Escapando de su laberinto

La anunciada decisión del presidente Luis Abinader de postularse como candidato a la reelección no causó sorpresa alguna, salvo la relacionada con el día y la vía usada para darla a conocer. Se había extra oficialmente anunciado que el mandatario aprovecharía una visita este jueves a Cabo Rojo para dar a conocer lo que todo el mundo en el país esperaba, a lo que seguiría una caravana de automóviles oficiales desde ese lugar fronterizo hasta la capital, más de 325 kilómetros, mal contados, en otro teatral accionar de un gobierno tan dado a ese tipo de exhibicionismo.

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La pesada carga de los agravios

Por años he venido diciendo que la mayor de nuestras fatalidades, es la dificultad para echar a un lado las diferencias, que en el fondo no son tantas ni abismales, para laborar juntos y en armonía en un objetivo común. Y cuando revisamos las posiciones de los actores políticos y los del ámbito civil, es fácil encontrar una similitud de propósitos muy superior a sus desacuerdos.

Inexplicablemente ha costado mucho encontrar vías expeditas para hallar la solución de nuestros más graves problemas, por la falsa creencia de que endosar propuestas ajenas equivaldría a poner al contrario en posición de ventaja, despojándose a sí mismo de una oportunidad para brillar cuando toque estar al frente. Esa característica de la realidad nacional, revela la terca mediocridad que mueve la acción política a base de resortes estructurados para funcionar solo en sórdidas componendas de conveniencia particular.

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El chavismo: la perfección del disparate

Con cada equivocación, para los venezolanos por desgracia muy frecuentes, el presidente Nicolás Maduro se inventa una crisis con Estados Unidos y Colombia, sus enemigos favoritos. Agotado el éxito inicial de tal estratagema, legada por su antecesor, el comandante Chávez, apenas le queda el ridículo. Sus frecuentes y fallidos intentos de desviar la atención de la comunidad internacional y del pueblo sobre su mágico poder de hundir a una de las naciones más ricas del planeta en un reino de escasez, en un tiempo record y sin mucho esfuerzo, le pondrá fecha en cualquier momento a su trágico y deprimente heredado ensayo revolucionario. La paciencia venezolana pondrá la fecha. Pero está escrita ya en el calendario de la desesperación que la agobia.

El cuento más frecuente del señor Maduro es la existencia de una mafia internacional encabezada por Colombia o Estados Unidos, y en la que estarían involucrados otros países, algunos europeos, para destruir las finanzas venezolanas. Una vez la supuesta trama conspirativa consistía, según su fértil y enajenada imaginación, en acumular millones de billetes de 100 bolívares, entonces el de más alta denominación, cuyo valor real era de menos de un dólar, con el cual no se podía comprar nada, debido a la acelerada inflación que el gobierno chavista se ha resistido reconocer. A los ciudadanos se les dieron tres días para cambiar sus billetes por los nuevos de 500 y hasta 20,000 bolívares, equivalente este último a unos cinco dólares estadounidenses.

El alza de precios, por la escasez de alimentos y medicinas e insumos para la industria, es permanente y se necesita un fajo grande de bolívares para adquirir el más insignificante de los productos. Del trágico drama que ha representado por años el “socialismo del siglo XXI”, una mala copia de otro más miserable importado de Cuba, se ha pasado ahora a lo que en el fondo siempre fue: un perfecto disparate. La recuperación le costará años a Venezuela.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Antídoto contra el pesimismo

Con delirante frecuencia, contra la administración anterior solía escucharse en los medios y en las redes que el país estaba jodido. Dentro del marco de nuestras grandes dificultades, esa sensación de frustración se hizo viral, y a punto estuvo de arrastrarnos a un estadio de pesadumbre. Su efecto político logró un cambio de gobierno, pero como sostenía entonces y sostengo todavía, el país no estaba jodido ni se joderá, aun si las grandes expectativas creadas no se cumplan y la situación se deteriore.

Lo que sí podría paralizarnos sería nuestra dificultad para trabajar por un propósito común, más allá de nuestras diferencias. Los problemas reales de una nación, escribí entonces, surgen cuando ese sentimiento de pesimismo y desconfianza en sus fuerzas y potencialidades se apodera de grandes núcleos de la población y nos hace creer que estamos sin posibilidad alguna. Como sucede en la economía y en casi todas las facetas de la vida, la pérdida de confianza paraliza primero y destruye después a las naciones.

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Atrapado en su laberinto

El presidente Luis Abinader, que definiera la reelección como la causa de los males políticos de la República, deberá decidir muy pronto si opta por un segundo mandato. La reelección no está prohibida. Lo que la Constitución no permite es que un presidente en ejercicio pueda postularse para un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, la fórmula establecida en la reforma del 2010 es perversa, pues permite la reelección diferida sin límites.

La Carta Magna anterior establecía un máximo de dos mandatos con un vete tranquilo a casa. Era lo que hubiera pasado con el expresidente Leonel Fernández, cuya vida presidencial moría con la entrega del mando en agosto del 2012.

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Un imperdonable legado

La próxima presencia de fuerzas militares africanas en territorio haitiano auspiciadas por Naciones Unidas con la misión de pacificarlo, representará un gran reto para el nuestro y quién sabe si hasta una amenaza o un peligro para la integridad territorial del país.

El envío de esas fuerzas, a ser lideradas por Kenia, será el resultado de un insistente reclamo del presidente Luis Abinader. Kenia es un país de África Oriental con costas en el Océano Índico. Abarca más de 580 mil kilómetros cuadrados, 10 veces el tamaño de nuestra nación con una población superior cuatro veces a la nuestra. Su capital es Nairobi. África es una de las zonas más inestables del mundo y muchos de los países que la conforman están regidos por dictaduras militares y caracterizados por largas guerras tribales.

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El secreto plan de regularización

El canciller Roberto Álvarez ha informado sobre un nuevo plan de regularización de los inmigrantes ilegales haitianos, pero no ha entrado en detalles y el anuncio ha generado suspicacias en el ánimo público. Los temores tienen lógica, porque cabe la pregunta sobre el método de identificación a emplearse ante gente que no ha sido contada y cuyo número aumenta cada día por la falta de control migratorio en la frontera.

Como se ha dicho que los inmigrantes carecen de documentación oficial de su país, es difícil concebir entonces cómo las autoridades podrán regularizar a personas sin identidad ni documentación alguna. De esa manera sería imposible determinar si muchas o algunas de ellas tienen antecedentes penales o son prófugos de la justicia haitiana.

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Que me perdonen si he pecado

La distorsión más dañina al periodismo ha sido la creencia de que un medio está obligado a publicar o difundir todo lo que recibe, escriben o plantean sus reporteros y comentaristas. Los promotores de ese periodismo de “vanguardia” y de “compromiso con la verdad” entienden que la negativa del medio en que laboran a aceptar cuanto quiera decirse o escribirse en sus espacios y páginas constituye una violación a la libertad de prensa y una limitación del derecho a la libre expresión. La pretensión carece de base. En una sociedad democrática y plural como la nuestra imponerla lesiona el derecho de propiedad, tan legítimo como las demás libertades básicas.

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