Las fallas de una comunicación excesiva

Pretender que un gobierno pueda hacer bien todo cuanto hace o que por el contrario sea negativo cuanto realiza me parece irracional. Lo razonable es que tenga aciertos como también muchos errores. El balance sobre el desempeño depende en gran medida del nivel en que se le juzgue, pues el pasivo social suele ser mayor que la capacidad de un país para encararlo y superar las enormes desigualdades existentes.

Suele creerse que el problema radica en la comunicación, pero una buena comunicación necesariamente no surge ni se la mide en función de su volumen. Como todo en la vida, la saturación con ella puede tener un efecto contrario al que se persigue. Lo que vale e importa es la calidad, como en cualquiera otra actividad humana.

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El valor de la opinión pública

De las muchas tareas que los dominicanos deberíamos tener en agenda, las más importantes se relacionan con la necesidad de establecer normas lo suficientemente claras en el campo de los derechos ciudadanos. Nos esperan pues grandes batallas de opinión pública.

Sin ánimo de exageración, no me cabe duda alguna de que del éxito de esas luchas dependerá el futuro de las libertades. Si queremos vivir en paz y sin miedo a los excesos de la autoridad estatal, debemos construir una corriente de opinión capaz de derribar la intolerancia propia de los poderes públicos. Los gobiernos no pueden continuar actuando a espaldas de las realidades nacionales ni del interés de la población. En una democracia real, los gobernantes responden a las demandas del público. En nuestra peculiar forma de entenderla, los ciudadanos estamos subordinados al capricho de quienes ejercen funciones públicas, sea por mandato popular o por designación administrativa.

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El irracional fanatismo islámico

SANTO DOMINGO.- En la prensa dominicana se publicaron escritos y verbales de intentos de justificación de la matanza de los redactores y caricaturistas del semanario satírico parisino Charlie Hebdo, con los pretextos más absurdos e infantiles. Se ha alegado que el medio se burlaba de la fe de millones de musulmanes, y tratándose en su mayoría de periodistas, moralmente obligados a defender la libertad de expresión, la argumentación resulta penosa.

Algunos se enredaron en su propia trampa al señalar que si bien condenaban la matanza a sangre fría de las doce periodistas franceses, en una acción de cobarde irracionalidad, propia de dementes y fanáticos, no se debía permitir ni aceptar lo que han llegado a calificar como excesos y posiciones irreverentes contra una religión.

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La paz en el Levante

La creación futura de un estado palestino no es la causa de la violencia que afecta todavía la paz en el Levante. Esa cuestión está desde hace tiempo decidida. Lo que traba realmente un acuerdo que lo permita es la negativa de grupos radicales palestinos y algunos gobiernos árabes vecinos de reconocer el derecho de Israel a existir como nación. Es decir, el derecho que les asiste a los judíos, como a los palestinos, de vivir dentro de fronteras estables y seguras.

Esa realidad ha quedado infinidad de veces de manifiesto. Hace ya varios años, durante una visita de la entonces secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice se logró un compromiso sólido en sus reuniones con el presidente Mahmud Abás, de la Autoridad Nacional Palestina, y el primer ministro Ehud Olmert, de alcanzar una solución al conflicto en base al reconocimiento de los dos estados. De hecho, se trata de una salida que ambas partes admiten desde el inicio de las negociaciones enmarcadas dentro de la llamada Hoja de Ruta, que auspiciaron Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas, pero que el gobierno sirio y grupos árabes radicales, como Hamas y Hezbolá, se resisten a aceptar e incluso, en el caso de los dos últimos, basan su existencia en la desaparición del estado israelí.

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La masiva inmigración ilegal

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

Esto no significa que menospreciemos la importancia que a través de los años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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La falta de poesía en la política

Aunque dejé de interesarme por el género hace años, siempre he creído que las cosas mejorarían notablemente en el país si de vez en cuando en las alturas del poder la voz de un poeta dejara escuchar su canto de esperanza. En lugar de tanto ruido y disonancia habría así reposo para el espíritu, suficiente tranquilidad y sosiego para hallar un camino adecuado, en medio del laberinto en que nos encontramos.

La crudeza de nuestras realidades ha cercenado la imaginación, el toque mágico que tantas veces se precisa para encontrar fuera del quehacer político, sórdido e insensible, la llave de soluciones a los problemas del país.

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El dinero no lo es todo

El sector privado tiene ante sí un reto trascendente. No me refiero tan sólo a los grupos de empresarios, unidos por una comunidad de intereses provenientes de negocios o empresas cuyo fin sea el lucro, legítimo en una sociedad de libre comercio.

Una de las grandes distorsiones del papel de la iniciativa privada en el desarrollo y manejo de la economía proviene, precisamente, de la propaganda negativa que restringe su definición a ámbitos tan estrechos y exclusivistas. Por el contrario, es un concepto mucho más amplio y generoso, que abarca todas las actividades individuales o de grupos producto de la libre decisión del ser humano, desde el vendedor ambulante que expende frutos del campo, hasta el próspero empresario que tiene en su nómina a más de 500 trabajadores, pasando por el artista que plasma en lienzos el fruto de su inspiración y vive de ello.

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Los objetivos del milenio

La paradisíaca idea del país regido por un gobierno que se ha ganado admiración internacional pudiera estar viniéndose abajo con recientes y viejos informes que muestran el lado negativo de la actual gestión y de los gobiernos que le precedieron.

Me refiero al de la Fundación Konrad Adenauer, de Alemania, al de Transparencia Internacional y el de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en el que se ha venido diciendo que el país no será capaz de cumplir los objetivos del milenio en el área de la educación.

Otras cifras indican también que igual sucederá con el sector salud, el medio ambiente y en otras esferas del accionar público, todo lo cual indica el rotundo fracaso de los gobiernos en la lucha contra la pobreza. Uno de los aspectos más sorprendentes de esa triste realidad proviene del hecho de que la administración actual ha sido probablemente la que con más recursos ha contado en la historia nacional, en términos reales y absolutos.

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