La etiqueta: garantía al consumidor

MIGUEL GUERREROReportajes de Nuria Piera sobre la comercialización de quesos, plantean nuevamente la necesidad de que se legisle acerca de la obligatoriedad de etiquetar los productos industriales, informando de su contenido calórico y vitamínico, con fechas de producción y expiración. Los dominicanos sabrían así qué compran y consumen y los productores establecerían con ello distancia de quienes no observen las normas de producción, en lo que concierne a higiene y buen uso de los insumos.

En el caso específico de los quesos, como ocurriera hace ya un tiempo con otros productos, el mal manejo una vez fuera de fábrica constituye un peligro, puesto que se trata de productos perecederos, que casi siempre requieren de refrigeración permanente. En la mayoría de los establecimientos de venta al público la línea de frío se pierde por los apagones y en muchos de ellos, al cerrarse las ventas del día, se apagan los congeladores hasta el día siguiente para ahorrar energía.  Leer más de esta entrada

Un tema de salud pública

MIGUEL GUERREROEl mal manejo de los alimentos constituye una de las amenazas más serias a la salud y se impone por eso más cuidado de parte de las autoridades en lo que respecta a la supervisión de lo que se vende en las calles. En cualquier punto de la ciudad se instalan, sin autorización muchas veces, puestos de venta de alimentos sin higiene alguna. Estos negocios ambulatorios son focos permanentes de infección, a los que están expuestos quienes se sirven de los mismos, casi siempre por razones de precio.

No se trata de quitarle oportunidad a quienes se esfuerzan, sin recursos suficientes para establecer un negocio dentro del marco de la formalidad, por lo general honrados y laboriosos ciudadanos, pero una inspección frecuente de esos puestos de venta, puede ayudarlos a prosperar y operar con más estabilidad y sin temor a requisas que acaben con la fuente de manutención de sus familias. La supervisión exhaustiva de esos pequeños negocios ayudaría a sus dueños a mejorar las posibilidades de crear mayor confianza en sus clientes en lo que ofrecen. Leer más de esta entrada

Las dos caras de la crisis

MIGUEL GUERREROLa crisis que nos abate no es sólo de carácter económica, por más que los problemas en esa área nos agobien. La crisis nacional es de naturaleza mucho más amplia y acuciante. Nuestra realidad la muestra cada día y es imposible ocultarla y en extremo peligroso tratar de ignorarla para no avergonzarnos de ella o para rehuir las responsabilidades que nos competen.

La crisis a la que me refiero es la que se da en los barrios marginados, a ratos más extensos y populosos, donde la promiscuidad ronda por doquier, los vicios corrompen a las juventudes y estrechan el futuro de grandes comunidades de gente sin futuro y con escasas posibilidades de salir del mundo de miseria y desesperanza en que habitan. La otra cara de esa crisis es de carácter esencialmente moral y ética, en cuyo terreno crecen y se reproducen los peores hábitos administrativos y en donde la oportunidad de enriquecimiento ilícito viene con cada designación en el gobierno. Leer más de esta entrada

Elementos de un guión cinematográfico

MIGUEL GUERREROEn uno de los países más pobres, con una insignificante inversión social pero una elevada dosis de clientelismo, los congresistas se auto asignan periódicamente sumas millonarias para promoverse políticamente con el pretexto de aliviar las penurias de los más necesitados. ¿Y?, se escucha un clamor seguido de un encogimiento de hombros.

Un ministro usa los fondos de los permisos de armas para repartirlos entre subalternos, todos miembros del partido gobernante. ¿Y? En plena austeridad y con una deuda externa pública creciente, los funcionarios montan en Lexus y Mercedes de alto consumo. ¿Y? Avanza la construcción de un metro que nadie sabe a qué precio encima de un paisaje de pobreza estremecedor. ¿Y? Los ciudadanos temen salir a las calles debido al auge de la criminalidad que oficialmente se define como una falsa percepción de la realidad. ¿Y? Se modifica un código procesal para evitar que funcionarios corruptos sean investigados. ¿Y? Leer más de esta entrada

Y el país sólo “con cuarto pal ron”

MIGUEL GUERREROLa parodia del Trío mi Amorch, escuchada por doquier, “… y ella pedía Moet Chamdon y yo con cuarto pal ron”, retrata como nada el uso abusivo de los fondos públicos en que se basa el infame y degradante sistema clientelar bajo el cual vivimos y que pudiera estar a un tris de desbordar las aguas de la ira popular llevándose consigo el sosiego de la nación.

La voracidad de los clanes que dominan la escena política es intolerable y ferozmente inmoral, sin que el país tenga de dónde agarrarse a causa de la virtual destrucción de la oposición y de todo contrapeso real y efectivo. De ahí que fuera posible impunemente el déficit descomunal del 2012 que desangró las finanzas públicas y nos impuso una reforma tributaria, la octava o novena en una década, para seguir alimentando el fatídico sistema clientelar que padecemos; la insaciable voracidad del Congreso, en base a un uso discrecional de los fondos públicos, con sus “barrilitos” y “cofrecitos”, el primero de los cuales suma ya más de 1,100 millones de pesos distraídos del Presupuesto sin justificación alguna; la entrega de bonos periódicos al año para supuestas ayudas humanitarias que nadie ve y que a nadie alcanza, con la excusa de una tarea para la cual no está hecha el Poder Legislativo.

