Las figuras públicas

Las figuras públicas, sean hombres o mujeres, no tienen vida privada. Todas sus actuaciones son del mayor interés para la población y eso justifica la atención que los medios suelen dedicarle a los políticos, empresarios o celebridades del mundo del espectáculo, en aquellos países donde existe plena libertad de prensa y el poder no se utiliza para reprimir a los ciudadanos.

Mucha de esa gente exige respeto a su conducta privada, creyéndose en derecho de privar al público del conocimiento de sus ambigüedades y de sus falsas composturas. A lo que sí todo ciudadano tiene derecho es a la intimidad, cosa muy distinta.

Una muestra de la importancia de aceptar como una regla esa diferencia, se dio hace cinco años en el estado norteamericano de la Florida donde un influyente congresista del Partido Republicano, en el gobierno, fue arrestado bajo el cargo de proponer un acto indecoroso a un agente policial encubierto, al ofrecerle veinte dólares para practicarle sexo oral. El hombre, entonces de 48 años, era casado con hijo y el conocimiento de este hecho podía costarle su carrera política y afectarle su vida personal. Leer más de esta entrada

Cesar Cabrera

Por Nélsido Herasme

A pesar de que su partido (el PRD) carga con un árgana de problemas, aun así nos da gusto ver a Cesar Cabrera, un funcionario municipal que no toma tregua en su labor de servir a quienes les rodean.

Ser regidor y ahora concejal, debe seguir siendo el puesto de un servidor de su comunidad, un vocero de las calamidades de su sector y un fiel vigilante para que el hospital, la escuela, los espacios deportivos y los lugares públicos sirvan a sus vecindades.

Cesar Cabrera es la expresión del legislador municipal electo por sus habitantes a partir de los méritos acumulados de ciudadano honrado, solidario y avalado por su espíritu altruista. Leer más de esta entrada

La ruta más corta hacia el futuro

Necesitamos definir lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince o cincuenta años. Tal esfuerzo no corresponde a una administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista. Si las diferencias prosiguen obstaculizando la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

La imperiosa necesidad de encontrar vías de consenso para enfrentar los desafíos del porvenir de manera alguna significa una renuncia a esas diferencias. Una cosa es la diversidad de opinión, que es la esencia misma de una sana práctica democrática, a la rencilla que ha caracterizado el juego político en el país. El país ha encontrado siempre, aún en los momentos más trágicos de su historia, fuerza suficiente para salir airoso de las situaciones más difíciles. En los últimos años, se han cifrado grandes expectativas en la reforma judicial. Leer más de esta entrada

El peligro de jugar con fuego

Las denuncias sobre violaciones a la Constitución que se escuchan y leen a diario tienen mucho de hipocresía, lo que no es más, como todos sabemos, que la inconsistencia entre lo que se defiende y se hace o lo que se siente y se dice. La defensa de la Carta que los partidos y buena parte de la dirigencia nacional a diario desconocen o violentan, se basa no en los principios que la sustentan, sino en los intereses que la mayoría de ellos persigue.

Si existiera alguna suerte de tradición de respeto a la Constitución de la República y se aplicaran sanciones a aquellos que la violan, dudo que existieran muchos de esos partidos y líderes que nos hablan a diario de sus valores.

Caminamos hacia un proceso electoral muy complejo, caracterizado por plazos fatales de obligado cumplimiento que requiere de mucha autoridad por parte de los órganos electorales, no solo del responsable de velar por una sana y transparente administración de las elecciones, sino del tribunal a cargo de dirimir los conflictos que de ellas resulten. Leer más de esta entrada

De judíos y palestinos (2 de 2)

Como decíamos en la entrega anterior, las grandes compañías petroleras del Reino Unido, Estados Unidos, Holanda y otras naciones industrializadas, no respaldaron la creación del Estado judío. Por el contrario, se le opusieron fervientemente. Los gigantes consorcios petroleros, bien asentados en Arabia Saudita, Libia y los Emiratos Arabes, abrigaban temores de que la materialización del sueño sionista promoviera sentimientos nacionalistas en el vasto mundo islámico que a la postre afectaran sus intereses y fabulosas ganancias.

