Dos pactos inaplazables

La puesta en vigencia de la ley que consigna al sector preuniversitario el 4% del PIB ha sido, sin duda alguna, la victoria de opinión pública más importante de las últimas décadas y fue resultado de un gran pacto nacional, que involucró a partidos políticos, organizaciones empresariales, gremios profesionales, federaciones sindicales, las iglesias y el resto de la sociedad civil.

Nadie puede negar que el resultado de esa extraordinaria conjunción de voluntades ha sido de enorme beneficio para el país y que como resultado de ello en el corto o mediano plazo comenzaremos a ver los extraordinarios avances en materia educativa que tanto hemos anhelado, para el crecimiento de la productividad y el mejoramiento de la calidad de vida de la población, especialmente los de más bajos niveles de ingreso.

La nación tiene ante sí muchos otros desafíos inaplazables. Dos de ellos, los más apremiantes, se refieren al negocio eléctrico y al sistema impositivo. Sin una estructura energética fiable, moderna, de calidad mundial y de precios competitivos, nuestras posibilidades de acceso a los mercados más exigentes y prometedores se irán reduciendo en la medida en que quedemos rezagados del resto de nuestros pares en el resto del mundo. Leer más de esta entrada

Ajuste fiscal: cuestión de tiempo

Si hay algo respecto a lo cual no existen diferencias entre el gobierno, la oposición, el empresariado y la sociedad civil es la necesidad urgente de encarar el déficit en las finanzas públicas, no importa de cuanto se trate. Tampoco parecen haberlas sobre una reforma o ajuste fiscal, sugerida periódicamente por el Fondo Monetario Internacional, que ve con optimismo la marcha de la economía, y que muchos entienden una necesidad “inminente”.
El problema consiste en el camino a seguir para llegar a esa meta. Y aunque existe una coincidencia razonable de pareceres en cuanto a que la fórmula deseada debe contener una mezcla de ajuste tributario y reducción de gasto público, no se ha llegado todavía a un consenso que facilite la tarea. El nudo que la detiene parece estar en los montos. Un ajuste fiscal implicaría recorte en el gasto y un aumento de tributos y nadie ha propuesto otra fórmula para lograrlo. Ahora bien, ¿cuánto del uno y cuánto del otro?

Para evitar nuevas cargas que graviten sobre las clases medias, y promuevan descontento social, se ha recomendado un reajuste de exenciones, cuyo monto es similar o superior, según economistas, al déficit mismo. Leer más de esta entrada

¡Ponme un merengue urbano!

Un lector se molestó por mi respuesta a una pregunta sobre quien ha sido el mejor compositor clásico de la historia y el más grande beisbolista dominicano. Acerca de lo primero le dije que ni Daniel Barenboim se aventuraría a responderle y como neófito en la materia yo apenas podía mencionar mis favoritos. “Beethoven, por supuesto”, respondió por mí. Exacto, pero déjeme con Tchaikowsky , Mozart y Puccini, según como me sienta ese día, le acoté. “No querrá usted decir que son mejores. Le hablé de mis preferencias, me defendí. ¿Y dónde deja usted la Novena”. ¿Qué tiene que ver la Novena? ¡La de Beethoven!, me cortó con un grito de desesperación.

Bueno, amigo, no entremos en esa discusión. Le hablé de mis favoritas, le respondí un poco a la defensiva. ¿Cuáles, por ejemplo?, parecía un interrogatorio. Si le interesa tanto me quedo con La Patética, la sexta sinfonía de Tchaiskovsky, no la sonata no. 8 de Beethoven. Su reacción parecía indicar que me creía medio loco. Usted es aficionado a la ópera, según tengo entendido ¿qué me dice? Ya le dije que Puccini, pero para cerrar esto mi favorita no son ningunas de las suyas, sino Cavallería Rusticana y Elixir de Amor, a lo que agregué el cuarteto final de Rigoletto, de Verdi. Leer más de esta entrada

Cuando el liderazgo enmohece

Como todo en la vida, la calidad de un liderazgo que envejece se mide no por quienes lo critican sino por quienes lo defienden de manera irracional. Y son estos últimos lo que definen y resaltan, no otros, la ruta de la bancarrota moral. Ha sido esta una constante, que se acentúa en la medida en que el deterioro hace mella en el sentido del equilibrio, a partir de lo cual se pierde contacto con la realidad y se muestran incapaces de diferenciar entre lo claro y lo oscuro y el paso del tiempo, creyéndose por encima de todo interés público.
Cuando esta situación se da en aquellos casos en que hubo alguna vez expectativas en la población, el sentimiento popular alcanza una confusa mezcla de compasión y desconcierto. Esto hace que la adhesión se exprese en gritos; ruidos que lastiman los oídos y llenan de estupor los ambientes mediáticos, porque es a partir de ese momento en que emigran los espacios para la moderación y el buen sentido. Es la fase en la que ya no se puede volver atrás ni recuperar tiempos perdidos y el aprecio público se esfuma para siempre.

