El nefasto culto a la personalidad

Si me preguntaran qué medidas fuera del ámbito económico esperaría de una administración empeñada en arreglar las cosas, reclamaría un decreto que prohibiera “el elogio a la figura presidencial”. Sería un primer paso a la eliminación del culto de la personalidad, tan dañino en nuestra historia, y que se ha incrementado reviviendo en la memoria de generaciones las terribles consecuencias de esa odiosa práctica en la vida nacional.

Esa medida conllevaría necesariamente otras prohibiciones, como las ridículas normas protocolares, sepultadas en la administración anterior, de trasladar sin importar distancia a todos los actos públicos la silla decorada con el escudo nacional donde el Presidente se sienta, para hacerlo ver más alto que los demás. Se llevaría consigo los vacíos y rigurosos discursos que en toda actividad oficial deben pronunciarse para agradecerle su honrosa y magnánima presencia, con la bendición obligada del obispo o el cura de la parroquia, según el caso. Enviaría a Bienes Nacionales como una reliquia la alfombra roja que se le coloca para resaltar sus pisadas, y oficializaría la supuesta prohibición del retrato presidencial en cada oficina pública.

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Un extraño en el paraíso

La distorsión más dañina al periodismo ha sido la creencia de que un medio está obligado a publicar o difundir todo lo que recibe, escriben o plantean sus reporteros y comentaristas. Los promotores de ese periodismo de “vanguardia” y de “compromiso con la verdad” entienden que la negativa del medio en que laboran a aceptar cuanto quiera decirse o escribirse en sus espacios y páginas constituye una violación a la libertad de prensa y una limitación del derecho a la libre expresión. La pretensión carece de base. En una sociedad democrática y plural como la nuestra imponerla lesiona el derecho de propiedad, tan legítimo como las demás libertades básicas.

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De la Iglesia y sus ministerios

Las personas de éxito, el que se deriva del ejercicio o práctica de una actividad, no el fortuito producto de un golpe de lotería, tienen conciencia de sus límites. De lo que pueden hacer con base en sus capacidades físicas o intelectuales. Por eso me resulta difícil entender lo que con frecuencia se publica en los medios. Por ejemplo, leer, escuchar o ver en diarios y estaciones de radio y televisión, detalles de entrevistas realizadas a personalidades de la Iglesia. Obispos y sacerdotes hablan de todo, menos de asuntos relacionados con la fe y sus ministerios.

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Una discusión sin salida

En la discusión sobre el artículo 37 de la Constitución, cuyo texto reza: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse en ningún caso, la pena de muerte”, entran en juego muchas interpretaciones sobre el concepto de la vida, sea que se la entienda desde una perspectiva religiosa o secular. El texto se cuestiona más adelante en el punto 3 del artículo 42, cuando se lee: “Nadie puede ser sometido, sin consentimiento previo, a experimentos y procedimientos que no se ajusten a las normas científicas y bioéticas internacionalmente reconocidas. Tampoco a exámenes o procedimientos médicos, excepto cuando se encuentre en peligro su vida”.

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De judíos y palestinos

No es cierto que Israel sea opuesto a un Estado palestino. Esa es una de las tantas falsedades que impiden un análisis objetivo del prolongado y cruento conflicto que estremece esa zona, a la que la mayoría de los seres humanos, cristianos, musulmanes y judíos, estamos espiritualmente ligados. Entre judíos y palestinos existen más vínculos y afinidades que entre palestinos y cualquiera otra nación árabe.

Los orígenes del conflicto se diluyen en el tiempo, es cierto, pero algunos no son tan remotos como se piensa. A la salida de las fuerzas de ocupación británica en mayo de 1948, en cumplimiento de la resolución de Naciones Unidas que aprobó la partición de Palestina para integrar allí dos naciones, una judía y otra árabe palestina, ambos pueblos tuvieron la oportunidad de convertirse en estados soberanos. Sólo los judíos hicieron realidad su sueño.

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Ejemplos de cuando el poder envejece

A medida que envejecen, los gobiernos fuertes se convierten en dictaduras que al final se resisten a morir, con la secuela que ese apego al poder les deja a los pueblos. Corea del Norte les gana a todos. La dinastía Kim (padre, hijo y nieto) rige con mano férrea a esa nación asiática desde 1948. En el segundo lustro de la última década del siglo pasado (entre 1995 y 1998) hubo allí una prolongada hambruna en la que murieron casi tres millones de personas. Las estadísticas oficiales solo reconocen la muerte de más de 200 mil. La ayuda internacional, proveniente de las naciones capitalistas, ayudó a Corea del Norte a paliar las penosas consecuencias de esa falta de alimentos y quiebra de la economía.

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Fétidos olores de sentencias “evacuadas”

A la prensa le ha dado con reseñar que los tribunales “evacuan” sentencias, lo cual desde todo punto de vista es tremenda acusación en lo que a buenos hábitos se refiere. Y como en efecto muchas sentencias parecen evacuadas, el decir periodístico parece una manera de llamar la atención sobre la pobre actuación de algunos jueces y la posibilidad de que en casos todavía muy sonados, como fue el de las quiebras bancarias, se continúe la práctica de seguir evacuando dictámenes en lugar de buenas y justas sentencias, de acuerdo con los delitos cometidos.

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El estéril ejercicio de escribir donde poco se lee

Admito mi carencia de respuesta para algunas de las más importantes preguntas que muchas veces me formulo. Por ejemplo, ¿por qué escribo una columna diaria?¿Por dinero? No lo creo. Lo que me pagan no me resuelve ningún problema. ¿Entonces, por qué lo hago? ¿Acaso en la búsqueda de fama o reconocimiento? Descartado. Detesto la primera y dudo que obtenga lo segundo por esa vía. ¿Por vanidad? Aún no sufro de ese mal. ¿Para probarme a mí mismo? No necesito hacerlo. Me basta con mi familia. ¡Para estar en el centro de la energía que mueve a esta sociedad? ¡Imposible. Daría cualquier cosa para estar lejos de ella!

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