Con la complacencia de ambiciosos y corruptos jequezuelos, las compañías petroleras habían logrado excelentes condiciones en contratos de explotación de crudo en casi todas las naciones árabes y la terquedad de los judíos de convertirse en una nación soberana amenazaba entonces su posición en el Medio Oriente.

Existen infinidad de documentos, libros, memorandos y otros testimonios que prueban la conspiración de los grandes consorcios y compañías petroleras para frustrar la partición de Palestina y la creación allí de dos estados independientes, el que se ha convertido en el moderno Israel y el que hubiera podido ser un estado árabe palestino, tal y como establecía la resolución de Naciones Unidas. Leer más de esta entrada

De judíos y palestinos (1 de 2)

Israel, contrario a lo que se vende, no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente. Más bien nació y creció contra la voluntad de los grandes intereses petroleros de Estados Unidos y otras potencias coloniales. Inglaterra era entonces el gran poder colonial en el Levante. La Unión Soviética defendió el derecho de los judíos de formar una nación y vivir en paz dentro de fronteras seguras, porque entendía que la creación de un Estado sionista constituiría un factor de deterioro de la influencia británica en la región, pues ya los judíos habían combatido el poder colonial de Londres. Estaba además la desconfianza que los señores feudales y jeques petroleros árabes infundían en el mundo comunista.

Las naciones árabes, especialmente Egipto y Siria, habían colaborado estrechamente con la Alemania nazi. Stalin y otros líderes de la Europa oriental, que apenas comenzaba emerger de las ruinas de la guerra, tenían fresca en su memoria el hecho de que comandos musulmanes habían luchado dentro del ejército alemán en el Este de Europa. Los largos meses del juicio de Nuremberg habían sacado a relucir las atrocidades que muchos de esos comandos habían cometido en los campos de exterminio de la locura hitleriana. Leer más de esta entrada

El humor comunista

Ni el comunismo ha podido con el sentido del humor cubano, ni siquiera en el ámbito oficial. Tal vez por eso, en junio del 2008, después de medio siglo, el régimen admitió que estuvo equivocado. La dinastía Castro le dijo al pueblo que “igualitarismo” y “paternalismo”, conceptos sobre los cuales se cimentó la revolución, son inconvenientes al comunismo y que a partir de esa admisión se les pagaría a los trabajadores por lo que producen.

En el más fiel estilo del capitalismo de los terribles años veinte, que la iglesia y el mismo régimen han calificado de “salvaje”, el ministerio del Trabajo de Cuba, le hizo saber a los trabajadores que “si es dañino darle menos de lo que les toca, es dañino también darle lo que no les toca”. Una sentencia irrefutable en el más elemental razonamiento económico, que tardaron cincuenta años en reconocer. El anuncio fue recibido como una señal de cambio de rumbo, señal inequívoca de la tragedia que ha vivido ese país. Cambio que apenas sesenta años después les ha concedido a los cubanos el derecho a un celular y a poseer una computadora, con la salvedad de que el gobierno se reserva la potestad de conceder el acceso a la Internet. Leer más de esta entrada

Por una campaña moderada

Si la rivalidad entre los principales partidos del país crece y endurece y no se modera el tono de los discursos, debemos prepararnos para una campaña ácida con fuertes enfrentamientos verbales. De ahí a la confrontación física podría quedar apenas un pequeño trecho muy fácil de alcanzar. En ese escenario vendrían inevitables impugnaciones al final del proceso, lo cual le restaría legitimidad al gobierno nacido de largas y extenuantes jornadas caracterizadas por pugnas y acusaciones personales y una pobre exposición de ideas y propuestas creativas. Esa ha sido, penosamente, nuestra experiencia electoral.

La campaña ideal sería aquella que estuviera impregnada de compromisos con la estabilidad de la nación. Y no me refiero a los pactos entre dirigentes de partidos que siempre se desconocían antes incluso de que la tinta con la que estampaban sus firmas se secara, sino al no escrito sostenido en una firme voluntad de velar por la estabilidad social, política y económica del país, lo cual no es fácil cuando las ansias de poder dominan el discurso político. Leer más de esta entrada