El viejo Yankee Stadium

Después de tantos años por fin lo conocí. Talvez demasiado tarde, ya moribundo y en su lecho de muerte. Ocupó siempre un lugar en mis fantasías infantiles y de muchacho, en aquellos lejanos tiempos en que el horizonte de la vida barrial se detenía al doblar de cualquier esquina y no existía detrás, para muchos de nosotros, más que la posibilidad de un sueño irrealizable.

De todas formas, pude verlo. Pensar en él en esos días lo llenaba todo. No era totalmente como lo imaginaba, pero en su esbelta vejez, abandonado a su suerte, a punto de dejar atrás tantos años de gloria, pude recorrer sus espacios, como se acaricia un cuerpo amado. Y en esos breves momentos me pareció que era otra vez un niño. Creía que abandonarlo, como se había decidido por un vecino nuevo, era un crimen. Me resultaba difícil entenderlo. Leer más de esta entrada

Variaciones sobre un tema

Lo peor que pudiera estar pasando en la radio nacional, lo mismo que en la televisión, no es que personas de experiencia y conocida competencia profesional corrompan las formas, recurriendo sin necesidad a frases y expresiones descompuestas en medio de discusiones que parecen peleas callejeras. Lo triste del caso es que esa práctica se esté convirtiendo en un modelo, en el paradigma de la comunicación electrónica, y que profesionales de otras áreas que enriquecen con sus conocimientos el tratamiento de temas relacionados con sus especialidades transiten por el mismo sendero.

Recientemente escuché en un programa muy bien posicionado, dirigido por especialistas, expresiones fuera de tono que jamás sospeché que podían darse en un espacio de tanta calidad y altura como ese. Leer más de esta entrada

Glaciares de la Guerra Fría

La vieja izquierda dominicana suele movilizarse con cada oportunidad que se presenta para protestar contra el capitalismo y los Estados Unidos y el rol que ese país se asigna en la comunidad internacional. Las inversiones extranjeras, especialmente en el área de la minería, ocupan un lugar preferente en sus objetivos, como lo vimos en el caso de Loma Miranda, con un gran despliegue en los medios. Sabemos por resultados electorales y encuestas recientes, que la población dominicana es esencialmente conservadora. Los partidos y coaliciones de izquierda jamás han sido opciones. Sin embargo, Fidel Castro, un viejo y enfermo tirano, visitó el país en varias ocasiones y ninguna organización organizó protestas o piquetes para repudiarlo. A pesar de su insignificante papel en la vida nacional, esos grupos minoritarios logran con sus actividades una acogida en los medios que muchos partidos grandes no han podido alcanzar. Leer más de esta entrada

Herencia de una era funesta (3 de 3)

La herencia de autoritarismo que la tiranía de Trujillo fortaleció en la conciencia de este país, se resiste a dar paso a nuevas formas de conducción política.

Aprovechando el fracaso del liderazgo nacional para mejorar las expectativas de la población, hay gente entre nosotros que se desvive por retrotraernos a las peores y más crueles formas del pasado.

Hay incluso quienes se atreven a sostener la tesis de que muchos de los más atroces crímenes de esa era fueron el fruto de los excesos de sus colaboradores y no de las directrices del tirano.

Tan peregrina afirmación constituye una ofensa adicional a los deudos de esos desmanes, muchos de los cuales, como el asesinato de las hermanas Mirabal, aún sacuden la conciencia de la sociedad dominicana. Leer más de esta entrada

Herencia de una era funesta (2 de 3)

Los trujillistas citan los afectos del tirano hacia familiares, amigos y animales, como evidencia de un sentimiento de humanidad que nunca tuvo. Otros monstruos como él guardaron capacidad para este tipo de expresión. Trujillo no sólo amaba a sus hijos y a su madre, sino también a sus caballos, sus vacas y sus perros. Hitler también amaba a su perro y le acariciaba tiernamente la cabeza mientras condenaba a seis millones y medio de judíos a morir en los hornos crematorios de sus campos de concentración. Stalin, quien amaba también a su perro con el que jugaba en su dacha de Peredelkino, no vaciló en ordenar la muerte de su joven esposa Sveztlana y a muchos compañeros de luchas revolucionarias. Mientras le hablaba a su cachorro con admirable muestra de amor casi infantil, su mano implacable sellaba la suerte de más de veinte millones de seres humanos en toda la Unión Soviética. Leer más de esta entrada

Herencia de una era funesta (1 de 3)

A pesar de los años transcurridos, y probablemente a causa de ciertos males de la política nacional, hay gente todavía en este país empeñada en presentarnos el terrible período conocido con el sobrenombre de la Era de Trujillo como un modelo ejemplar, digno de emulación. En el fondo lo que tratan los osados panegiristas de esa funesta época es justificar sus propios papeles y actuaciones y la de muchos de sus parientes o allegados. Lo del sentimiento nacionalista del tirano no es más que una burda falsedad con la que se pretende enaltecer su régimen. Con frecuencia se cita la llamada “redención de la deuda pública externa”, como una manifestación de su amor por la patria y su profunda convicción nacionalista. La independencia financiera le era vital a sus propósitos de controlar todo el aparato económico de la nación. De manera que al redimir la deuda, saldando las cuentas del país, Trujillo pasó a tener un control total y absoluto de cuando se hacía y movía en la esfera de la actividad económica y financiera dominicana. Leer más de esta entrada

Tan distintos y parecidos

En infinidad de ocasiones me han preguntado si noto alguna diferencia entre el expresidente Leonel Fernández y su antecesor, Hipólito Mejía, y mi respuesta ha sido negativa. Me ha costado, en efecto, encontrarlas. Las que pudieran existir están relacionadas más con rasgos de la personalidad que con sus actitudes y el tratamiento de los problemas nacionales.

Fernández suele ser un hombre mucho más calmado, pero Mejía luce más sincero. Fernández tiende un muro impenetrable a su alrededor lo que dificulta llegar a él. Mejía deja ver todo lo que hay dentro de sí. El primero prefiere el silencio. El segundo no puede dominarlo. Fernández tiene un sentido de racionalidad que pauta su accionar público. Mejía es esclavo de sus emociones. Fernández por lo general, no siempre (recuerdan su “Trujillo del siglo XX”), tiene control sobre lo que dice. Leer más de esta entrada

Una noche en la ópera de Roma

El 28 de marzo de 2011, mientras en Italia se luchaba por erradicar el cáncer de la corrupción que desgarraba al gobierno, encabezado por Sergio Berlusconi, en el Teatro de la Ópera de Roma se presentó un concierto bajo la dirección del maestro Riccardo Muti.

El programa incluyó “Va pensiero”, el conmovedor coro del tercer acto de la ópera Nabucco, de Verdi, también conocido como el “lamento de los esclavos hebreos”, y que desde su estreno en La Scala en marzo de 1842 se le ha considerado como una especie de segundo himno italiano. Tras el prolongado aplauso que siguió a la composición, el director se volvió al público, hizo un breve discurso de la situación por la que atravesaba el país y repitió la composición pidiéndole al público que acompañara al coro, lo cual este hizo, convirtiendo aquella velada en uno de los momentos más conmovedores de la historia moderna de la ópera. Leer más de esta entrada