Verdades y raíces de un viejo conflicto ( 2 de 2)

Las grandes compañías petroleras del Reino Unido, Estados Unidos, Holanda y otras naciones industrializadas, no respaldaron la creación del Estado judío. Por el contrario, se le opusieron fervientemente. Los gigantes consorcios petroleros, bien asentados en Arabia Saudita, Libia y los Emiratos Árabes, abrigaban temores de que la materialización del sueño sionista promoviera sentimientos nacionalistas en el vasto mundo islámico que a la postre afectaría sus intereses y fabulosas ganancias.

Con la complacencia de ambiciosos y corruptos jequezuelos, las compañías petroleras habían logrado excelentes condiciones en contratos de explotación de crudo en casi todas las naciones árabes y la terquedad de los judíos de convertirse en una nación soberana amenazaba entonces su posición en el Medio Oriente.

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Verdades y raíces de un viejo conflicto (1 de 2)

Contrario a lo que se vende, Israel no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente. Más bien nació y creció contra la voluntad de los grandes intereses petroleros de Estados Unidos y otras potencias coloniales como Inglaterra, entonces el gran poder colonial en el Levante.

La Unión Soviética defendió el derecho de los judíos de formar una nación y vivir en paz dentro de fronteras seguras, porque entendía que la creación de un Estado sionista constituiría un factor de deterioro de la influencia británica en la región, pues ya los judíos habían combatido el poder colonial de Londres. Estaba además la desconfianza que los señores feudales y jeques petroleros árabes infundían en el mundo comunista.

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El dinero de extraño origen en campaña

Los profesores de economía suelen enseñar a sus alumnos que los gobiernos deben manejarse con los mismos criterios de austeridad de una familia de ingresos fijos. Para evitar endeudarse en exceso, sus gastos no deben exceder sus ingresos. Los resultados de la no observación de ese principio básico los conocemos bien los dominicanos. Al gastar más allá de sus posibilidades, los gobiernos, con muy contadas excepciones, han recurrido siempre a empréstitos para financiar sus déficits o pura y simplemente para llevar a cabo obras que en la mayoría de los casos carecen de la urgencia que otros problemas demandan. Por esa razón, una buena parte de los ingresos nacionales tiene que dedicarse al pago de la deuda, en detrimento de programas de desarrollo y promoción humana.

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Las dudas de Lenin

El marxismo no fue nunca un método eficaz de análisis de la realidad social, ni nada que se le pareciera, pero hay quienes todavía creen que el materialismo histórico es una regla infalible para predecir el curso de los procesos sociales. Es precisamente esa obstinación la que les dificulta una visión justa de la realidad y de sus posibilidades inmediatas. El propio Lenin no fue capaz de evaluar en su justa perspectiva la realidad rusa en las postrimerías de la lucha popular contra el zarismo. El líder bolchevique era esencialmente escéptico respecto a las posibilidades de un triunfo revolucionario, en momentos en que la monarquía agonizaba.

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Identidad nacional ¿Qué cosa es eso?

Cuando hablamos de fortalecer la identidad nacional ¿a qué nos referimos? No es estéril la pregunta. En la escuela aprendí que los símbolos patrios y los próceres forman parte de esa identidad. Luego me di cuenta que también la forman los productos de nuestros campos y de las industrias; el legado intelectual de sus hombres y mujeres de letras, el folclor, la gastronomía, el paisaje, su arte, sea en la música y las artes plásticas, la arquitectura y sobre todo sus humores, que cambian según la temperatura, tanto la que surge del clima como la de la política.

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Sin necesidad de intermediarios

Hace dos años escribí que los problemas políticos se resuelven cuando el liderazgo, en el gobierno como en la oposición, asume la responsabilidad de encararlos cara a cara y echa a un lado las diferencias. Es imposible salvar situaciones complejas con tácticas elusivas o valiéndose de intermediarios, para encontrar salidas satisfactorias a leyes que contribuyan a fortalecer las instituciones o despejar de obstáculos la búsqueda de salidas a temas fundamentales.

Tampoco conduce a nada amarrarse a la idea de ganar tiempo retirándose de pláticas negociadoras, porque esa táctica no deja frutos ni da margen de justificación si a la postre los esfuerzos no comportan avance alguno. Abandonar la mesa de negociación con comunicados llenos de lugares comunes cada vez que surge un inconveniente gana todavía titulares en los medios, pero congela el crecimiento de quienes apelan a ese recurso estéril. La responsabilidad del liderazgo, en el gobierno como en la oposición, es asumir el diálogo directo, sin valerse de mediadores que perdieron la utilidad que una vez tuvieron, porque los temas bajo discusión son muy delicados como para enfrentarlos mediante mandados a terceros, como aún suele suceder.

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Los anhelos de una sana economía

Por años, la experiencia ha demostrado que las economías centralizadas generan estrechez y pobreza; constriñen el desarrollo y degeneran en el planeamiento de la vida ciudadana. También es cierto que una economía de mercado sin restricción alguna impide la justicia social. De manera que requerimos de un modelo intermedio para garantizar el principio de la distribución del poder y propiciar oportunidades más equitativas dentro de un sistema de libre concurrencia.

La pronunciada presencia del Gobierno en la actividad económica genera una peligrosa asociación de funcionarios y empresarios corruptos con los resultados que todos aquí conocemos.

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El alto precio de una vaca muerta

Cuando desde el ámbito político se acusa al sector privado de pretender quedarse con todo el sector eléctrico a precio de “vaca muerta”, se incurre en un penoso error de valoración.  En efecto, una vaca muerta, vendida en libras, vale mucho más que el mismo animal comprado vivo. 

Pero tendría razón si la expresión se explica al precio que los gobiernos han pagado por las acciones privadas de esas empresas.  Los funcionarios eléctricos son típicos ejemplos de la cada vez más fuerte tendencia oficial a pelearse con todo el mundo, lo que en gran medida explica los pronunciados descensos de la popularidad que en ciertas épocas, como al parecer ocurre ahora, alcanzó un nivel desde el cual se esperaba comenzara a brotar el petróleo.

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