Este uso alegre y descomunal del tesoro público tendrá necesariamente que llegar pronto a su fin y alguien algún día deberá exigir cuentas a los responsables del uso personal y descarado del dinero de los contribuyentes. Y entonces se impondrán las severas y justas sanciones que la ley y la moral pública exigen para todo caso de malversación del presupuesto de la República. 

Y ese día, no habrá en el precio de los combustibles una ración para los jerarcas del transporte público y cada peso mal usado en el Estado será debidamente castigado, porque no se puede beber champagne cuando el dinero está “contao” y solo hay “cuarto pal ron”. (Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

La envidia

MIGUEL GUERREROMaravillado por un texto sobre la envidia, publicado  en el Listín Diario el pasado día 21, traté de conseguir que alguien en Twitter me informara acerca de la identidad de ese exegeta que escribe periódicamente en ese medio con el seudónimo de “Félix Bautista”, sin que nadie pudiera sacarme de mi infame ignorancia.

Confieso que nunca antes había tenido ante mis ojos un recuento tan detallado de las diferentes interpretaciones que figuran sobre ella en la Biblia, y en otros textos de famosos autores, y me dije a mi mismo fascinado: “He ahí, por fin, a un verdadero autor; a un exquisito intelectual en pleno y absoluto dominio de la literatura universal”. Con qué finura y precisión este hombre pone al descubierto la maldad humana y la forma en que ella nos corrompe, con su enorme capacidad para desconocer el éxito del contrario, a aquél que milagrosamente logra superar un mundo de escasez y restricción y elevarse a las alturas, apenas con la sola y única oportunidad que se deriva de una función pública.

Y me pregunté: ¿A quién se referirá este sabio intérprete de las Sagradas Escrituras? ¿Quién será el modelo de ser ejemplar que este brillante y anónimo escritor nos retrata en esos párrafos maravillosos sobre el más terrible de los sentimientos humanos, que él define como la envidia? ¿Quiénes serán los envidiosos y resentidos, negados por la ceguera de la envidia, esa serpiente venenosa que destruye el interior de los individuos, a reconocer los méritos del gran ciudadano que ese autor anónimo nos presenta como un modelo?  ¿Quién me saca de mi imperdonable ignorancia?

¿Será un émulo de Duarte, el Patricio? ¿La reencarnación masculina de la madre Teresa? ¿O acaso se trata de la mutación de un profeta bíblico o el propio Redentor, aquél que murió para salvar al mundo del pecado? ¡Qué adorable pluma se esconde en un seudónimo.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.) Leer más de esta entrada

El día que me olvidé del conservatorio

MIGUEL GUERREROAl pensar en los que fueron mis años de infancia y adolescencia, siento en esta etapa de la vida que tal vez mi verdadera pasión fue siempre la música. Aún recreo aquellos lejanos tiempos de escasez, cuando el miedo a la tiranía normaba la vida familiar, en aquella pequeña y modesta casa de la calle Fabio Fiallo, entonces Benefactor, en las que tendido sin camisa en el piso para amortiguar el calor, solía quedar maravillado escuchando a los grandes compositores clásicos. Fue tal vez el concierto número uno para violín de Paganini o Introducción y Rondó Caprichoso de Saint Saënz interpretados por el francés Zino Francescatti, en el programa que transmitía todas las tardes HIZ, lo que produjo esos primeros escalofríos, que se sienten en la espalda, y de cuyo recuerdo nunca me he podido liberar.

No tengo claro si fue él u otros grandes violinistas como Yehudi Menuhin, Isaac Stern, Jascha Heifetz y Giddon Kremer, todos judíos, cuyas interpretaciones solían oírse a diario por esa emisora, puedan ser los responsables de esa primera frustración personal de no poder valerme de ese instrumento milagroso. Leer más de esta entrada

La pregunta de siempre

MIGUEL GUERRERODonde quiera que voy escucho siempre la misma pregunta, formulada a veces con sorna, rabia disimulada e impotencia, por empresarios de todos los niveles: ¿Cuántos funcionarios y políticos están en condiciones de probar la legitimidad del patrimonio que poseen? Si se analizara el caso por los salarios añadiendo incluso los “incentivos” y otros privilegios que el Estado les permite y en ciertos casos se auto asignan, como es el extravagante “barrilito” de los honorables miembros del Senado, habría que convenir, muy lastimosamente, cuán pocos de ellos pasarían la prueba. 

El problema es que en este país todo les está permitido por cuanto un puesto público es el camino más corto y seguro al enriquecimiento, sin necesidad de dar explicaciones y asumir su costo. En cualquiera otra parte del mundo democrático esa práctica está sujeta a severas sanciones legales y a la repulsa moral. En cambio, en nuestro país los ciudadanos que han tenido la oportunidad de prestar sus servicios al Estado y han atravesado esa experiencia sin tocar lo que no les pertenece, por lo regular no gozan después del aprecio público del que se hacen merecedores por su buena conducta social. 

El poder atrae y quienes lo ejercen han sabido aprovecharse de la debilidad institucional que ha hecho una costumbre preferir un buen y confiable amigo en el Palacio Nacional a un clima firme de derecho, garante de las libertades ciudadanas y, por ende, de la actividad empresarial. Por esa razón, las elecciones son especies de circos con aspirantes a cargos en el Congreso y los municipios disputándoselos como si se tratara de vida o muerte. Por eso, los candidatos presidenciales atraen más contribuciones que las mejores obras de caridad y ayuda al prójimo. Y por esa misma razón, estamos condenados a seguir padeciendo los excesos de poder que provienen de todas las latitudes de la esfera política. .(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)