La competencia de la CIHD y la RD

La sentencia del Tribunal Constitucional que desconoce el instrumento de aceptación de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se basa en que se obvió el requisito constitucional de enviarlo al Congreso. La omisión correspondió al entonces presidente Leonel Fernández, quien en una conferencia en la sede de la OEA en noviembre del 2014, de hecho desconoció la competencia que él había aceptado como jefe del Estado. ¿Cómo describir esa ambigüedad sobre un tema de tanta trascendencia?

Aceptando la línea de razonamiento de quienes rechazan esa competencia, cabría preguntarse entonces si el señor Fernández no se excedió en sus atribuciones, incurriendo así en un abuso de poder, que las leyes y la propia Constitución, la actual y la anterior, vigente al momento de producirse, sancionaban. Y vale insistir si lo dicho por el exmandatario en Washington constituye un acto de patriotismo, como se pretendió, o una acción de descarada irresponsabilidad, ante el hecho de que los efectos de su omisión le han trajeron al país un problema enorme, colocando a su sucesor, el presidente Medina, en una encrucijada que trató de salvar con la diplomacia y el buen sentido que a su antecesor faltaron.

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Los “loggione”de la Scala

¿Qué tienen o han tenido en común, además de sus esplendorosas voces, María Callas, Monserrat Caballé, Cecilia Bartoli, Katia Ricciarelli, Piotr Beczala, Roberto Alagna y Luciano Pavarotti, así como muchos otros grandes divos de la ópera anteriores a esa generación? En algún momento de sus brillantes y excepcionales carreras fueron o han sido víctimas de los crueles silbidos y abucheos de los implacables parroquianos de un área de la Scala de Milán, mundialmente conocida y temida por la élite de la lírica como el Loggione.

El gran Pavarotti pasó en 1992 las de Caín con estos fanáticos durante una representación de “Don Carlo”, de Verdi; y a la Caballé la llamaron “bruja” y estuvo a punto de una crisis de pánico, según se reseñó en la prensa europea, cuando tuvo un fallo en un Do sobreagudo, diez años antes, interpretando “Anna Bolena”, de Donizetti. Otra celebridad, la mezzo Cecilia Bartoli fue víctima de grandes abucheos y otras grandes, como Zinka Milanov , Teresa Stratas, Anna Moffo y Victoria de los Ángeles, solían, se dice, evadir a esos furiosos y crueles asiduos de ese gran templo del mundo lírico, espaciando sus actuaciones en la Scala.

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Lectura para un ardiente verano

El Concierto No. 3, para piano y orquesta en re menor, opus 30, de Serguei Rachmaninov, el célebre compositor y pianista ruso fallecido en 1943 en California, a la edad de 70 años, es considerado en los ambientes clásicos como una de las piezas del legado romántico europeo más difícil de interpretar.

Esta soberbia composición fue completada en 1909 y estrenada ese mismo año en la ciudad de Nueva York, con notable éxito. Consta de tres movimientos, un primer allegro en re menor, un intermezzo- adagio en fa menor-re menor y un final “alla breve”, rápido y vigoroso, en re-menor re mayor, al que se entra sin pausa desde el segundo movimiento y en los que se vuelve a los temas de los dos primeros imprimiéndole al concierto una unidad temática impresionante. A pesar de su belleza este concierto no figura en los repertorios de los grandes pianistas debido a sus grandes exigencias técnicas. Los biógrafos de Rachmaninov, dicen incluso que el famoso pianista, Józef Hofmann, a quien el compositor le dedicó el concierto, nunca lo interpretó en público.

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Girando vanamente alrededor

Los problemas políticos se resuelven cuando el liderazgo, en el gobierno como en la oposición, asume la responsabilidad de encararlos cara a cara echando a un lado las diferencias. Y nada parece confirmarlo tanto como la interminable e infructuosa discusión alrededor del proyecto del Código Penal y las tres causales en la interrupción del embarazo.

Es imposible pretender salvar situaciones complejas con tácticas elusivas o valiéndose de intermediarios, para encontrar salidas satisfactorias a leyes que contribuyan a fortalecer las instituciones o despejar de obstáculos la búsqueda de salidas a temas fundamentales.

Tampoco conduce a nada amarrarse a la idea de ganar tiempo retirándose de pláticas negociadoras, porque esa táctica no deja frutos ni da margen de justificación si a la postre los esfuerzos no comportan avance alguno. Abandonar la mesa de negociación con comunicados llenos de lugares comunes cada vez que surge un inconveniente ganan todavía titulares en los medios, pero congela el crecimiento de quienes apelan a ese recurso estéril. La responsabilidad del liderazgo, es asumir el diálogo directo, sin mediadores que perdieron la utilidad que una vez tuvieron, porque los temas bajo discusión son muy delicados como para enfrentarlos mediante mandados a terceros, como aún suele suceder.