Son incontables las veces que hemos padecido como nación este fenómeno que nos muestra, despojada de disfraz, la faz real de quienes echan a un lado el debate respetuoso de las ideas por la diatriba, convencidos de que el elogio desmesurado, casi siempre burlón, y no la crítica independiente, es el camino que los lleva a la inmortalidad, como si ese camino existiera en el ámbito en que los defensores se desenvuelven. Es entonces cuando se olvida que la crítica constructiva es el más eficaz antídoto contra la ambición desenfrenada y la caída moral. La buena defensa de un liderazgo obsesionado por un regreso requiere no sólo de pulcro manejo de argumentos, sino de respeto a quienes no comparten sus ideas. Un sentimiento muy escaso en esos litorales que nada constructivo aportan al debate nacional.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

El peor de los caminos

Hace un tiempo asistí a una reunión en la que otro invitado, quejándose de la mala reputación de la justicia, indicó que un cambio de administración nos daría oportunidad de superar esa “terrible deficiencia”, enviando a la cárcel a quienes el ojo escrutador de la opinión pública señale como autores de actos indecoros contra el patrimonio nacional. Por lo general esas reuniones son aburridas y sacan de concentración. Pero viniendo de un abogado, la observación me sacudió.

Me asusta que alcancemos un nivel de desconfianza tal en la independencia de los poderes, cuya única posibilidad de ganarle terreno a la corrupción consista en vulnerar el principio de independencia de los poderes. Sea el actual o el que le reemplace, en las elecciones de mayo, la responsabilidad del Gobierno es cuidar que los bienes públicos sean religiosamente guardados y de reunir las pruebas necesarias para llevar a la justicia a los responsables de violar las normas de un pulcro ejercicio de las funciones públicas. Determinar la culpabilidad final es una tarea de los tribunales. Son estos los que deben dictar las sentencias, sean de culpabilidad o de absolución. Leer más de esta entrada

Los lisiados mentales de las redes

Muchos periodistas, y también políticos, por qué no decirlo, han vivido con la angustia resultante del intento de degradación moral puesto a cargo de un ejército de lisiados mentales, cuya única misión en las redes es denigrar a todo aquél con entereza moral suficiente para exponer sus ideas y defenderlas aún a costa de marchar en la dirección contraria a la corriente. Y como entregarse a la manada y a quienes las arrean, les permite a muchos dormir tranquilo y hacerse el simpático, esta gente se sale muchas veces, aunque no siempre, con la suya.

Los epítetos que me han lanzado por mis posiciones sobre los temas objeto de discusión, trátese de la política, la economía, el medio ambiente, el deporte y la cultura, llenarían una enciclopedia, pero el impermeable que calzo sobre mi cabeza me protege de esas aguas sucias. Muchos dominicanos temen decir lo que piensan, no tanto por temor al gobierno, sino para no hacerse el blanco de una crítica o una burla en las redes por gente que apenas sabe escribir y con escaso sentido, si lo tiene, de urbanidad. Por esa causa periodistas, políticos y ciudadanos temen endosar posiciones buenas de un gobierno o las de un adversario político. En mi caso apoyo lo que entiendo correcto venga del gobierno o de la oposición, porque no todo lo que hace el primero es malo y bueno cuanto dice el segundo. Leer más de esta entrada

Los sembradores de intolerancia

En su autobiografía, el expresidente de Francia, Valéry Giscard d´Estaing, reveló el asombro que le ocasionó ver a todos los representantes del espectro político español durante su visita oficial a Madrid con motivo de la juramentación de su amigo Juan Carlos como rey de España. En la recepción en el Palacio de la Zarzuela, compartían amigablemente líderes con las posiciones políticas más distantes. Estaban allí, entre muchos otros, los jerarcas del Partido Comunista, Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri (La Pasionaria), sobrevivientes de la guerra civil que siguió en 1939 al derrocamiento de la Segunda República; el derechista Manuel Fraga, exministro de Franco, y Felipe González, el nuevo líder del Partido Socialista Obrero Español.

El asombro del presidente francés se debía al hecho de que la escena que vivió en el palacio real español, le parecía inconcebible en Francia. La tolerancia que le sorprendía de la España post franquista, no era dable en su país, cuna de los derechos humanos, dos siglos después de la toma de La Bastilla y el grito redentor de “libertad, igualdad y fraternidad” que inspirara el derrocamiento de la monarquía.

Y cuenta que, a su regreso a París, intentó un gesto de eso que llamó “actuación sin crispación”, saludando a un preso preventivo en una cárcel de Lyon por una simple y leve infracción. La foto en la prensa le generó una de las peores crisis en sus siete años de gobierno. Leer más de esta entrada

El progreso y el respeto a las leyes

El éxito de las políticas gubernamentales no depende sólo de quien las pone en práctica, sino de quienes están obligados a cumplirlas. Nuestra tradición indica la resistencia de los ciudadanos a valorar las acciones y programas que muchas veces se conciben para mejorar su calidad de vida estableciendo niveles de organización indispensables al buen funcionamiento de una ciudad o del país.

Pongamos, por ejemplo, el tránsito. Todos sabemos que se trata de uno de los más serios problemas que hoy, y desde hace décadas enfrentamos y no precisamente por falta de voluntad de las autoridades. Los dominicanos dejamos ver el primitivismo que todo ser humano lleva dentro cuando estamos al frente de un volante. Si se hiciera obligatorio un examen riguroso a todos aquellos que ya tenemos licencia de conducir, incluyendo el de naturaleza sicológico requerido para una licencia de arma de fuego, probablemente una buena parte la perdería. Leer más de esta entrada