Los dos colores azules de la bandera

Nos independizamos de Haití, no de la Metrópoli. Tenemos tres, no un padre de la patria. Nuestro himno nacional es un canto épico, no de amor ni de exhortación al trabajo, y si nos fijamos bien en el alto de los pendones ondean lo que parecen dos banderas.

De acuerdo con los documentos y testimonios conocidos sobre el tema, el rojo de la enseña nacional es bermellón y el azul el de ultramar. No debería haber pues lugar a confusiones sobre algo tan solemne como es el color de la bandera, el mayor de los símbolos de la patria. Sin embargo, hasta en las más importantes oficinas públicas, a veces en los mismos cuarteles militares y policiales y en determinados momentos en la propia sede del Congreso Nacional y en el Palacio Nacional, se observa el uso de otra tonalidad azul, mucho más oscuro, en los cuadrantes del emblema. Esta informalidad se cumple también, con insólita frecuencia, en actos públicos en donde asisten los más altos dignatarios de la nación, en muchas oportunidades hasta el presidente de la República. Leer más de esta entrada

El mito del heroísmo revolucionario

A base de infinidad de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó, ni en la Unión Soviética ni en ningún otro lugar. El carácter heroico otorgado a los movimientos revolucionarios marxistas era y continúa siendo una de las leyendas más propaladas. Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo como se cuentan en las historias oficiales de esos movimientos, no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios.

La colectivización, que provocó más de veinte millones de muertos, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte de Stalin y sus colaboradores, convertidos después en los nuevos zares de Rusia. Finalmente, la sociedad que pretendía ser perfecta e igualitaria se derrumbó en Rusia por efecto de sus propias contradicciones y carácter totalitario, no a consecuencia de una conspiración exterior del occidente capitalista. Leer más de esta entrada

Oscar Romero y el Nazareno

Por Nélsido Herasme

En esta Semana Mayor, donde los cristianos conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Cristo, la ocasión es propicia para reflexionar, acerca del aporte de nuestros mártires religiosos en América y el mundo y rogar a Dios para que pronto llegue la redención a nuestra patria.

Qué bien parecidas son las muertes de Jesús y la de Romero, la del Primero en Jerusalén, y la del arzobispo y beato del Salvador.

En san Salvador Mataron a Oscar Arnulfo Romero, pero no han  podido detener el amor que le profesaron y el compromiso de hombres y mujeres con el reino de Dios y su justicia. Leer más de esta entrada

La revolución de octubre

La noche del 7 de noviembre de 1917 (octubre en el calendario adoptado después por los bolcheviques), unas dos horas después de que el crucero Aurora disparara su primera descarga contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (después Leningrado y ahora San Petesburgo) y una hora escasa después de que el batallón de mujeres que lo defendía entregara sus armas, el buque disparó nuevamente contra el edificio en que se encontraban los ministros del gobierno provisional de Alejandro Kerenski.

El historiador Robert K. Massie, describe esos momentos cruciales de la historia de la humanidad: “A las once, otras treinta o cuarenta descargas silbaron sobre el río desde las baterías de la Fortaleza de Pedro y Pablo. Sólo dos proyectiles tocaron levemente el palacio dañando el revoque. De todos modos, a las dos de la mañana del 8 de noviembre, los ministros se entregaron”. Según lo explica Massie, esta escaramuza fue la revolución bolchevique de noviembre, la cual a su juicio, fue más adelante “magnificada en la mitología comunista como una lucha épica y heroica”. Leer más de esta entrada

Demasiada familiaridad

Insisto en que la familiaridad con que la prensa trata a los políticos, incluso al Presidente de la República, no es apropiada a los fines de guardar la distancia imprescindible a una relación de independencia. Implica un acercamiento y un nivel de confianza poco aconsejable. Supone una intimidad nada buena. Demasiada confianzuda, podría decirse.

Esa peculiaridad del periodismo dominicano comienza con la práctica de tutear a los presidentes y funcionarios del Estado y por extensión a los dirigentes de la oposición. Así los titulares de los diarios se refieren a Leonel, no al doctor Fernández; a Danilo y no al licenciado Medina, presidente de la República. A Felucho, que además es un apodo, y no al licenciado Jiménez. A Jaime David, en referencia al ex vicepresidente Fernández Mirabal. También se lee Fello, en lugar de Suberví Bonilla, e Hipólito cuando se trata del ingeniero Mejía, ex presidente de la nación. Leer más de esta entrada

La protesta social

Las protestas violentas a mediados del 2013 en Turquía, Grecia, España y Brasil, extendidas a otras naciones como Chile y Costa Rica, partieron de pequeñas expresiones de inconformidad que pusieron en evidencia el enorme grado de empoderamiento de las juventudes y las clases media de esos países y el alto nivel de descontento social existentes entonces en cada uno de ellos.

Recuerdo que en Brasil las protestas se originaron contra un aumento de pocos centavos al precio del transporte, a las que se agregaron después otras demandas, obligando a la presidenta Dilma Rousseff a hacer cambios radicales en el gobierno.

Tal vez el más significativo de todos se relacionaba con la lucha contra la corrupción, en la que la señora Rousseff cosechó inicialmente importantes lauros, que al parecer no fueron suficientes para los brasileños. Leer más de esta entrada

A espaldas de Dios …

Por Jorge Casado/ Periodista y fotógrafo

La tarde del viernes se quiso ir, y yo quise dormir.

No más de una hora pasó y oraciones y cánticos cristianos me despertaron. En la penumbra de mi habitación y en lo indeciso que se tornó el momento, me concentro y trato de entender lo que pasaba fuera, del lado de la calle. Me paro a una ventana  y  comienzan a  moverse en fila  decenas de  feligreses y autoridades y directores de diferentes parroquias de Gazcue, Zona Colonial y Ciudad Nueva, quienes  marchaban en procesión, de larga cola, con velas encendidas en manos, tratando de impregnar en sus entornos un mensaje de Paz.  Dios está en todas partes, es otra conclusión.

También puedo decir que el mensaje cristiano es preventivo cuando toca y penetra en el corazón del antisocial más cercano, que anida en las calles e inactiva su accionar por una oración.

Lamento que este mensaje transformador no sea parte de las portadas y titulares de muchos  medios informativos del país.  Ahora hago lo que está a mi alcance. Digo que al parecer vivimos a espaldas de Dios. Encontrarnos con Dios no está en la agenda del día. Mientras Dios sea el ente regulador de la vida de los seres humanos habrá esperanza de un mundo tranquilo y mejor.

 

 

¿Qué nación queremos ser?

Más que nada, necesitamos definir lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince o cincuenta años. Tal esfuerzo no corresponde a una administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista. Si las diferencias prosiguen obstaculizando la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas.

En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional. La imperiosa necesidad de encontrar vías de consenso para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado el juego político en el país. Leer más de esta entrada