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El Código y las tres causales

El atascamiento del proyecto que crearía un nuevo Código Penal es muestra fehaciente de la incapacidad negociadora que nos impide avanzar con la rapidez necesaria para alcanzar objetivos en los que la mayoría parecemos o pretendemos estar de acuerdo. En muchas ocasiones en nuestro pasado reciente, se postergaron la aprobación de asuntos vitales por diferencias irreconciliables y de esa manera dejamos pasar oportunidades, hoy perdidas, o que nos costará recuperar, con un negativo balance en la lucha contra el atraso y el subdesarrollo.

El Código sobre el que el país ha cifrado grandes expectativas para mejorar la lucha contra el crimen organizado, la corrupción y las deficiencias en la administración de una justicia sana conforme al Derecho y la Constitución, es una víctima de esa indolencia nacional. Lo que estanca su aprobación es el tema de las tres causales, que un importante sector entiende que es una vía segura a la legalización del aborto.

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La tradición política dominicana

En la tradición política dominicana, nada que haga el gobierno encuentra apoyo en la oposición y todo lo que sugiera la oposición es rechazado por el gobierno. Esa característica peculiar de nuestro accionar político se da incluso en los temas en que teóricamente hay coincidencia de pareceres, impidiéndonos avanzar en la búsqueda de solución a los problemas que arrastramos desde el nacimiento mismo de la República.

Se ha escuchado decir a todo aquél que hace vida política partidaria que la educación es la clave del futuro, la magia liberadora de la esclavitud proveniente de la ignorancia y el analfabetismo. Lo mismo ha ocurrido con la salud pública, el medio ambiente, el transporte, los servicios públicos y cuantas cosas influyen en la vida diaria de la gente que habita este país. Bastaría una simple revisión de las propuestas electorales, las actuales y las del pasado, para comprobar cuán similares son y han sido las de unos y las de los otros, sin que en la práctica se haya dado un concierto de voluntades para hacerlas realidad y sentar así las bases del bienestar real al que todos tenemos derecho sin importar afiliaciones y creencias.

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En el reino de las loterías

La lotería podría tener entre nosotros un fin social, como en otros países. Por ejemplo, la Lotería de la Florida entregó al sistema de educación pública de ese estado la suma de 31,000 millones de dólares entre el 2009 y el 2015. Y en los últimos años los aportes al sistema alcanzaron alrededor de 1,069 millones anuales. Convertidos a pesos dominicanos hablamos de una cantidad imposible de obtener en una calculadora corriente. Para simplificarlo, por encima de mil millones al año, más de 70 mil millones de pesos, suma superior a la mitad del 4% del PIB que la Ley General de Educación le asignó al sistema educativo dominicano.

Con una economía mucho más pequeña, aquí funcionan cuatro loterías, una del Estado y tres privadas. Los aportes al fisco de esos negocios no se conocen con exactitud a pesar de la tendencia casi enfermiza del dominicano al juego de azar. Adicionalmente operan decenas de miles de agencias de apuestas, la mayoría sin control regulatorio, sin que se sepa a ciencia cierta cuál es su utilidad pública, es decir, si iglesias, escuelas y hospitales se benefician de sus operaciones. Tampoco es conocido si los gastos de las familias de clase media y bajos ingresos en apuestas, generan fondos especiales que le sirvan al Estado para llenar las necesidades de esa misma gente, lo cual sería interesante saber dado el enorme pasivo social existente.

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Una visión de futuro

Si hay algo respecto a lo cual no han existido diferencias entre el gobierno, la oposición, el empresariado y la sociedad civil es la necesidad urgente de encarar el déficit en las finanzas públicas, no importa de cuanto se trate. Tampoco parecen haberlas sobre una reforma o ajuste fiscal, sugerida varias veces por el Fondo Monetario Internacional, que ve con optimismo la marcha de la economía, y que el actual gobierno llegó a considerar una necesidad “inminente”.

El problema consiste en el camino a seguir para llegar a esa meta. Y aunque existe una coincidencia razonable de pareceres en cuanto a que la fórmula deseada debe contener una mezcla de ajuste tributario y reducción de gasto público, no se ha llegado todavía a un consenso que facilite la tarea. El nudo que la detiene parece estar en los montos. Un ajuste fiscal implicaría recorte en el gasto y un aumento de tributos y nadie ha propuesto otra fórmula para lograrlo. Ahora bien, ¿cuánto del uno y cuánto del otro?

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