en la que se producirían, en medio de una pandemia y los esfuerzos por restablecer la vitalidad económica al nivel en que nos encontrábamos en marzo pasado, cuando el Covid-19 alteró la vida nacional.
En el fragor del diario quehacer, el tema del salario mínimo puede parecer irrelevante. Pero detrás se esconde la permanencia de una paz laboral que el país ha disfrutado por 40 años ininterrumpidos y que en cierta medida ha contribuido a impulsar el crecimiento de la economía y la estabilidad que todavía, a pesar de la crisis sanitaria, se disfruta en el ámbito de los negocios. Ese extendido periodo de tranquilidad siguió a los sangrientos disturbios de abril de 1984 en los que murieron decenas de dominicanos, cuya cifra probablemente nunca se sabrá, ocasionados por el descontento provocado por un programa restrictivo de medidas económicas derivadas de un acuerdo con el FMI.
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